«Cuando empezamos con esto, cuando le dieron el diagnóstico, lo primero que nos dijeron fue: no le den todo, no se la pongan fácil, pónganle límites, porque con una enfermedad es muy fácil tirarse y no exigirse». Esa frase o alguna variante se les ha dicho a millones de familiares de nosotros «los locos».

«No seas un enabler/habilitador de sus debilidades. No le des toda la ayuda que te pide. Espera a que te pida todo con todas las palabras que conllevan o no le des nada». No, no, no. También no. ¿Sabes qué más? NO. ¿Y qué carajos sí? ¿Qué se puede hacer por alguien que está «loco»?

 

Me tomó AÑOS encontrar una manera sencilla de responder esto. Mi manera más simple tiene que ver con lo aprendido rescatando animales. Un perro o gato de la calle si se deja ver, es porque o está francamente mal, o francamente bien. Vaya, los ves o muy contentos como si nada, paseándose como si la ciudad fuera su casa o los ves dejándose morir. Díganme si no. Cuando un perro o un gato está sano, fregado y desnutrido, pero todavía está fuerte, cuesta un mundo rescatarlo. Los animales se saben solos, por eso son mentalmente más sanos que nosotros. Aunque crecieron en manada, no se acostumbran a depender de ella para sobrevivir; pero si viven en una, se acostumbran a defenderla. Aportan, pero no esperan. No sienten autocompasión, así que no andan dándole lata a la manada cuando saben que morirán: se echan en un rincón oscuro y esperan la muerte con paciencia.

Si el animal está fregado porque un humano intervino entonces sí pide ayuda, porque todas sus normas de conducta social se rompieron. Es decir: si el animal viviera en un grupo de animales, éstos no lo hubieran amarrado a una cadena en la azotea, no lo echarían agua caliente para que se callara, no lo mantendrían encerrado en una jaula para que se reprodujera y después vender a sus crías, no lo tratarían como otra especie y lo vestirían como otra especie. Vaya, entre animales no se maltratan, se defienden si se atacan, pero no se maltratan.

En cambio los humanos… vaya que se nos da eso de amarrarnos con cadenas, encerrarnos en sótanos, golpearnos, violentarnos. Hemos sido tan prolíficos con la capacidad de violencia que podemos ejercer entre nosotros que hasta inventamos leyes para nombrar estos maltratos. Y que no se nos olvide, a diferencia de los otros animales, nosotros tenemos una herramienta más para herirnos: las palabras.

Por eso cuando los animales humanos rescatamos a los animales gatos o perros es fácil que se recuperen: sólo tenemos que darles lo básico: restablecer su salud física, alimentarlos, albergarlos en un techo seguro. Lo demás, ellos solitos lo componen, su mente, sus ideas, su seguridad. Si nosotros los dejamos que corran su cauce mientras mantenemos sus necesidades básicas, ellos se componen.

 

¿Pero qué pasa con un humano si tiene cubiertas todas sus necesidades básicas y «no se compone»? Bueno, antes de llegar a la pregunta que llevan tratando de contestar millones de profesionales de la salud y la misma cantidad de filósofos, analicemos qué carajos significan «necesidades básicas» para un humano.

Miren, no me hagan caso a mí, porque van a decir que si me la paso rescatando animales y que si no les pongo límites a ellos, menos a los humanos, que seguro a todo mundo se la pongo super fácil y blablabla… Vamos a lo que dicen las instituciones como la ONU, en la que el Consejo Nacional  de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, basa su definición del Índice de Rezago Social, es decir: cómo definimos en México si tienes o no tienes lo mínimo indispensable.

El Coneval dice del Índice de Privación Social, lo siguiente:

Índice de Privación Social: Índice construido para cada persona a partir de la suma de los seis indicadores asociados a las carencias sociales. Es decir, es el número de carencias que tiene una persona (rezago educativo, acceso a los servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, acceso a los servicios básicos de la vivienda, y acceso a la alimentación).

Si quieren averiguar exactamente qué significa cada una de esas carencias, pueden leer tooodas las definiciones en este texto.

Mientras, vamos analizando si tu «enfermo mental» sólo quiere «llamar la atención», o neta necesita ayuda (enfermo o no).

  1. Rezago educativo. En mi muy retorcido entender, esto debemos tomarlo como: no estás suficientemente preparado académicamente, culturalmente, educativamente, para enfrentar la vida. No se trata sólo de no haber terminado la secundaria, o de todos esos pueblos donde nadie tiene prepa, se trata también de todos esos privilegiados con wifi que viven estresados porque son los únicos en la oficina que no tienen un título y cada que hay cambios en la oficina, la sudan porque igual los corren por falta de papeles aunque tengan años de experiencia.
  2. Acceso a los servicios de salud. Por favor, ríamos todos al unísono. En este país si tienes suerte, estás asegurado porque el trabajo te dio una póliza de gastos mayores, que básicamente cubren que te operen de emergencia por algo. Todos los demás no sólo sufrimos de dolor si nos enfermamos, sufrimos por pensar por lo que nos costará recuperar la salud. Más estrés.
  3. Acceso a la seguridad social. No confundir el concepto «seguridad social» con la institución «seguro social». Son dos cositas diferentes: la primera se refiere a que vivas seguro, que te sientas seguro. Y pos ya sabemos que en este país no te sientes seguro… mucho menos segura. Lo otro es una institución deficiente que no consigue darnos salud.
  4. Calidad y espacios de la vivienda. Pongámoslo simple, que tengas dónde vivir. Preferentemente que no sientas que puedes perder ese techo donde vives. De ser posible, que no vivas hacinado, unos encima de otros, que tengas un espacio para ti donde puedas descansar.
  5. Acceso a los servicios básicos de la vivienda. Que tengas luz, agua. En México no aplica lo del internet, en algunos lugares de Europa, sí. Y pues obvio allá también se da por sentado que tengas piso que no sea de tierra, que tu casita tenga una cama, una estufa, un calefactor, cositas que aquí son lujos excesivos para más del 75% de la población.
  6. Acceso a la alimentación. Que tengas cómo y con qué comer.

