La última vez que estuve en cama meses no fue principalmente por la depresión si no por las múltiples enfermedades. Quién sabe qué habrá sido primero si la depresión o las enfermedades, pero lo que realmente me mandó a la cama fue que me atropellaran.

Yo le llamo a esa época El Año del Terror. Fíjense nomás:

  1. Ya diagnosticada, con 8 años y medio de diagnóstico y tratamiento, en un matrimonio estable (con sus problemas, pero estable), con trabajo y sin deudas, me da el telele emocional. De la nada entro en depresión y al mes me acuerdo de un trauma violento que me manda a la lona. Los psiquiatras que me atendían en el Nacional decidieron mandarme más medicina, lo que me puso en zombie. Estuve así un mes, sin dejar de ir a trabajar, pero comenzando a romperme en todo.
  2. Al mes de estar así, el marido dice: «Se me acabó la gasolina, no sé si te amo, ya me voy».
  3. Al mes se van con él dos de mis perras. Ese día entra una gata a mi casa y sus 5 crías.
  4. Al mes se muere una.
  5. Al mes me atropellan.
  6. Al mes me quedo sin trabajo.
  7. Al mes me da bronquitis.
  8. Al mes neumonía.
  9. Al mes recibo la última comunicación de mi ex en un tono que en 10 años me había hablado. Lloro durante una semana sin parar. Como si en ese momento hubiera entendido que tronamos.
  10. Pasarían 4 meses más hasta conseguir trabajo.

 

¿Y cómo sobreviviste María? ¿Cómo le hacías para comer? 

Tengo mucha suerte. MUCHA. A mí me ha ido de la fregada, pero siempre he tenido piso dónde caer. Literalmente, siempre he tenido dónde vivir, y eso es más de lo que el 75% de la población puede decir. Yo jamás he sentido duda de tener casa, JAMÁS. Tengo el 60% del problema resuelto. Cuando uno tiene casa, comer es lo de menos. Sobre todo si además de tener mi privilegio tienes el amor incondicional de alguien. Yo tuve una mamá… digamos, complicada, pero la vida me compensó con mi nana. Ella, aunque yo no tuviera dinero, aunque tiene que viajar 2 horas para llegar todos los días a mi casa, aunque siempre ha tenido menos que yo, iba una vez por semana (los demás días obvio los ocupó para conseguir más casas que limpiar), y me daba de comer, me cuidaba, se aseguraba de que me bañara y me echaba la bendición.

Si tienes casa puedes dormir, y si duermes tu cuerpo se va acostumbrando a todo. Ofrezco disculpas de una vez porque mi visión de este problema es ultra privilegiado, lo que yo les aconseje está mermado por esta riqueza en la que jamás me ha hecho falta un techo. Aún así puedo contarles qué han hecho a quienes conozco que no tienen eso: pedir ayuda.

No es fácil, nadie nos enseña a hacerlo, nadie nos aclara que se tiene metodología para hacerlo (NETA, no hablo desde los vicios que me ha dado trabajar en Publicidad, hasta para pedir ayuda hay que cumplir con un check list).

 

¿Cómo pido ayuda?

¿Has oído eso de que el primer paso es aceptar que eres adicto? ¿O que tienes un problema? Pos por ahí se empieza. Cuando estaba tirada en la cama sin comida, angustiada porque mi nana me daba lo que no tenía, porque mis 8 gatos y mis dos perras no tenían qué comer pensaba: «qué bonito sería no existir, que nada existiera, que todo se evaporara y ser una con el polvo del Cosmos». Ya les he contado que para mí el suicidio no es una salida desesperada, es una puerta seductorsísima, donde todo se soluciona. Así que consciente de ello, tenía que recordar que por mucha tranquilidad que esa imagen me daba, era absolutamente imposible e irreal. Así que a pedir ayuda. Primero, contactar a la gente con la que había trabajado, contarles que andaba sin trabajo y que necesitaba encontrar algo cerca porque no podía caminar mucho y estaba enferma. Que quería trabajar de CM y que no podía con algo más pesado que eso.

Es decir: pedí específicamente algo, y además fui específica dentro de la petición. No dije: «No tengo dinero, estoy enferma, no mames no encuentro la salida». Eso no es pedir ayuda, eso es quejarse, y uno tiene derecho a hacerlo, pero no es pedir ayuda.

Cuando uno se queja sobre lo que nos pasa pero no tiene la humildad de aclarar: «necesito tu ayuda» se está pidiendo de más, estás metiendo al otro en el problema de creer que estás tan mal que tiene que resolverte, que no puedes con eso. Y a lo mejor es verdad, la cosa es que absolutamente nadie tiene por qué resolverte. NADIE. ¿Qué fuerte, verdad? Pasa que por más que el otro esté bien y tenga lo que tú necesites, si te lo da así nomás sin que lo pidas y te hagas responsable de pedirlo y recibirlo, te echa a perder y además, le quitas la certeza de haberte ayudado.

Cuando pidas ayuda, sé lo más claro posible, no sólo en lo que vas a pedir, en qué carajos necesitas. ¿Necesitas casa hoy? ¿Necesitas casa por tiempo indefinido? Pídelo con todas sus letras. ¿Necesitas dinero? Pídelo y aclara para qué y cuándo lo devuelves, si puedes devolverlo, si no podrás. No tengas miedo a no tener nada, tampoco a que te digan: no puedo ayudarte. Ten miedo a no saber qué necesitas, a no poder ver con claridad el desmadre en el que te encuentras, y por lo tanto a no saber por dónde empezar a levantarlo.

