Normalmente nada. La mayor parte de nosotros no celebra. Muchos de nosotros, además de padecer depresión -lo que provoca que muchas veces no sepamos ni qué día de la semana es- padecemos ansiedad social y entonces la idea de una celebración, de ser el centro de atención mientras los demás cantan y te ven y esperan que reacciones de determinada manera… Uy, lo escribo y se me eriza la espalda.

Yo cumplo años los 19 de noviembre. Este año cumplí 41. Son 11 más de los que de niña pensé que podría vivir.

Empecé el día temprano, porque mi Dear Carlos Sandoval me despertó con el sonar del teléfono para cantarme las mañanitas en alemán, «que ya ni sé si es alemán, que hace años que no lo practico». Tiene suerte ese hombre de que le conteste… le contesto el teléfono a tan poca gente… Me tomé mi Prozac a mi hora, escribí, leí, limpié la casa, me vi con Steph y Joakim a las 2 para comer en Otto que es mi lugar de confianza y rutina, comimos postre extra Casa del Fuego aunque estaban a punto de cerrar pero mi tocaya, la chef, me apapachó haciendo tres órdenes más de pan francés y Emilio me preparó mi café sónico; luego caminamos a la horrenda Plaza Galerías de las Estrellas, que es la cúspide de lo kitch y mi jefe me regaló un año de gimnasio («Es prestación laboral, y así me aseguro que Stephanie también irá al gimnasio»). Compramos un par de libros en el Sanborns, recorrimos la plaza mientras me daba un ataque de risa porque Stephanie imitaba el acento norteño que Jan de la Rosa (editora del Depre Book) tiene ligerititititito, pero que Stephanie exagera. Salimos de la plaza y cada quien se fue a su casa.

Un día antes había pasado la tarde con Magos, Jan y Stephanie y después, abrazando a C3P0, uno de mis gatos, mientras lo dormíamos porque sus riñones fallaron. C3P0 tenía 14 años, que son los que a mí me gustaría vivir a partir de este momento. Llegué a casa y vi su cojín vacío y sentí un hueco en la panza, pero agradecí tener los medios y a Rafa Paz como amigo y veterinario para evitarle sufrimiento a mis animales.

Entonces abrí a Laramburu (mi computadora) y me puse a ver documentales. El último que vi se llama «Diagnóstico Bipolar: Cinco familias buscan respuestas». Está en HBO, por si quieren verlo. En algún punto uno de los padres de estos niños diagnosticados como bipolares dice: «Es que no es normal que un niño de 6 años diga: Tengo plan A, B, C, D, E y 6 para suicidarme. ¿Quién habla así? No es normal». Y me reí. Yo no hablaba así, pero eso pensaba. Y no hablaba de suicidarme porque no hacía falta hablarlo, en mi casa se hablaba de muerte y de cualquier tema «adulto» contándome a mí entre ellos… y no es por hacerme la lista, pero de verdad no me quedaban grandes los temas, los entendía y participaba.

Nomás que yo no era violenta, que es una característica de la bipolaridad, la autodestrucción, los golpes, la irritabilidad hasta los trancazos. Recuerdo sólo cuatro episodios violentos en mi vida: uno en casa de mi tía Lucha (que siempre me cayó fatal), dos con mi hermana Maruja y uno con mi exmarido Rojito. 41 años, y no han habido más. Lo que hay es lo otro… esa cosa de sentir que me muero, que imploto, que desaparezco, que no estoy, o que estoy de más, o que todo me lastima, que todo es como una sirena de patrulla y que no puedo cerrar los ojos.

Hoy pasé el día con dos de mis  hermanas, la que me enseñó a escribir y la que me enseñó a mandar todo a la chingada sin despeinarse. Yo tengo 41, ellas 56 y 54. Ya nos alcanzamos. Ya somos adultas todas. Ya no soy una niña chiquita que estorba o grita. Ahora son ellas las viejitas cotorras que gritan y se ríen en el restaurante y yo pongo ojos de huevo cocido porque me da pena, pero me da ternura.

 

No celebro, no me gustan las mañanitas, no me siento cómoda. Carlos Sandoval y Mike Chávez me cantaron por teléfono y yo pude esconderme en mis cobijas para no sentirme vista (sí, ya sé que es una ridiculez). No celebro porque de verdad vivir, con todo y estas enormes muestras de amor, me cuesta un huevo, la mitad del otro ovario y cada uno de los óvulos que hay dentro (y no, no he usado ninguno). Vivir es como respirar aire pesado y tratar de aligerarlo con cada exhalación. No celebro porque desde que me acuerdo me pregunto para qué carajos estoy viva. Pero reconozco que cada año que he aguantado vivir he aprendido algo, que cada año que he soportado esto ha valido la pena, algo sale bien.

Este año, los reconozco a ustedes, a esta comunidad, y por ella vale la pena seguir.

 

 

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