Se puede curar la depresión

Llevo desde que me acuerdo deprimida. No, no exagero. Y a ratos siento que es una mentira que me dijeron los médicos, pero luego me acuerdo, y se me pasa mientras me hundo en la cama por días.

La verdad es que no se cura. No en mi experiencia, pero tampoco se cura la caries, ni la urzuela, ni la gastritis crónica, ni la hernia hiatal. Vaya, hay un montón de enfermedades que no se curan, aprendemos a vivir con ellas… y sí, se puede vivir bien con depresión.

 

Vivir con depresión

La mayor parte del tiempo es cansado. Si no la padeces, te cuento qué se siente: despiertas porque abres los ojos y la decepción de seguir vivo te domina. Sí, es decepcionante. A todos nos encantaría que en la noche la pesadumbre de cargar con uno mismo, no, no exagero. Neta es super normal despertarme y en vez de estirarme como hacen ustedes, me encojo y me hundo más en las cobijas. Quisiera quedarme ahí por siempre, o hasta que el resto de ustedes crean que es una buena hora para irse a dormir.

La depresión en sí, solita con sus efectos, nos hunde en la cama, o en la regadera… Me acuerdo que hubo una época en que después de bañarme por 5 minutos, -porque me da culpa hacerlo por más tiempo porque hay gente en Iztapalapa sin agua- me quedaba sentada en el piso, con el agua escurriendo, contando las piezas de cerámica del piso para intentar llenar la cabeza de algo que no fuera el ruido gris y los pensamientos destructivos. “Uno, dos, tres, dibujo, cuatro, cinco, seis, borde”.

Encima de lo que nos hace la depresión tenemos que lidiar con la presión social porque, como la depresión no se ve, no se nos nota como la gripa o el dolor de estómago o una pierna fracturada, tenemos que explicarle a la gente que nos sentimos mal aunque nos veamos bien y que no, no se trata de echarle ganas, o de ponerle ánimo, o de creer que las cosas estarán mejor. ¡Justo estamos enfermos de no poder creer esas ideas!

Así empiezan los días malos. Y si esos son los primeros minutos del día, ¿imagínense cómo la pasamos si logramos salir de la cama y arrastrarnos al trabajo (si es que la chingadera de enfermedad nos permite hacerlo)?

Tener depresión es como estar pegajoso en la vida, como si intentar avanzar por los minutos del reloj fuera imposible porque a cada paso tienes que destrabar el pie, y luego el otro, y el otro… Es un ejercicio interminable para repetir una acción tan simple para muchos, como dejar que pase el tiempo. Para nosotros el tiempo no pasa, nos atraviesa, nos usa, nos extiende la tortura, y cada minuto sintiéndonos miserables se expande.

 

¿Cómo es un día bueno?

Claro que en más de 4 décadas han habido días en que me despierto y me estiro como gatito que sabe que al final de sus 79 posiciones de yoga relajante, caminará elegantemente a su plato, lleno de croquetas y esa idea le llena el corazón de felicidad. Sí, sí he tenido días de esos. Y sí, me gustan y me alientan y me llenan el corazón de una sensación cálida y relajante que se recorre por mi pecho hasta la cabeza y luego se va.

Me pasa. Y no muy seguido. Y no, no puedo repetir la fórmula, no puedo pensar en eso y hacer que vuelva a pasar. Mi mente es más lista que eso y no se engaña con lo que sea.

En un día bueno puedo hacerlo casi todo: no se me olvida comer, ni lavarme los dientes ni bañarme. También puedo hacer plática casi intrascendente (es decir, relajarme y convivir ?) y así paso un poco por normal. Y lo hago porque conseguirlo me da satisfacción, me recuerda que hay días en que la depresión no interfiere con mi esfuerzo contra ella y consigo salir adelante.

 

¿Y por qué no te esfuerzas todos los días y luchas contra la depresión?

Yo no sé mucho de americano. De futbol americano. Lo poco que sé me lo enseñaron mis dos maridos, ambos jugaron y pues tocaba aprender. Para ambos el futbol les había dado la disciplina que tanta falta les hizo en la adolescencia. Les ayudó a entender su fuerza física y enfocar la mental. Sirvió para entender sus emociones y usarlas en lo práctico.

En ese sentido, me paso toda la vida jugando futbol americano: disciplinadamente me recuerdo que si la idea de suicidarme viene, tengo que decirle: “Ahorita no joven, estoy trabajando”. Si insiste: “Pérame, te veo a las 5, ahorita estoy ocupada”. Si empiezo a alucinar con imaginar la escena, si pienso en cómo hacerlo, entonces tengo que dejarla que lo haga y no poner resistencia, poner música, cantar, intentar bailar donde sea que esté.