 

Cómo sacarle provecho a la ayuda recibida

Una cosa rebonita de pedir con claridad es que recibes lo que necesitas y como ya lo sabías, entonces ya sabes qué hacer con ella. Y se resuelve un problema, y te tomas 5 minutos para disfrutarlo y de ahí sacas fuerza y entonces tienes para resolver lo siguiente. Cuando por fin tuve trabajo, no tenía para comer. Pero no importaba, el trabajo me quedaba caminando, la nana me hacía un bote de arroz con algo y eso comía antes de la oficina y después. Y en la oficina nunca dije mentiras: siempre aclaré que estaba saliendo de una crisis bien pinche y que por favor me dijeran si la estaba cagando, que haría mi mejor esfuerzo para no tomarlo personal y darle.

Y así fue. Obvio, no di el ancho, obvio la cagué, obvio casi me corren, si no pasó es porque antes me ofrecieron un trabajo mejor. Vaya, honren lo que les dan. A mí me dieron trabajo y di todo lo que pude para conseguir sacarlo. La regué, pero la corregí. Y aunque la chamba no era la ideal, la trabajé como si fuera la panacea. Ahí conocí a Annie (y miren todos los años después lo bueno que fue conocerla); ahí conocí a una jefa que me enseñó que el trabajo se toma con seriedad, sin emociones, y se ejecuta, y que ese trato seco no significa que yo esté mal, significa que al trabajo se le quita la emoción para que salga rápido. Ahí me aprendí el alfabeto aeronáutico. Estoy muy orgullosa de eso. También trabajé mi primera cuenta internacional y hacerlo me hizo recuperar el ritmo como para que otro amigo me ofreciera un trabajo mejor pagado.

En cuanto pude recuperarme la nana no sólo recibió un aumento merecidísimo, si no que le compré todo lo que pude y se me dio mi gana. También la saqué de trabajar de sus otros clientes que no la tratan como familia. A quienes me ayudaron invitándome a comer, les invité comida. A quienes me prestaron, les pagué. A quienes me abrazaron, abracé. Y así me llené el vasito de la autoestima y el amor. Y estuve lista para la siguiente caída o cuando alguien más cerca de mí, se cayó.

 

Cuando estés en crisis, cuando estés en el piso, date todo el chance del mundo de llorar, de mentar madres. Incluso puedes pedir ayuda a alguien para que te oiga y no te diga nada, sólo te oiga (Recuérdalo: pide con claridad. Oye, me siento de la chingada, ¿puedes oír todo lo que traigo y no decirme nada?). Mi amiga Nisa y yo tenemos ese acuerdo: «Mana, necesito rant, ¿me lees?» Y ah jijos, no saben cómo sirve.

 

Ya que consigas sacarlo todo organizar tu desmadre, empieza por saber en qué escala de la pobreza estás. Neta, sin pena, aclara dónde estás según la ONU. Procúrate techo, comida, baño. Si tienes esos tres, entonces tienes un momento de disfrutar el alimento, la limpieza, el descanso. Y agarra fuerzas de ahí para revisar qué sigue: ¿Trabajo? ¿Puedes con eso? ¿Qué clase de trabajo puedes hacer? Haz una lista de los trabajos que sí puedes realizar y pide ayuda, búscalos. Y así, como gorda en tobogán: te avientas por el primero y lo disfrutas. Sales de ahí. Vuelves a subir las escaleras. Te vuelves a aventar. Sales de ahí. Vuelves a subir las escaleras. Te vuelves a aventar… Eventualmente podrás decir: ya no más toboganes, ahora vamos a la alberca, a disfrutar.

7 comentarios
  1. andrea
    andrea Dice:

    Leerte es unas de las cosas que me ayudan a mi, siempre que tengo una recaída o me siento bajoneada busco que leer en el deprebook y me siento mejor ….Saludos bonita!

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  2. Sandy Gallia
    Sandy Gallia Dice:

    Me hiciste recordar cuando tenía miedo de tener cutters y exactos en mi cuarto (y siendo diseñadora los usaba todo el tiempo) porque era super tentadora la opción… así que todo eso lo tenía en la sala y sólo lo usaba en público.

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  3. Ed
    Ed Dice:

    No entiendo, no sé cómo llegué aquí a leer estas líneas, pero te aseguro, que acabas de salvar una vida, acabo de ver el horizonte, hay luz… lo había olvidado…

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    • Mariaisabel Mota
      Mariaisabel Mota Dice:

      Donde sea que estés, te mando un abrazo. Cierra los ojos y de verdad imagina el abrazo. Cómo se siente estar en los brazos de alguien. ¿Lo hiciste? Bueno, pues es lo mismo que yo siento. Muchas gracias por leerme, pero muchas más por contarme esto.

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  4. Alicia Reyes Escageda
    Alicia Reyes Escageda Dice:

    Me encanta la forma como describes el camino que has recorrido, la manera como has resuelto cada obstáculo. El amor a tu nana, tu madre adoptiva. Eres sabía y cada texto ayuda a todas las personas que te leemos.
    Cierro los ojos, te veo y te abrazo desde el fondo de mi corazón

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