 

Quiero creer que no todos los que leen este blog están diagnosticados. Quiero creer que también nos leen quienes nos quieren entender, quienes nos aman, quienes nos acompañan en la vida. A ustedes les pregunto: ¿tienen estas 6 necesidades básicas cubiertas? ¿Verdad que no? Eso es porque México es Máxico, somos una paradoja donde al mismo tiempo que podemos declararnos como seres felices, podemos vivir en alguno de los índices de pobreza. ¿Quieren saber cuáles son los índices de pobreza o mejor les paso un antidepresivo? Anden, vayan por un chocolate y échense este trompo a la uña.

 

Pobreza: Una persona se encuentra en situación de pobreza cuando tiene al menos una carencia social (en los seis indicadores de rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación) y su ingreso es insuficiente para adquirir los bienes y servicios que requiere para satisfacer sus necesidades alimentarias y no alimentarias.

Pobreza extrema: Una persona se encuentra en situación de pobreza extrema cuando tiene tres o más carencias, de seis posibles, dentro del Índice de Privación Social y que, además, se encuentra por debajo de la línea de bienestar mínimo. Las personas en esta situación disponen de un ingreso tan bajo que, aun si lo dedicase por completo a la adquisición de alimentos, no podría adquirir los nutrientes necesarios para tener una vida sana.

Pobreza moderada: Es aquella persona que siendo pobre, no es pobre extrema. La incidencia de pobreza moderada se obtiene al calcular la diferencia entre la incidencia de la población en pobreza menos la de la población en pobreza extrema.

Pobreza multidimensional: Es la misma definición de pobreza descrita en este mismo glosario, la cual se deriva de la medición de la pobreza en México que define la Ley General de Desarrollo Social. La palabra multidimensional se refiere a que la metodología de medición de pobreza utiliza varias dimensiones o factores económicas y sociales en su concepción y definición.

 

Les aseguro que la mayor parte de quienes leemos esto estamos en algún índice de pobreza. Ojo, no me estoy tirando al piso, no estoy escribiendo esto para llamar la atención, no estoy pidiendo que consientan a la gente que en sus vidas abusa y les pide más de lo que pueden dar. Estoy pidiendo que con toda la objetividad que puedan, traten de observarse y pensar si ustedes, que se consideran sanos, están en condiciones de estarlo porque tienen todo lo indispensable para vivir.

 

Bueno, nosotros «los locos» no sólo vivimos igual que ustedes, con algún tipo de pobreza social, además de eso, tenemos una enfermedad que seguramente no podemos atender porque no tenemos dinero para hacerlo; le pedimos ayuda a los demás a veces claramente, a veces con torpeza, y muchas veces somos señalados como envidiosos, como débiles, como manipuladores. Y entonces andamos como esos perros y gatos de la calle que no se dejan rescatar, porque todavía tienen algo de fuerza, pero también porque cada que han pedido ayuda, les han dicho que no.

 

¿Y entonces qué hago? ¿Cómo le ayudo a mi «loco» de confianza? Empieza por preguntarle cómo se siente hoy, si puedes ayudarle en algo y si no sabe qué contestar, no te vayas, sé paciente, si te quedas y le haces sentir que no volverás a dejarlo solo con carencias reales y las que genera la enfermedad emocional, te juro que eventualmente te lo dirá.

 

Fases de la luna Margarita Nava

– Pero vas a salir de esta, estoy segura. 

– Vaya, he vivido con esto toda mi vida, no es como si hubiera salida. Se acostumbra uno a vivir así.

– No, pero uno sale de la depresión, uno no se queda ahí. 

– Algunos sí, y otros no. Hay depresiones de las que se entra, se siente que no se puede vivir, y luego, con mucha ayuda, se sale. Yo he tenido tres de esas. Pero además de esas, que se llaman «depresiones clínicas»; tengo distimia, que es depresión crónica pero funcional. 

– ¿JUAT? No chingues, no sabía que había varios tipos de depresión. 

– Chuli, esto es como en la salchichonería: quieres jamón York, de pavo, de pollo, con especias, sin especias pero con nueces, sin sodio pero light pero que sepa a algo… Aquí hay de todo. Porque además, la depre como el perfume, reacciona diferente con cada persona.

 

CHA- LE

 

La verdad es que siempre asumo que quien ha padecido algún cuadro de depresión sabe estas cosas. Y pos no. Un día me voy a tatuar: ASUMIR ES ILEGAL.

 

Tengo amigos que han pasado por periodos jodidísimos de depresión clínica, los he visto romperse en pedacitos cuando salen de la cama luego de 5 o 6 días de no haberlo conseguido. Una de mis hermanas tuvo un episodio catatónico por 40 días… supongo que eso me preparó para acompañar a otras personas después.

