Porque no lo sienten. Es así de fácil. Si entre nosotros luego nos desesperamos…

¿A poco no les ha pasado que oyen a un colega de depresión hablar de su experiencia y dudan? Dudamos porque nuestra depresión es distinta, porque lo que nosotros sentimos se ve y siente distinto y no nos imaginamos que pueda suceder de otra manera, hasta que oímos a más y más personas, y descubrimos que ninguna depresión es igual; claro, habrá algunos rasgos parecido, y gracias a ellos los terapeutas, psicólogos y psiquiatras pueden organizar ideas para ayudarnos, pero de que cada monstruo es distinto, no hay duda.

 

Me pasé el fin de semana con un dolor de cabeza tan intenso, que con sólo moverla me retumbaban los oídos. Dentro de mi cráneo se escuchaba un silbido agudo y largo, que desaparecía como hace un gong tras ser tocado. Apretaba la mordida para aliviarlo, pero como no tengo muelas inferiores en el lado izquierdo (porque en un ataque de pánico me la rompí y es hora que no junto el dinero para el implante) no sentía el alivio en el lado izquierdo. Traté de darme masaje en las cienes, pero mover las manos hacia la cabeza, levantar los brazos hacia la cabeza, me dolía. Ya había tomado un gramo de paracetamol y faltaba una hora para las medicinas de la noche. Me esperé tratando de dormir. Ayuda mucho que los gatos se me acomoden en todos lados y ronroneen. Algo tiene el sonido del ronroneo (que algunos dicen, lo ajustan para que nosotros lo percibamos mejor) que me fue aliviando hasta poder levantarme, tomarme otro gramo de paracetamol y mis medicinas.

Entonces recordé que hacía 20 años, tal vez más, vino a comer a mi casa un cliente de mi padre, y en la plática de sobremesa comentaba que le daban migrañas. A mí se me encendió el foco como loca: por fin podría hablar con alguien que no me conocía, enfrente de mi papá, de lo que me dolía.

-¿En serio? A mí también me pasa, pero me duele sólo una cuarta parte del cerebro, aquí, y muy intenso y luego nada.

-No. Eso no es una migraña. Evidentemente no te han dado.- Dijo el tipo con mucho desdén. Mi papá lo captó y en vez de defenderme o darme la voz, o si quiera preocuparse por si me dolía la cabeza constantemente, dijo: -No sabes lo que dices, deja que el señor hable.

Noposgraciasapá. Esa fue una de las muchas veces que mi papá escogió los negocios por encima de su familia. Claro, para él no era así, para él era: «estoy escogiendo los negocios para poder proveerle a mi familia». Y tenía razón: sin ese negocio no se podía pagar mi colegiatura o la comida o la hipoteca. ¿Ven? Es perspectiva.

Cuando le contaba a Steph sobre mi dolor de cabeza me preguntó: «¿Cómo te duele a ti?» Jijos manos, qué diferencia poder hablar con alguien que sabe que tienes algo parecido pero que no es igual, y que aunque te duele horrible ver la pantalla del celular, necesitas hablarlo con alguien.

 

Mi depresión es suuuper light, fresa, hipster. Creo. Bueno, en comparación con la depresión de muchas de las personas que conozco, y de cuando me da depresión mayor. Yo siento que vivo bien todos los días, con trabajo y algunos tropiezos, pero los vivo bien: como aunque sea una vez; aunque nomás sea una cosa, hago UNA cosa en el día de mi lista de pendientes. Vaya, la libro bastante bien. A veces hasta salgo. Justo ayer que salí me encontré a mis amigos Javi y Analú y me dijeron: «Ah qué gusto verte bien, la semana pasada sí nos dejaste preocupados». GULP. Y pues sí, yo misma sé que la semana pasada andaba mal, pero no sabía que se me notaba. Ando por la vida pensando que me veo normal, y resulta que sí se me ven las costuras. Ni modo, así es la distimia.

Mis amigos me conocen, mucho y muy bien. Porque tengo pocos, y porque me expongo mucho porque ya aprendí que es mi forma de pedir ayuda: con a la gente con quien sí me siento cómoda, les dejo verme las costura, se las señalo incluso. Con la que tengo mucha confianza hasta les pido que me digan si llevo muchos días sin bañarme o sin arreglarme o sin salir. Así me monitoreo, me obligo. Pero mis amigos, muchos de ellos, padecen depresión, la han padecido o mejor aún, han sido suficientemente amorosos como para leer, ver videos y educarse sobre la enfermedad. No sólo por mí, si no por otras personas que los rodean o por ellos mismos.

Como siempre les digo: tengo muchísima suerte.

 

Sé que muchos de ustedes no cuentan con un entorno familiar que los apoye, yo insisto en que ser huérfana es la mejor herencia que me dejaron mis papás, y que el hecho de que mis hermanos y yo tengamos una relación lejana y distante es bastante benéfico para nosotros. Sé que la mayor parte de las familias no tiene el valor de hacer lo que nosotros hicimos y se guarda rencor para no hablarse. A nosotros, insisto, nos tocó muy buena suerte.

Yo no sé desde hace más de 20 años lo que se siente que no te crean que estás deprimido, que no puedes contigo, o que no sabes qué demonios te pasa. Y vivir así me ha hecho tener confianza en mí: Lo cuento, lo escribo, pregunto, investigo.

No sentir el apoyo de tu familia duele mucho, porque es de quienes esperamos más. En mi lógica, que es muy retorcida, justo porque de ellos esperamos más, y porque de ellos la sociedad exige más, es de quienes tendríamos que esperar y pedir menos. Vaya, también es una friega para ellos, también tienen miedo, también tienen angustia y culpa, ¡y ni siquiera tienen depresión!

 

Si ya intentaste todo y aún así no entienden, seguro ya te dijeron que el problema eres tú. Y te debe haber calado en el alma, pero… ¿y si te lo tomas super en serio? Eso fue lo que hice yo. Cuando alguien no me cree, no me enoja, no me incomoda, simplemente acepto que no puede entenderlo, y le explico con manzanas, con naranjas, con gatos, con palabras complicadas, con aviones, con procesos, como lo necesite, pero me aseguro de hacer mi parte de la chamba. Y eso tiene dos ventajas:

  1. Le gano a la Depresión una batalla porque le enseño que yo puedo más que ella aunque ella sienta que me domina toda. Yo pude explicar, pude armar un plan, pude conocerla y sentarme con ella y entrevistarla y sacarle la sopa para poder mostrarle a otro cómo es. IN YOUR FACE, DEPRESSION!!!
  2. En una de esas, consigo que alguien lo entienda. IN YOUR FACE, DEPRESSION!!!

 

Si a pesar de intentar de esta manera no puedes, échamelos a mí. En estos días de lectura en vivo hemos comprobado que si invitamos a nuestros seres cercanos a unirse nos entienden mejor. Pídele a tu gente que se meta al sitio, que se una a las lecturas de los martes y jueves, que me lea a mí en este espacio, que me reclame a mí, que me escriba a mí. Yo ahorita puedo por los dos.

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