A veces la locura cree que por hacerlo le estoy diciendo que sí, y sí, pero como la negra del son: le digo que sí, pero nunca cuando. Ese es el siguiente paso. Cuando ya estoy muy convencida de suicidarme, entonces le pongo fecha, y siempre postfecho ese cheque. Le doy años de distancia para entretenerla.

En mi cabeza eso hace un entrenador de futbol, piensa estrategias para que cada jugador de su equipo haga algo en contra del enemigo. Pero cuando me dicen: “Échale ganas, ánimo, verás que mañana será otro día”, es como si me mandaran a taclear al equipo contrario armada del jugador más enclenque del mundo, sin casco, sin hombreras y cada minuto.

Mi depresión es, como el equipo de defensa de los Steelers a finales de los 90. Y mi mente es como un montón de gatitos drogados que sólo quieren amor, y croquetas, y arenero limpio y… ¡ay mira, ahí hay alguien a quien le podemos hacer cariños! Y ya, valí madre, me distraje y mi gatito interior ya dejó que los jugadores de la NFL de mi depresión lo aplastaran.

 

¿Y la solución?

No sé cuál será la tuya, pero te platico la mía y espero que te sirva.

 

  1. No importa lo difícil que sea, SALTE DE LA CAMA. Te juro que sirve que te arrastres a la ventana y veas el sol, estires la espalda y hagas que tus ojos enfoquen más lejos que la tele, ayuda. Aunque no lo sientas, salte de la cama, y respira.
  2. COME. Ya sé, es una pus. A mí me dan náuseas todo el tiempo y por todo. Y siempre he creído que tiene que ver con la depre, con las emociones, con algún trauma. OJO: amo comer. Los placeres más grandes de mi vida empiezan con C. Y comer es uno de ellos, pero me gustan las comidas planeadas, las que calculas todo el tiempo qué combinarás, cómo maridarás. Evidentemente lo que me gusta es el control del placer, construirlo, pero comer en sí, alimentarme, llenarme el tanque de gasolina nutritiva no se me da. Y pues hay que hacerlo. Ponte alarmas, no dejes un día sólo comiendo helado y galletas y refresco y cigarro.
  3. Olvídate del azúcar. Neta, olvídate del azúcar procesada. Eso de desayunar café (con una de azúcar aunque sea sustituto) y un pan dulce de bolsita es como alimentar tu cuerpo de aire explosivo. El ázucar nos da un subidón, y luego nos baja y nos da ansiedad por comer. Entre más veces comes, más chamba tiene tu organismo y pues el pobre ya está lidiando con la confusión que le provoca la depre (mareos, cansancio crónico, insomnio, falta de apetito, dolor de cabeza, dolor en el pecho, dolor de espalda). Si le das la tarea de metabolizar un montón de bombas de azúcar (refresco, galletitas, chocolates de tienda, caramelos) no le estás dando chance de aprovechar comidas que lo nutran y que poquito a poco construyan algo mejor que un boost de energía. Deja el azúcar ya.
  4. Las redes sociales son para convivir, no para vaciar tus miedos y angustias y compartirlos irresponsablemente con todos tus conocidos. Para eso está el consultorio de tu terapeuta. Recuerda que todo lo que pones en tu Facebook lo ve alguien, y sí, a lo mejor consigues la reacción que querías pero no te atreviste a provocar en vivo, pero también habrá consecuencias para ti, y no te van a gustar. Sé el community manager de tus ideas, y no andes publicando todo a lo menso. 
  5. VE A TERAPIA. ¿Que cuesta mucho? Bueno, pues pide ayuda. Todos esos amigos que te dicen que le eches ganas, pos que le echen ganas ellos y te ayuden. No les pidas lana para tu consulta a cualquiera, eso sólo está para la familia y normalmente lo hacen porque a ellos también les afecta tu depre y les beneficiará que vayas.  Pero no sientas miedo por pedir ayuda.
    ¿Te da miedo ir? Pues sí, a todos, sobre todo porque igual y nos dicen que sí podemos solos y qué horror, si de ahí venimos de estar solos, lo que menos queremos es seguir solos contra esto. Pero si sigues yendo te darás cuenta que la terapia hará que le pierdas miedo a eso de poder con la depre all by yourself.
1 comentario
  1. Lu
    Lu Dice:

    aun no se com decirles a mi familia sin que me manden a decir que estoy loca y que me comporte como una persona normal, ¿que puedo hace para poder librarme de este dolor del estar vivo, pero a la vez intentar vivir?

    Responder

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