Otra cosa que me ha enseñado vivir con enfermedades psicoemocionales y con gente que las padece o ha padecido es que es INDISPENSABLE:

 

  1. Nadie en ningún sitio de internet puede diagnosticarte. NADIE.
  2. Necesitas ayuda profesional. Alguien con cédula médica.

 

Aclarando el asunto, y recordando nomás que yo escribo desde mi experiencia de paciente diagnosticada hace más de una década…

 

La Clínica Mayo (fuente que me ha sido autorizada por médicos de mi confianza), dice de la depresión clínica:

 

La Depresión Clínica puede afectar a personas de cualquier edad, incluso a los niños. Sin embargo, los síntomas de la depresión clínica, si son graves, en general mejoran con asesoramiento psicológico, medicamentos antidepresivos o una combinación de ambas opciones.

Si una persona tiene depresión clínica, debe presentar al menos cinco de los siguientes síntomas, durante un período de dos semanas, la mayor parte del día, casi todos los días. Al menos uno de estos síntomas debe ser ya sea un estado de ánimo depresivo o pérdida del interés o el placer. Los signos y síntomas pueden incluir los siguientes:

  • Estado de ánimo deprimido, como sentirse triste, vacío o con ganas de llorar (en niños y adolescentes, el estado de ánimo deprimido puede manifestarse como irritabilidad constante)
  • Interés considerablemente reducido o imposibilidad de sentir placer por ninguna actividad o por la mayoría de ellas
  • Pérdida de peso considerable cuando no se está a dieta, aumento de peso, disminución o aumento del apetito (en los niños, lo normal es que no puedan aumentar de peso)
  • Insomnio o más deseo de dormir
  • Desasosiego o conducta lenta observados por otros
  • Cansancio o falta de energía
  • Sentimientos de desprecio por uno mismo o culpa excesiva o inadecuada
  • Dificultad para tomar decisiones, para pensar o para concentrarse
  • Pensamientos recurrentes sobre la muerte o el suicidio, o intento de suicidio

Los síntomas deben ser tan intensos que provoquen problemas notables en las relaciones con los demás o en las actividades cotidianas, como el trabajo, la escuela o las actividades sociales. Los síntomas pueden basarse en tus propios sentimientos o en las observaciones de los demás.

 

Ora, saquen una libretita para que vean la diferencia con la Distimia (que es lo yo tengo).

El Trastorno Depresivo Persistente, también llamado Distimia, una forma de depresión continua y a largo plazo (crónica). Es posible que pierdas interés en las actividades normales de la vida cotidiana, que te sientas desesperanzado, que te vuelvas improductivo y que tengas baja autoestima y una sensación general de ineptitud. Estos sentimientos duran años y pueden afectar en gran medida tus relaciones y tu desempeño en la escuela, en el trabajo y en las actividades diarias.

Si tienes trastorno depresivo persistente, es posible que te resulte difícil sentirte optimista incluso en ocasiones felices. Puede que te describan como pesimista o negativo, que crean que te quejas todo el tiempo o que eres incapaz de divertirte. Aunque el trastorno depresivo persistente no es tan grave como la depresión mayor, tu estado de ánimo deprimido actual puede ser leve, moderado o grave.

Debido a la naturaleza crónica del trastorno depresivo persistente, sobrellevar los síntomas de la depresión puede resultar difícil, pero una combinación de sesiones de terapia comunicativa (psicoterapia) y medicamentos puede ser eficaz para tratar esta afección.

 

– Lo que a ti te pasó fue un periodo super horrible donde veías todo negro, un hoyo negro profundo de donde no parabas de caerte.

– Exacto

– Bueno, yo vivo en un palco desde donde lo único que veo es ese hoyo negro.

 

Por eso es menos «peligroso» que yo hable de suicidio, porque básicamente lo he pensado siempre, como una opción práctica para dejar de vivir en gris (en mi caso es una cuestión de ruido, el ruido general de la vida me fastidia a un punto en el que…); se vuelve peligroso si tengo más de una semana pensando en cómo suicidarme. Ahí ya hay que prender los foquitos de alerta porque seguro, ando en depre mayor. Por que sí a los que tenemos Distimia, nos puede dar depre doble. Bien bonito.

 

No puedo recalcar lo importante que es que busques ayuda. Ya sea que tienes alguno de los síntomas de Depresión Clínica o de Distimia o que llevas algún tiempo no sintiéndote completamente tú.

Yo tengo la enorme fortuna de no tener vergüenza (a veces eso es culpa de ser border, a veces es culpa de mi personalidad) y gracias a eso lo hablo y he conseguido ayuda. Por favor, si vas a perder la elegancia, que sea preguntando dónde está el hospital psiquiátrico más cercano, o si tus amigos conocen a algún psiquiatra, o googleando: psicólogos y psiquiatras cerca de mí.

 

Y si no sientes nada de esto, pero te recordó a alguien, por favor, pregúntale, trata de acercarte y entenderle. Insisto (sobre todo porque todo mundo me lo recuerda): yo tengo una facilidad enorme para explicarme pero no todos son como yo y a muchos les da vergüenza hablar de esto. Tu ayuda puede ser la diferencia entre vivir pleno (y sí, con depresión y distimia o cualquier otra cosa, pero aceptándote) a vivir a medias.

Si me dieran un peso por cada vez que alguien me ha dicho cosas como:

 

¿No será que dices que estás enferma porque te compraste la idea que alguien te dijo?

¿Y si en realidad lo que pasa es que te sientes cómoda diciendo que tienes todo eso que dices para no enfrentar que eres super fuerte y que puedes con eso y más?

