María, ¿cómo vas con el libro? ¿Ya avanzaste? ¿Qué tal van esos capítulos? ? Jijos mano… The pressure. La angustia. No ha estado fácil, porque más allá de querer complacer a los demás que se entusiasman por la idea de un libro sobre depresión (¿qué pedo con esa contradicción semántica?) está la idea, la enorme presión, de complacerme a mí misma.

Una cosa es que una tenga distimia, que es un pain in the ass y una carga pesadísima de vivir. Pero una es hija de workaholics, hermana de workaholics, y en mi familia hay pecados que se pueden perdonar, con todo y que nací en una familia uuuultra católica (algunos muy de domingos y superficiales, otros muy nomás en laculpa histórica y los más, en lo teológico, académico, estudiado pues. Mi familia es nerd del catolicismo y la filosofía).

En mi familia se pueden perdonar los divorcios, las infidelidades, el alcoholismo, la depresión, la pobreza, algunas adicciones, determinados gustos musicales o estéticos, la superficialidad emocional o intelectual SIEMPRE Y CUANDO te estés partiendo la madre por estar bien. Y ahí de ti donde se te ocurra medio tirar la toalla. Primero porque no mames, no la tires, estorba. Segundo porque no mames, cómo se te ocurre tirarla si absolutamente todo mundo la tiene más complicada que tú, para eso te dimos educación, para que supieras que afuera hay un mundo de gente más miserable que tú. Tercero, porque no mames, qué hueva la gente que no hace absolutamente todo, hasta morirse, por salir adelante.

La idea de escribir este libro sucedió una tarde mientras releía a Diario de una Oveja Financiera de Sonia Sanchez Escuer. Como ya es más costumbre que excepción en mi vida, estaba tratando de reinventarme fuentes de empleo, porque eso es algo que los que no estudiamos y tenemos crisis emocionales que nos impiden tener continuidad en cualquier entorno (profesional, escolar, familiar) tenemos que hacer cada tanto. Estaba, como casi siempre, sin chamba y sin poder encontrarla. Así que por supuesto, estaba escribiendo ese libro, el que empecé hace dos años, para intentar trabajar, y a ver si esa inercia me hacía conseguir trabajo. Y así ha sido, me pongo tantito bien, consigo chamba, la consigo mantener un tiempo, vale madre, la pierdo, y otra vez.

Entonces, llevo dos años, tratando como dice el slogan de este sitio, viviendo con depresión aunque quiero morir en el intento. Y pues a veces consigo avanzar el libro, a veces lo acabo de un jalón (pasó que en una semana escribí 7 capítulos y neta, con eso armábamos un libro) pero por supuesto ya leyéndolos no servían para nada y los arrumbé en algún lugar y ahora ya no sé ni dónde están ni cómo empezó ni nada.

A veces consigo escribir algo más formal, a veces le doy forma, a veces hago un mapa más real. A veces pido ayuda y a veces la consigo. A veces se me ocurre que ya está listo para pitcharse a una editorial y luego me acuerdo que eso no haría el libro que quiero…

Verán, hay gente con depresión que no puede salir a la calle, que no puede ni siquiera abrir el celular porque ahí está la fuente de muchos disparadores de nuestra enfermedad. Ahí están las críticas, los estándares imposibles de cumplir, las promesas de la vida feliz que jamás logramos conseguir. No podemos salir a la calle porque cuando lo hacemos nos sentimos observados, juzgados, ridiculizados y eso desgasta. Pero además no podemos salir a la calle porque el dinero, es un poquito más escaso que el de la gente sana, porque nosotros rara vez tenemos trabajos estables o porque el dinero que tenemos ya lo debemos, o porque el que tenemos lo necesitamos invertir en medicinas, terapias, asistencia de gente que nos ayuda a ser un poquito funcionales.

Entonces, no hay chance de que ese libro que yo podría hacer y venderle a una editorial, le llegue por cuenta propia a quienes están como yo. Así que me la he pasado escribiendo un libro que no estoy segura que valga la pena escribir.

Lo que sí vale la pena, es seguir haciéndolo, seguir comunicando las ideas del libro, porque eso ha ayudado. Los posts en Facebook (que tanto odio), los posts aquí que sí disfruto, le han servido a algunas personas. Y eso me sirve porque me hace sentir útil, que es mi hit de dopamina más cabrón en el universo. Y si me sirve a mí y le sirve a alguien más, hay que seguir haciéndolo.

Así que ahora, en lo que consigo ordenar qué carajos hacer, en lo que consigo sobrevivir al day by day, no habrá libro, habrá podcast. Y podrán escucharlo los jueves, en Spotify, en iTunes y en la página de Dixo, que es la plataforma que amabilísimamente, decidió producirlo.

Les aviso para que guarden su lunes AM, para que se pongan un recordatorio, porque neta creo que mi productora Verónica, hizo un trabajo increíble y me ayudó a darle coherencia a las miles de ideas que suceden en mi cabeza. Recordatorio o no, aquí les dejo el link del primer episodio, aquí en Spotify, aquí en iTunes, y aquí en la página de Dixo.

Muchas gracias a todos los que durante dos años han seguido aquí, a los que lo acaban de descubrir y me escriben y lo recomiendan y lo usan. Hay gente que sobrevive a la depresión porque tiene hijos, porque ama a alguien y es correspondido, porque se ven en la sonrisa de otro. Yo sobrevivo a veces por mi nana, a veces por mis gatos, pero muchas porque sé que alguien aquí me lee y que de algo le sirve saber que yo también estoy aguantando.

Ojalá les sirva el podcast. Ojalá nos sirva.

Toda la semana pasada estuve trabajando en el sitio. El resultado ha sido grandioso: todas las entradas de mi blog personal se recuperaron, todas las pertinentes, por supuesto. Con la ayuda de la gente de alcubo.com creamos un foro que pronto estará en funcionamiento para que todos podamos acompañarnos y platicar de nuestras experiencias.

Gracias a Nelos Cisneros el logo de nuestro sitio quedó sin rastros de mi falta de profesionalismo en diseño gráfico.

Con ayuda de otros amigos estoy creando un espacio para que encuentren teléfonos de psiquiatras, cómo ir al Nacional de Psiquiatría, vaya, cómo conseguir ayuda profesional si viven en la Ciudad de México.

También, con ayuda de otra amiga, estoy armando un video que explique de qué va este proyecto y podamos darlo a conocer mejor para que más gente se entere.

¿Saben qué fue lo que no hice? Escribir en el libro. Y entendí que hay dos razones detrás por las que no lo hice: mi rutina cambió.

La otra razón: miedo al qué dirán. Soy de hecho una persona de esas a las que critican porque me importa poco lo que los demás opinen… de mí; pero ahora estoy escribiendo de Lady D (como le dice Don Javier Ole a la Distimia); estoy escribiendo de algo que es de todos, que padecemos muchos, indirectamente estoy escribiendo de todos. Y eso me congeló. Los miedos inmovilizan.

Por fortuna los miedos también se acompañan de experiencia, de ahí me agarré para recordar la cantidad de veces que me he dicho que no valgo la pena, y por eso el slogan de este libro es: “Cómo vivir con depresión, aunque quieras morir en el intento”. Así que, como ya prometí que lo voy a escribir… pues ni modo, a aguantarse el miedo, aunque quiera dejar de escribir en el intento.

Gracias por todos sus mensajes, cada uno de ellos me ayuda a seguirle.

PD: Para escribir, hay que leer. Así que la tarea de hoy será El demonio de la Depresión de Andrew Solomon.