Es un verbo difícil de pronunciar, de escribir, de conjugar… pero no de llevar a cabo. Dice la Nena Mounstro que ella lo inventó. Mis amigas y yo lo padecemos.

Quisiera escribir tan rápido como las ideas están amontonándose y precipitándose en mi cabeza…no puedo. ¿Les sonaría lógico leer cómo siento que al final del día procastino (ufff…. qué mal se lee) la felicidad. Quiero más chocolates… aunque tengo escaldada la boca porque volví a fumar y tengo completamente hastiadas las papilas gustativas.

La Nena también me dijo: «Guey, escribe, hace mil años que no escribes». Ella tampoco, y no es que de pivote, es que nos encontramos las dos en el mismo estanque sin ganas de patalear. Hace mucho que no tenemos trabajo y las oportunidades de encontrarlo se han ido escaseando.

Mi papá siempre me explicaba que las crisis económicas se sienten mucho después de que aparecen en los titulares y los noticieros. Viví con mi papá la crisis del 94 y recuerdo cómo su empresa se fue achicando de un piso completo en el Centro Histórico a una recámara en nuestro departamento.

Procastinar.

No sé qué escribir esa es la verdad. No sé. Tengo la cabeza enredada en las ganas de que todos mis proyectos sucedan y en el miedo de que sucedan y en el pavor de que no sucedan. ¿Les ha pasado?

En otros días, antes de Navidad cuando todo mundo estaba trabajando, tenía la computadora prendida y brincaba de página en página leyendo noticias. Para la hija de un periodista que además resultó escritora después, que no haya noticias nunca ha sido buena noticia. Se siente la muerte… Se siente como todo se va quedando demasiado calmo a un punto en el que creías que de verdad todo se había detenido y que tal vez no se echaría a andar nunca.

Hace dos fines de semana, desde el viernes hasta el lunes recibí malas noticias. Una cada día. Ninguna con solución aparente o sencilla. El sábado me desperté sin ganas de levantarme. Me sentía incómoda con todo pero por primera vez entendía que quedarme en la cama no iba a solucionar nada. El Prozac hace cosas raras con la depresión… no la cura, la hace… hace que se vaya a segundo plano. Es como si le pusiera correa.

Que quede claro, no dejaría de tomar mis medicinas a menos que los psiquiatras indiquen que lo haga: pero está complicado sentirse cómodo en un sentimiento que antes me resultaba tan familiar. Procastinar. Deprimirse.

Verbos difíciles.

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