La neta, no sé por qué dices que estás enferma, a veces hasta me asusta que lo digas tan fácilmente… es que no se te nota. Vaya, yo conozco gente que sí está enferma y pues tú no estás así.

 

Este… miren… básicamente no necesito el permiso de nadie para decir qué soy, cómo soy, cómo me siento, qué tengo, cómo lo tengo, por qué lo sé. No tengo por qué justificarme con nadie sobre mis diagnósticos y cómo los encontré o porque me siento cómoda nombrándolos. Peeero… En vista de que ya me puse muy públicamente a escribir y hablar de esto, lo haré, porque ya entendí que no soy la única a la que ponen en duda y este espacio se trata de crear herramientas para que todos nos sintamos menos solos.

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Una de mis hermanas me dijo recientemente: «lo que más jode es que no te crean, que te digan que exageras para llamar la atención».

Nunca me voy a cansar de describirme con la misma tranquilidad y desaprensión con que diría la receta de las lentejas al Tequila: Soy María, soy mexicana, tengo 40 años. Soy morena, caderona, ojo de capulín. Soy talla 13, peso 85 kg, calzo del 6.5, no lleno un brassiere y tengo distimia, soy medio intolerante a la lactosa, ya me cae pesada la barbacoa y también soy border, me dan ataques de ansiedad y de pánico porque tengo agorafobia y ansiedad social. Ah, también tengo disritmia paroxística en el lóbulo parietal frontal izquierdo, soy Crazy Cat Lady y fan de Star Wars por culpa de Joseph Campbell. Creo que Carl Sagan decía puras cosas ciertas. Mi color favorito es el verdemoradonaranja y no me gustan las fiestas.

 

¿Saben qué son todas esas palabras? CARACTERÍSTICAS. Identificadores con los que los seres humanos hemos encontrado que nos comunicamos mejor. Si yo les digo verde, ustedes imaginan verde, pero si nos ponemos a compararlo, cada quién tiene un verde diferente en mente. Pero igual le decimos verde para no perdernos entre tantos detalles de percepción; ahora, si es necesario entrar en detalles, pos es porque te dedicas a los colores.

Cuando digo que tengo distimia, no me saqué de un diccionario de enfermedades la palabra (aunque muchos hacen eso con diccionarios de medicina alternativa y a ellos sí no les cuestionan sus enfermedades, porque son avant garde, porque están siendo holísticos…). Cuando digo que varios psiquiatras que han estudiado bastantes años para poder atenderme a mí y a otros y quien me escucha decirlo decide que son médicos pagados de sí mismos, ególatras que no tienen autoridad alguna para decirme nada, les recuerdo que están discutiendo con alguien que no tiene terminada la preparatoria, y que mi vocabulario es más extenso, mi capacidad de comprensión es mayor, y mi tolerancia, evidentemente, infinita.

 

Cuando alguien viene y me dice que prefirió no hacerle caso al psiquiatra, que las medicinas le hacían sentir peor, y que encontró en la ayahuasca y la meditación la forma de sentirse mejor, no tengo nada que decir más que: felicidades. Porque normalmente los que padecemos algo, lo que sea, compartimos lo que hemos pasado sin ánimo de estar convenciendo a nadie de que nuestro método es el bueno.

No hay método bueno. No hay receta inefable. No la hay porque cada persona es distinta, cada padecimiento tiene sus propias características y circunstancias. Y por eso cuando yo digo depre, ustedes imaginan una cosa que bien puede ser medio gris, medio triste, medio oscura, pero cada quien sabe qué tanto.

So, paren de mamar: si les digo que eso soy, es porque eso soy, porque me conozco, porque llevo años entendiéndome, haciendo la chamba, escuchando a muchos, leyendo más. Y por favor, si no tienen nada constructivo qué decir, recuerden que lo mejor que pueden hacer por un depresivo, o por cualquier persona con un dolor cualquiera, es ESCUCHAR.

No salir, no convivir. Quedarse en casa. Despertarse tarde. Pasar el día en pijama. Ver la tele. Trabajar. Tener juntas con los clientes via Skype. Hablar con mis amigos por teléfono, por FaceTime. Esa es mi vida ahora que ya no voy a la agencia. Y soy muy feliz. Estoy tranquila.
Una vez a la semana vienen mis amigas a tejer. Y aunque tejemos, la verdad nos la pasamos echando chal. Que básicamente es lo que se hace cuando la gente se reúne a tejer, y también, la razón… la costumbre que le da nombre a este blog.

También, una vez a la semana viene mi mejor amigo a comer. Vemos la tele, peleamos como si hubiéramos nacido hermanos y lleváramos toda la vida haciéndolo. Se va en la tarde y me avisa cuando llega a su casa.

Ahora los jueves doy clase de Social Media a dos músicos y un relacionista público. Eso sucede en un restaurante cercano, porque dar clase en medio de mis gatos es imposible.

Esta cantidad de interacción es la que necesito y la que puedo controlar. Más que esto… es absolutamente doloroso. Verán, esta semana tomé 3 veces paracetamol, y no conseguí levantarme de la cama a la primera. Hoy me confesé a una de mis testigos de vida (esa clase de gente que no necesita preguntarte cómo estás, porque lo sabe): «Estas son las horas en las que salí de la cama. A penas ahora pude. Me levanté antes a darle de comer a los animales pero no he querido limpiar y me siento fatal». Me recordó que me la he pasado saliendo, que los últimos días he estado en la calle, yendo a compromisos laborales y a visitar amigos, que es normal que esté agotada.

