Somos oxígeno, nitrógeno y carbón. Y no sólo lo dice Nacho Cano en esa chulada de canción llamada Aire, que por cierto, narra un suicidio en medio de una alucinación. Somos sustancias químicas. Nuestras emociones son provocadas por otros químicos y a veces esas emociones provocan otras emociones que también, son químicos.

El amor es un químico. El más potente de todos. Love is all you need. Y por favor, quien contradiga a The Beatles, tiene problemas graves, tal vez hasta psiquiátricos.

Sirva toda esta introducción para tratar de contestar el texto de Gibrán Ramírez Reyes, publicado en Milenio sobre su opinión como politólogo del actuar de las farmacéuticas y las enfermedades mentales.

Si no lo han leído, dense. Aquí está.

Me hicieron favor de mostrarme el texto, y me advirtieron: “No te vayas a enojar”. Así que leí sabiendo que para otros era ofensivo y molesto. Como ahora me dedico semiprofesionalmente a esto de la divulgación de la vida como paciente mental, resulta que mi opinión importa en este tema. El «semi» es porque no cobro por hacer esto y por lo tanto mis habilidades de “paciente de carrera” me cuestan, no me dan. Y por lo tanto, mi opinión no está sesgada más que por mis intereses, no por mi cuenta bancaria o mis necesidades profesionales.

Muchas veces he dicho abiertamente que la depresión es una enfermedad producida por un desbalance químico. También he dicho, apoyada por los médicos que me han tratado, que la depresión es una enfermedad compleja de la que sabemos poco, que afecta a muchísima gente de todos niveles socioeconómicos, culturales, con distintos tipos de padecimientos sistémicos o sin ellos y que, por ello, muchísimos científicos (es decir, médicos dedicados por años a estudiar padecimientos psicológicos, psiquiátricos y neurológicos) no han podido encontrar una pastilla tan mágica que nos cure.

Ni para hacer buenas películas, ni para ser buen escritor, ni para curarse de una enfermedad. No hay.

Yo no soy médico, yo nomás soy una escritora, mujer, morena, de 40+ años, mexicana, es decir: sometida a la violencia sistematizada, a un sistema de salud que con muchísimos esfuerzos, a veces, consigue procurar salud, donde montones de profesionales de la salud tienen que cubrir muchísimas veces con sus propios recursos las carencias del sistema; ese sistema que da la nota a nivel internacional sobre cómo en los hospitales públicos no hay medicinas (psiquiátricas y no) para atender a sus enfermos.

Yo nomás soy eso. No soy politóloga, no estudié en la UNAM ni en el COLMEX (tuviera tanta suerte). No soy profesora en la facultad que me forjó. No escribo una columna que leen miles de personas qué tal vez, como yo, están enfermas y requieren el consejo de un médico. Yo soy escritora, y si se meten a nuestro Instagram, verán que reseño libros de psicólogos de médicos, que en ninguna de sus hojas recomiendan medicamentos. Soy escritora y soy paciente de carrera. Y desde ahí, tengo tres cositas que decir sobre el texto de Gibrán:

  1. Johann Hari es un escritor y periodista que ha dedicado su carrera a escribir sobre depresión, lo que él llama “guerra contra las drogas” y las adicciones. Tiene un TED Talk donde propone que los enfermos de depresión entramos en un ciclo vicioso de aislamiento que agrava nuestros síntomas (estoy muy de acuerdísimo). También está acusado de plagio por su trabajo y cuando comprobaron este plagio, no quiso regresar la lana del premio que se ganó plagiando textos. Vaya, nadie es perfecto y por lo tanto, nadie tiene la verdad absoluta. Ni el nazismo pudo mantener esa teoría de que la psiquiatría no existe.
  2. Ahora entiendo por qué no se le puede dar la razón a nadie. Como perderla no implica un desbalance químico, porque esas cosas son inventos del monstruo farmacéutico, no hay cómo sintetizar la razón y ponerla en pastillas para dárselas a quienes la pierden.
  3. Zapatero, a tus zapatos. Científicos, a su ciencia. Médicos a su servicio y pacientes a eso, a ser pacientes. ¿Politólogos defendiendo teorías que aclaman que no se necesitan medicamentos para curarse en una época en que el Estado no está procurando medicinas? Bueno, supongo que esos son los menesteres que Gibrán tiene que atender desde su trinchera.
Esta es mi versión favorita de Aire.
Nocieto. También amo esta.
2 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *