Hola de nuevo, soy Shantale la melancólica. Un gato llegó a mi vida cuando más lo necesitaba…enseguida supe qué hacer: quererlo. Gracias por leerme. Luz colectiva para los apagados.

Estoy en un mes difícil y muy particular, quizá no sea la única. Si me estás leyendo en un momento de debilidad o tristeza profunda y crees que un gato llegó a salvarte, te entiendo perfectamente.

Curioso cómo se acomoda todo cuando eres romántica, ves y buscas señales por doquier. Llegó un gato a mi vida –a la vida de Eduardo y la mía– justo cuando más desganados y tristes estamos…

Me pongo a leer acerca de gatos y los efectos que causan en los humanos porque me intriga y quiero comprarme sola la historia de que llegó por algo y para algo, pero me cuesta pensarlo como un ser utilitario. Como sea estoy en ello y justo hoy veo que mi amigo Rafa publicó que ya van 4 meses desde que murió su gatita al mismo tiempo que en Spotify suena The Greatest de Cat Power mientras este felino del que les quiero hablar se acuesta en mis piernas dificultando que pueda escribir y me veo en la necesidad de hacerlo a una mano y toda torcida. ¿Ya están viendo la escena? No sé qué opinen pero el tratamiento ya comenzó.

Precisamente hoy que fui a terapia (con un ser humano como yo, sólo que una mujer sabia y que ve más allá que yo) y claro me sentí mejor porque me desahogué, pero no me di cuenta hasta hace unos minutos de que también me está ayudando Ringo Starr –ese será su nombre, creo– porque diario salgo a buscarlo, le dejo listos los recipientes en donde le pongo agua fresca y croquetas en lo que decidíamos si adoptarlo o mejor dicho si él decide quedarse.

Foto: Edu

Después de varias lecturas confirmo lo que intuitivamente ya sabía: los animales curan y en especial los gatos son misteriosamente oportunos para llegar e irse de nuestras vidas. Este gatito en particular ha sido fácil de querer, su carácter es dócil y se ve que nadie lo ha asustado ni maltratado porque se relaja y vulnera sin titubear. Lo más que parece haberle ocurrido es un raspón en la pata y una pequeña cortada en la oreja que me recuerda a Nemo de algún modo.

Mañana lo llevaré por primera vez al veterinario y comenzará oficialmente el proceso de domesticación, mismo del que no me siento muy orgullosa, pero como el criterio que aplica aquí es el del humano, pues decidimos darle una vida casera, ojalá que él quiera quedarse con nosotros. El tiempo que dure lo disfrutaremos, porque ya saben lo que se dice, que los gatos eligen a su dueño y no al revés.

Foto: Creative Commons

Entre ronroneos y cariños me voy sintiendo más en paz, incluso me ayuda a apaciguar la latente neurosis y pienso dos veces antes de golpear la pared con el puño (de cualquier manera sería “darme un balazo en el pie” porque tengo trabajo y con la mano jodida no sería fácil llevarlo a cabo, ni podría estar escribiendo ahora mismo este texto. Pero es que a veces el enojo es mucho y la decepción profunda, sin ponerles rostro pues ya ni sé quién provocó que me sintiera de este modo, pero identifico con claridad ambas emociones.

No me conocen suficiente aún, pero ya he adoptado gatos antes y el desenlace en cada caso ha sido distinto, no siempre favorable… lo dicho, ellos eligen hasta cuando y otras veces yo he sido egoísta o estúpidamente práctica y me prometí no volver a tener mascotas hasta estar lo suficientemente estable como para ofrecerles lo mismo. Es entonces donde me pregunto: ¿qué diablos es la estabilidad y cómo se consigue? Tal vez lo que ocurre es que ya me perdoné por gatos pasados y quiero hacerlo de otro modo ahora, acompañada. No niego el instinto maternal.

Larga y cómoda vida para Ringo y que Eduardo y yo podamos gozar de su compañía y sus poderes sanadores que en este momento tanta falta nos hacen.

The Greatest de Cat Power suena casualmente mientras escribo este texto. (YouTube)

1 comentario
  1. Kim
    Kim Dice:

    Tienes razón , los gatos llegan cuando tienen que llegar y deciden si quedarse o no! Ojalá Ringo quiera hacerte compañía en este proceso.

    Responder

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