Carajo, sí. Es normal. Tengo mucho tiempo sintiéndome bien. No recayendo en depresión mayor. La última vez fue en mayo, cuando me sentí en un ambiente hostil.

A veces, pasa que quienes tenemos algún síndrome o diagnóstico anímico-psiquiátrico olvidamos que lo tenemos si conseguimos sentirnos bien durante una temporada. Por fortuna, a mí nunca me ha dado por dejar de tomar mis medicinas (hay muchos a los que les da y toda clase de demonios se desatan); a mí sólo me da por intentar ser «normal».

Se supone que a mis 38, sana físicamente, anímicamente, capaz de mantener una vida funcional y teniendo los medios para hacerlo, salga a la calle, visite restaurantes, salga con mis amigos, me intriguen los lugares de moda y vaya al cine.

Eso debe ser normal para mucha gente. Para mí no. Salir es un esfuerzo complejo, cansado, agotador. Y eso es lo que tengo hoy… agotamiento.

En la última semana conocí (aunque fuera sólo en un saludo rápido) a más de 30 personas, interactué con ellas y como corresponde a alguien con enoclofobia y border line personality, me desbordé para sentirme cómoda, para que los demás no se dieran cuenta que no me sentía bien.

Y qué bárbaro, es como hacer abdominales con cada neurona.

No quiero salir de mi casa en unos 15 días, ¿y saben qué? Es absolutamente sano y «normal».

1.- Padezca algún síndrome de ansiedad relacionado con la interacción personal, la convivencia y las multitudes. Esto siempre ayuda a sopesar lo complicado de la tarea.

2.- Por favor, no viva en el clóset de sus enfermedades, asúmalas, platíquelas, vaya al doctor, tómese sus medicinas, chille cuando tenga que chillar y eventualmente, comenzará a sentirse mejor.

3.- Sentirse mejor es una sensación que, a todos los que padecemos depresión, ansiedad, angustia crónica, nos parece absolutamente rara, sosa, absurda y nos asusta o nos marea. Agárrese del pasamanos más cercano, o mejor aún, de una persona de confianza. Si no la tiene -porque luego cuando uno es depresivo, bipolar, border o todo junto, cuesta más trabajo tener a alguien de confianza, hágase un favor y háblele a su terapeuta, está ahí para ayudarle.

4.- Una vez que asuma que eso de «sentirse mejor» no está tan mal, y que eso de sonreír tan seguido hasta hace que se vea más guapo, NO DEJE DE IR A TERAPIA. NO DEJE DE TOMARSE SUS MEDICINAS.

5.- Pasada la tentación de volver a creerse Superman, comience a dejar la adicción a la seguridad que le da sentirse mal. Ya sabe, Superman ama a Luisa, y volar, y salvar al mundo, pero al final tiene complejo mesiánico, síndrome de abandono, padece crisis de depresión mayor y para colmo de males, es vulnerable a la kriptonita. Imagine usted no a Superman, si no a Batman, en la última película, en Italia, desayunando cosa sabrosa. Ese es usted. Ese puede ser usted. Para allá vamos.

6.- Para este momento, seguramente ya salió del clóset de sus diagnósticos psiquiátricos o psicoanalíticos y comentó el tema con sus seres más cercanos. No sea tímido, conviértase en un advocate, en un embajador de su «locura». Hablar de ella como cualquier otra persona habla de la gripa, le permitirá perderle el miedo, observarla por lo que es: una condición más con la que se vive. De la misma manera en la que nació moreno, güero, alto, chaparro, con los ojos saltones o chiquitos, su mente trabaja de cierta forma y usted, que ha seguido a conciencia los pasos 1 a 5, se está haciendo cargo de ella. Siéntase orgulloso. Be crazy, be proud.

Así que déjese de cosas, y acepte la ayuda que le ofrecen los demás. Se siente raro al principio, porque al final, reconocer que somos estos adultos «rotos» que no pueden solos, también nos parece razón para deprimirnos. Pero no se agüite, la neta, todos estamos un poquito rotos y todos necesitamos ayuda y todos, de una manera u otra, nos sentimos raros aceptándola.

Si usted tiene miedo a subirse al camión -como me pasaba a mí- consígase una razón suficientemente feliz como para hacerlo. En mi caso fue aceptar un trabajo en un oficio nuevo y la ruta no tomaba más que 4 paradas sobre la avenida más hermosa de esta ciudad…. en hora pico, llena de Godínez y señoras que se van pintando. Perdí una muela en un ataque de ansiedad, pero ahora puedo subirme al Metrobús so-li-ta.

7.- Vaya paso a paso. De la misma manera en la que fue adquiriendo el hábito de vivir encerrado en su habitación, de no convivir, vaya adquiriendo el hábito de convivir y de salir. Si lleva meses encerrado en su recámara comiendo arroz y atún y sólo sale al baño y espera a que venga alguien para asegurarle que el mundo sigue funcionando mientras cose decenas de cuadros de patchwork sin conseguir hacer una colcha… no comience por ir a una reunión familiar. Escoja… ir a la tienda de la esquina, o al súper, a las 5 am, cuando no hay nadie.

