Desde el diagnóstico, me resulta muy fácil decir: “tengo agorafobia” y de verdad creo que la afirmación es suficiente para explicarle a otra persona qué me pasa… pero no. Las palabras se gastan, las que engloban conceptos, aún más. No es lo mismo malentender qué significa “saltar” que qué significa “agorafobia”.

Creo que al decirle a la gente: “No salgo porque soy agorafóbica”, ya les queda claro a qué me enfrento todos los días al salir… pero no. Como es tan común que alguien diga que es bipolar, sin que se recuerde que cambiar de ánimo ni en pedo es ser bipolar (ya quisieran los bipolares que sólo fuera eso). Como todos oímos todo el tiempo palabras como aracnofobia y creemos que el hecho de que te asusten ya significa que tengas una fobia, cuando les digo: “tengo agorafobia”, la gente cree que me da miedo el espacio abierto, los estadios. Y cuando les digo que soy enoclofóbica, creen que hablo de no ir a conciertos. Ja… ojalá.

Comencé un nuevo trabajo y la ruta para ir y venir es muuuuy diferente a la de la chamba anterior y además muy complicado. La distancia es pequeña, el recorrido caminando lo hago en 40 minutos. A la otra chamba, lo hacía en 20. A la ruta de la otra chamba no había mucho qué pensarle: salía del edificio, tomaba una bici en la esquina, pedaleaba hasta la puerta de la oficina, me bajaba. Listo. Job done. Me costó trabajo al principio encontrar ruta, pero las calles a las 6:30AM están vacías así que jamás tuve que detenerme a pensar en cuánta gente y autos habrían a las 8AM que es la hora en la que salgo ahora.

Ir y venir a la oficina de las noticias fue super fácil. Ir y venir a la oficina de los anuncios, no está siendo nada simple. Tome la ruta que tome, no puedo nomás caminar, nomás en bici, no más en Metrobús. Hay que hacer un mix de todo eso y cada cambio de actividad de transporte implica que yo pierda el ritmo que traía la música para concentrarme sólo en avanzar, y no distraerme en que hay por lo menos 30 personas en el radio de 10 metros, todas moviéndose, todas con prisa, muchas de malas, muchas dormidas y de malas. Y que además yo voy cansada, y con dolor de espalda o con frío y que la ansiedad de cruzar la sala y entrar a la cocina y prepararme en la casa, no haya hecho que olvidara algo… Es pésimo mix.

A mí me dan ataques de pánico porque no consigo decidir dar un paso en la dirección correcta.

Pero hoy por fin encontré la ruta para llegar a la oficina: Subirse al segundo piso del camión hizo que valiera la pena el puto viaje a la calle.

Y así como encontré esta ventana en el Metrobús, y ese cachito de bosque, tengo que encontrar razones para hacerlo todo. Porque hacerlo por cumplir, pero llegar a la oficina, no es suficiente. Bien podría no hacerlo y vivir con las consecuencias. Me asuanta menos perder mi chamba a qué algo me pase en la calle. Y por eso son fobias, porque son irracionales. Porque no dimensionamos que lo normal e sprepcuparse por perder la chamba y no por si te vas a caer al tratar de subir las escaleras en el Metrobús. Pero en nuestra cabeza, el trámite de no caerse es tan intenso en comparación con el trámite de vivir sin un peso (cosa que se todos modos hacemos porque la inestabilidad emocional sale cariiisima), y esa intensidad quema el alma, nos rompe en 20. Los días grises son dinero, sin tener qué comer, o dinero para ir a tomar un café, no duelen tanto, porque de todos modos tendrías que salir a la calle. ¿Para qué quieres dinero si todo lo que necesitas hay que comprarlo y salir a conseguirlo? No, no puedo vivir encerrada porque disfruto enoooormente el resultado de transportarme. Amo estar en Cachito. Amo estar en Cucurucho. En Casa del Fuego. En las escaleras de Reforma. Odio tener que transportarme. Ahí vive mi locura.

Entonces no puedo pedir a domicilio la experiencia de estar en las bancas de Huerto aroma Verde oye do música y leyendo. No puedo pedir a domicilio ver a mis amigos alérgicos a mis gatos, razón por la cual no pueden ir a mi casa.

No puedo andar en bici en mi sala. Así que TENGO que salir. Ni pedo. Y no, salir a la caba para ganar lana, no es un drive suficiente para salir. Salir para encontrar la suerte, para se ríe el sol, para sonreirle a un extraño y que sonría de vuelta, no mamen, por eso claro que salgo, aunque se me rompa el alma en 20.

En unas horas tendré que salir de la oficina y enfrentarme al ataque de ansiedad que me da regresar. Porque es una travesía igual de enredada y llena de obstáculos que en mi cabeza, son dignos de tragedia griega. He tenido que hablarle a mis amigos con mil pretextos sólo para que mi cabeza piense en lo que les estoy diciendo y no en que estoy parada en el Parque Lincoln, sin poder decidir si voy a la derecha, a la izquierda, tomo una bici, pido un Didi, camino a Reforma o mejor me quedo ya a vivir en el parque hasta morirme de frío, porque es más fácil eso que seguir caminando.

Pero por ahora, ¡ya conseguí mi ruta para llegar! Y eso hace que la travesía de salir de mi cama a la puerta de la recámara, haya valido la pena.

Yo no les voy a decir que no digan que son bipolares en sus tuits y en sus posts de Facebook. Please, díganlo. Uno quién es para juzgar si de verdad se sienten así de mal (A ver si un día escribo cómo se siente que te saluden cuando tienes borderline personality). Yo nomás les pido que se acuerden que en una de esas, alguien más lo dice en serio, y que de verdad la pasa mal. Y que no es algo que sepamos sortear fácilmente, ni echándole ganas, ni poniéndole todas las pilas, ni pensando positivo, ni confiando en Dios, ni queriéndonos más… Neta, le intentamos a todo, empezando por respirar, que a veces nos cuesta un mundo.

2 comentarios
  1. Carolina
    Carolina Dice:

    Leer lo que te cuesta decidir la nueva ruta, la valentía y ganas que le echas (que a veces no alcanzan para tener éxito) ver tus fotos y el esbozo de sonrisa para saber que este día lo has conseguido. Una batalla diario, algunas se pierden, otras se ganan, y en una más podemos compartir esperanza con alguien que también lo pasa mal, mientras trata de que los pacientes no noten que te sudan las manos por la ansiedad y tener las palabras adecuadas para que se lleven un cachito de esperanza. Gracias, María Isabel ¡Qué chingon el bosque, la bici, tus gatos tus amigos y sobre todo tú y este bello proyecto!

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    • Mariaisabel Mota
      Mariaisabel Mota Dice:

      Gracias. Gracias infinitas. Ya hiciste que valiera la pena la culpa que me dio pagarme el viaje en auto para el regreso porque neta, hoy sí no podía con el ataque de ansiedad que me provoca decidir cómo volver en la noche. 🙏

      Responder

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