8.- Busque maestros para las tareas grandes: por ejemplo, mi Sisterno, el gran @egoeus me enseñó a volver al Centro de la Ciudad. Empezó llevándome en fin de semana a las 10 am y sacándome de ahí antes de las 12. Luego acabé un día caminando desde el Centro hasta el Monumento a la Revolución y metiéndome en las fuentes como hacían los niños. Estuvo repadre. Y sí, a ratos me sentía muy avergonzada de estar feliz. Hágame usté el favor.

9.- Aunque le cueste trabajo, aunque le de pena, por favor, tome el riesgo de ser dos rayitas menos complicado. La locura es una adicción de doble filo: por un lado nos hace daño y no podemos soltarla porque nos tiene atrapados, por otro lado, si dejamos de luchar contra ella si no junto con ella… la bestia se pone celosa, y nos boicotea. Nos aclara que dejaremos de ser interesantes, que es mejor vivir atormentados que «vivir en una burbuja de felicidad», que la felicidad es pasajera, que todo es una ilusión, que de todos modos te vas a morir, que por qué no ha sucedido de una vez… Y se va de un hilo y mata por completo todo lo que consiga avanzar.

Si se encuentra en esta situación, recuerde que está acostumbrado a vivir deprimido, que ese camino se lo sabe retebien, que lo difícil, que lo que de verdad es una lucha, es dejar de vivir en lo conocido.

10.- Si usted padece algún trastorno de la personalidad, y a su alrededor hay un montón de relaciones caóticas, que le hacen sentir inestable, que le crean codependencia y le mantienen angustiado, stop the maming. Ahora. Revise pros y contras de cualquier relación en su vida: parejas, amigos, compañeros de trabajo, familiares, to-dos. Ubique a esas personas que traen a su vida temas que le producen ansiedad, que le provocan mantenerse preocupado por cosas que no le conciernen, y aléjese de ellas.

Básicamente los locos tenemos poca energía, aunque parece lo contrario por que a veces vivimos en la manía y pareciera que nunca nos vamos a cansar, la verdad vivimos con la purititita reserva. Y solemos gastar esa poca energía en ocuparnos de los demás porque así dejamos de sentir nuestro propio dolor.
Ahorre energía que sale más cara que la gasolina. Sea su propia compañía y dese chance de estar solo, de disfrutarse solo, de escuchar sus problemas y no los de alguien más, de gastar sus recursos en usted, y no en alguien más.

Se siente raro, pero rico. Como cuando te limpias las orejas con cotonetes.

11.- Una vez que consiga disfrutar estar solo viendo películas y comiendo, sin que ninguna de estas actividades lo haga sentir como estereotipo del depresivo enclaustrado, está usted listo para disfrutar la compañía de personas que no lo necesiten, que simplemente lo disfruten.

Salga con ellas y déjelas que lo lleven a antros en la Condesa que sabe que le cagarán, pero que cuando llegue ahí, tendrá toda la confianza de decirlo y descubrir que al otro también, pero que curiosamente, lejos de que le perturbe, consigue ver todo eso que le molesta como una razón para reírse. No se resista. Ríase. Es bueno para el abdomen. Y para los pulmones. Y para las patas de gallo.

Las patas de gallo son las mejores de todas las arrugas. Demuestran que usted se río harto, a lo largo de su vida. Trabájelas, consígase unas patas de gallo y muéstrelas con orgullo. (Oiga @HayVega, gracias por mis patas de gallo).

12.- Habrá momentos en que descubra que, si bien puede disfrutar la compañía de los demás y hasta el ruido, no está tan fácil que disfrute ciertas compañías y ciertos ruidos. ¡Felicidades! Todos los seres humanos que no padecen enfermedades psiquiátricas tienen eso. Les dicen: «gustos personales». Bien chistosos todos.

Yo he descubierto que me gusta ir a fiestas y reuniones donde haya gente que conozco y que no se sienta ofendida si me paso la noche en un rinconcito fumando y sonriendo como tonta. Ya sé que está difícil conseguir una fiesta así, pero curiosamente este año ya fui a dos y me la
pasé muy bien y nadie dijo que haya sido grosera o que tenía cara de matona.

También he descubierto que me gusta salir a comer aunque sea hora en que todo mundo sale y el restaurante está lleno. Siempre y cuando salga al restaurante que me gusta no hay bronca.

Si a usted le sucede que no le gusta que lo toquen o que lo abracen, dígalo. La gente suele tomarlo con mucha facilidad y sin bronca. Si por el contrario, necesita que le tomen la mano mientras baja por tacos de mixiote al tianguis, avise, pregunte si hay bronca y verá que no. @PridaFresco es experto en comer tacos mientras me agarra la mano.

13.- Eventualmente podrá ir al tianguis solo, incluso disfrutará la idea de pensar en ir al cine solo, acompañado por sus ideas, por sus opiniones, sin la necesidad compulsiva de compartirlas con alguien. Dese una palmadita en el hombro. Va usté de un bien, que dan ganas de mandarle bouquets de galletas de chocolate.

14.- Aunque sea un cochino lugar común, hágame el favor de cuidar su cuerpo. Mire, a mí me molesta mucho el ejercicio. Me parece una manera cero glamourosa de sudar. Pero me encontré esta app con la que hago 7 minutos de ejercicio todos los días. Y debo confesarlo, a veces hago la rutina dos veces en un día. La cosa es que cuando uno tiene los músculos y las articulaciones ligeritas porque las estiró, duerme mejor. Y cuando uno duerme mejor, produce y regula mejor sus niveles de serotonina, y le deja de doler la cabeza, y te da hambre a tus horas y no todo el tiempo, y te da sed y tomas agua, no refresco y así te sigues.

Luego resulta que bajas un poquito de peso, o que ganas masa muscular y te vas sintiendo más seguro en tu propio cuerpo, como si por primera vez te perteneciera en vez de que lo padecieras. Y se van haciendo cuates… y un buen día te encuentras parada frente al espejo pintándote las pestañas porque te ves más bonita así y ni siquiera estás pensando en verte bonita para complacer a alguien. Bien raro.

15.- Si en medio del proceso resulta que los Foo Fighters dicen que vienen a México y usted recuerda que dijo: «si algún día vienen, no sé cómo, a lo mejor en ambulancia, pero yo tengo que ir a ese concierto», cumpla su palabra. Háblele a su sobrino, dígale que cuánto deposita para los boletos. Y no se angustie. Deje que pasen las semanas y trate de no pensar en todo lo que le aterra de estar cerca de la multitud, dentro de la multitud.

En vez de eso, dedíquese a vivir. Vaya al trabajo, coma tacos de mixiote, compre otra planta para su lugar, vaya a la fiesta de fin de año de la empresa y disfrútela aunque le parezca raro. Déjese querer. Hágase hábil en la tarea de pensar antes de actuar. No coma tanto chocolate porque le provocan migrañas. Busque terapia alternativa bajo consulta de su psiquiatra. Cepille a sus gatos. Juegue con sus perros. Lea, si puede, lea «La verdad sobre el caso Harry Quebert», le va a encantar. Si siente que se va a enamorar, resista. Hágase amigo de su futuro amor. Si siente que va a caer en depresión, pida ayuda de la misma manera en que la pediría si se hubiera caído en la calle. Le aseguro que la gente le ayudará.

Oiga a los Foo Fighters a todo volumen y no piense en la multitud, piense en que está en medio de un gran abrazo que la sostiene para escucharlos mientras cantan esas cosas que le hacen tanto sentido. Abra los ojos y dese cuenta que sigue en su casa. Que son las 5:13 am del viernes 13 de diciembre. Y que en 16 horas, estará en su primer concierto masivo en 23 años.

Y lo va a disfrutar.

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Desperté para escuchar que un amigo está desesperado porque no llegan las noticias que espera. Me preocupé. Hablé con otro amigo a ver si sabía algo de esas noticias. Abrí el periódico, me sentí Mafalda. Ayer renté películas y entre ellas: It’s fine (pensé mucho en mis papás y en cómo aunque ya no están siempre estuvieron y yo siempre estuve para ellos), Infierno (que no ayudó a que mi síndrome de Mafalda desapareciera), Cinco días sin Nora (que me hizo recordar que de haber nacido de madre judía pesaría 10 kilos más de los que peso).

El día no mejoraba. Ayer leí que los salarios mínimos en este país son comparables con los de Nigeria. Suena alarmante, pero si lo pienso bien, no sé nada de Nigeria. San Wikipedia dice: 
«La República Federal de Nigeria es un país en el Oeste de África. Es el más poblado del continenteafricano. Limita al Oeste con Benín, al Este con Chad y Camerún, el lago Chad en el noreste, Níger en el Norte y el golfo de Guinea en el Sur.»

Con las palabras «más poblado» me siento en más confianza de creer que están pasándola igual de difícil o peor que nosotros.  Hoy me quedé sin trabajo fijo. Creo que considerando cómo están las cosas, me tardé en la carrera del desempleo, pero recuperé terreno porque mi habilidad para tirarme al vacío es grande. Soy la depresiva de carrera más rápida al precipicio. Sin embargo, mi freno de mano (una combinación de herramientas de uso como las plantas, los hijos canes, los amigos, y de herramientas de indispensable necesidad, como mi marido y mis medicinas) me permiten ir abriendo paracaídas en la carrera hasta que alguna respuesta finalmente me da impulso para salir del barranco. 
Una vez que me sacudí un poco la angustia -un poco, de verdad sólo un poco- me acordé lo que decía mi padre: «En este país, se es millonario si se tiene qué comer todos los días». Eso se supone, era un consuelo para las épocas de pobreza, pero más que hacerme sentir mejor, me hacía sentir culpable por estar triste o preocupada por nuestro destino económico. Efectivamente tenía qué comer, es más, había suficiente comida para hoy y mañana. Pero no había para la luz, o los impuestos, o el teléfono… «No importa, tienes qué comer, la mayor parte de la gente no tiene». Chingadamadre, es verdad. 
Salí al super, porque sí, sí tengo qué comer, es más, tengo dinero para pagar el agua y a eso fui. De camino al Superama me encontré a uno de mis limosneros favoritos. La palabra limosnero es fea porque es como la frase de mi papá: te hace sentir culpable, pero la verdad es que si mi limosnero favorito se dedica a limosnear es porque como yo, que me dedico a escribir, no ha conseguido trabajo. El es deportista, atleta paraolímpico de alto rendimiento. Entré al super, compré dos cafés de maquinita y chocolate para marido. 
Cuando salí le compartí café a mi atleta: «Mano, tienes una habilidad para venir los días en que más necesito que me recuerdes lo chingones que podemos ser…» 
Mi atleta se aparece pocas veces, y las limosnas que
pide no son sólo para él, si no para el centro que ayuda con ellas, donde a su vez, le ayudan a él. Cadena infinita de favores, asistencia pública que lejos de la institucionalidad siempre está llena de voluntarios que andamos taloneando la vida persiguiendo a la chuleta, que como mi atleta, es olímpica. 
Hoy funcionó la receta de mi papá que en resumidas cuentas se reduce en: siempre hay alguien en peor situación que tú. Pero como ya estoy grandecita y ya le puedo enmendar la plana, agrego: y el hecho de que esté peor que tú y pueda con la vida, quiere decir que tú también puedes. 
Los días malos caen con todos los avisos posibles. Incluso cuando hay accidentes. Para aquellos que hemos vivido en depresión es fácil sentir un ligero cambio en lo que de por sí siempre es cuesta pa’rriba. Mi solución siempre ha sido ocuparme, distraerme, ir en contra de lo que me pide el cuerpo (que por lo general es dormir). 
Hay que estar en vigilia, prevenidos, con nuestras mejores herramientas a la mano y nomás para espantar un poco más a esos que están por venir, hay que chiflar quedito alguna canción tonta… 

 

Encontré una nota que habla de personas que físicamente son hermosas y padecían depresión y se suicidaron. Y me acordé de todas las veces que he tratado de explicar la depresión, la cantidad de respuestas que he dado cuando alguien me dice: es que es cosa nomás de echarle ganas, el pasado ya pasó, no te claves en lo que no puedes resolver, y varias frases que acumulan etcéteras miles.

Como creo que jamás, jamás se entenderá con claridad qué es la depresión, y los medios nunca ayudarán a que así sea, aquí voy de nuevo, en un intento más contestándole a esta escueta publicación.

 

Lina Marulanda

El pasado 22 de abril, la modelo y conductora colombiana, Lina Marulanda, de 29 años, murió al caer de su apartamento ubicado en el sexto piso de la Calle 86 con Carrera 16, en el barrio Antiguo Country, de Bogotá, Colombia.

Una amiga cercana a Marulanda afirmó que la conductora se encontraba triste por el trámite de divorcio con Carlos Oñate y atravesaba por un mal momento, otras personas cercanas a Lina dijeron que estaba tomando antidepresivos.

 

Es verdad que hay antidepresivos, que al ser administrados sin tomar en cuenta la posibilidad de bipolaridad o esquizofrenia, resulten en una propensión al suicidio. Es verdad también que las viejas nos sentimos muy perdidas cuando nos divorciamos. Y el conjunto puede ser fatal, pero no es tan simplista.
Uno no se deprime sólo por una razón. Mucha gente, como decía mi mamá, nacimos deprimidas.

 

Kurt Cobain

Hiperactivo y heredero de los genes depresivos por parte de su familia paterna, Kurt Cabain padecía bronquitis crónica y escariosis (una desviación de la espina dorsal, que se le acentúo con los años debido al peso de la guitarra).

El famoso vocalista de Nirvana comenzó a ingerir drogas, en especial heroína, a principios de los 90s para aminorar molestias de salud.

El 4 de marzo de 1994, Cobain ingresó al hospital en estado de coma después de un fallido intento de suicidio al tomar un cóctel de medicamentos. Finalmente, el 5 de abril de 1994, de acuerdo al reporte policial, Cobain de 27 años de edad, puso una escopeta en su boca y jaló el gatillo. Cerca de él se encontró una nota suicida

 

¿Se acuerdan del Unplugged de MTV? Quien no se diera cuenta en ese preciso momento que Cobain estaba a dos de jalar el gatillo era ciego, sordo e imbécil. Cobain, como dice la nota, heredó los genes depresivos (aunque no se ha comprobado científicamente que las enfermedades psiquiátricas sean heredables, no se puede negar que hay conexión. Mi conclusión es que si vives con un loco, te vuelves loco).
Los suicidios violentos implican una serie de sintomatologías muy distintas. Aquellos suicidas que buscan lastimarse lo menos posible en el intento, quieren decirle menos cosas a sus supervivientes. Lastimar tu cuerpo es un mensaje muy claro de ira y represión contra quienes te sobreviven.

 

Virginia Woolf

Tras escribir dos cartas, una para su hermana Vanessa Bell y otra para su marido Leonard Woolf, la escritora Virginia Woolf de 59 años de edad decidió suicidarse; así, se ahogó en el río Ouse,cerca de su casa de Sussex el 28 de marzo de 1941.

Antes lo había intentado, días antes regresó a casa con la ropa empapada, fue un intento fallido. La segunda ocasión pensó que era conveniente meter piedras pesadas en las bolsas de su abrigo.

Se dice que tal vez el motivo de su depresión y el origen de su suicidio pudiera ser el abuso sexual por parte de sus hermanos.

El simplismo de esta conclusión me abruma. Si te violaron, eres depresivo. Si te violó un sacerdito serás pedófilo. Si creciste con un político ¿serás mentiroso? El abuso sexual es una marca indeleble que toma millones de síntomas al crecer la víctima. Que en la televisión sean más explotadas aquellas que generen mejores guiones, es un tema muy aparte que tiene que ver con vender jabón, y pasta de dientes, y ropa.
¿Por qué estoy deprimida?
En mi caso, la depresión es un estado, no un momento, no una época. Es una traza de mi carácter que me impide darme cuenta quién soy. Es un disfraz que le pongo a Doña M para protegerla de lo que la asusta. Y cada que consigo quitármelo, hay resultados diferentes: a veces le concedo razón a Misses Joy en protegerme, a veces quisiera matarla. ¿Eso es suicidio?
¿Cuántos de los que se suicidaron querían matar sólo esa parte de ellos?