El deprebook

Yo sé que todos tenemos tentaciones y que eso de vivir básicamente se trata de sentir, de aprovechar el tiempo, de tener experiencias inolvidables, de sentirnos mejor. Nomás que en el ánimo de hacerlo, también nos contradecimos, también nos hacemos daño, también terminamos dañando a los demás.

Les dejo aquí una brevísima, pero muy detallada, lista de 5 actividades que conscientemente he eliminado de mi vida para evitar lastimarme más, dañar a otros, abandonar la incongruencia y beneficiar mi tratamiento.

  1. Nada de drogas recreativas. – La neta, eso lo hacía incluso antes del diagnóstico. La única vez que me ofrecieron marihuana fingí darle un jalón para salir de la bronca. Pasa que aquí su amistad, es un poquito reaccionaria y este tema de «la guerra contra el narco» no me parece que sea una moda, ni creo que haya sucedido solamente en los últimos 20 años. Ha sucedido siempre. Y me parece ultra irresponsable quejarse del país y consumir drogas ilegales.
    Pero más allá de eso: siempre supe que había algo raro conmigo, siempre pensé que la realidad que vivía ya estaba suficientemente alterada. Tenía 8 años la primera vez que me enfrenté a lo que en mi familia se llama locura: un brote psicótico esquizoide. Sé cómo se ven y sé que no necesitan que les agregues nada.
    Hoy hay una lucha importante por legalizar la marihuana y recuperar sus usos medicinales, y tengo cero bronca con ello, nomás que sin receta, no hay mota. Literal.
  2. Nada de alcohol.  – En la adolescencia sí tomé mucho. Me podía acabar dos botellas de tinto solita en mi cama, sin que nadie supiera. Pero antes, en la infancia, ya había recibido entrenamiento para aguantar. Mi padre era alcohólico, una de mis hermanas aceptó serlo y se fue a AA. Entendí que las adicciones corrían en mi familia y que no era un territorio que yo debía recorrer: no había nada por averiguar. Si lo intentaba, iba a salir mal.
    Aquellos años de adolescente tomando sola en mi cama, se fueron como vinieron, por fortuna, sin lastimar a nadie. En mis 20s confiada por la estabilidad de mi matrimonio me animé a probar por primera vez el Bacardí. El resultado fue poco más que vergonzoso. Me puse una borrachera tal que llegué vomitando a mi casa. Mi entonces marido me dijo: «Mira, yo ya me pasé toda la adolescencia cuidando a los borrachos de mis amigos, no lo quiero en mi vida de casado». Santo remedio, no volví a hacerlo.
    Luego vino el diagnóstico, y con él la prohibición específica de parte de los doctores de no tomar alcohol mientras estuviera en tratamiento. Soy estúpidamente obediente ante esta petición. No sólo le tengo mucho respeto a alguien que ha estudiado más de una década para servir a otro ser humano, también soy estúpidamente rígida: si acepté el tratamiento es porque me rendía ante la enfermedad, así que debía seguir todas las instrucciones.
    Eventualmente tuve una época de estabilidad suficientemente larga como para que mi psiquiatra me diera permiso, si así lo quería, de tomar pero sólo 1 a 2 mezcales, tequilas o vodkas, con comida, y acompañada por alguien de confianza y sin mezclarlo con mis medicinas. Y lo hice. Gracias a ello tengo dos noches de recuerdos muy lindos con eso. Volví a tener crisis y no hizo falta que nadie me dijera que no tomara.
    El efecto relajante que tiene el alcohol nos confunde, igual que el de cualquier otra droga recreativa o incluso que las que nos recetan. La cosa es que las recetadas vienen con un plan, están medidas y estudiadas; y el alcohol está estudiado también, por sus malos efectos.
  3. Nada de sexo casual – Ya sé, esto suena a prohibición total de la vida. Y casi, es. Pero les juro que vale la pena. Sobre todo si tienes diagnóstico de Bipolaridad o Personalidad Limítrofe. Es la limitación que más trabajo cuesta, porque el sexo casual es una trampa para sentirnos queridos.
    Una amiga con Hipomanía tuvo varias experiencias sexuales, luego de divorciarse, completamente fuera del contexto de su personalidad y su carácter; cuando lo platicamos me dijo: «yo sólo estaba buscando que me abrazaran».
    El sexo es necesario y es sano. CIERTO. El sexo forma parte de la vida natural de cualquier persona. CIERTO. El sexo es liberador de endorfinas y nos pone de buenas. CIERTO… Siempre y cuando suceda en el contexto de la salud mental, esto es: dos adultos con capacidad de consentimiento, que busquen un momento de placer sexual, sin motivos ulteriores; que tengan buena autoestima y que no estén buscando llenar un vacío emocional con el sexo y las emociones que provoca. La adicción al sexo y al «amor» (lo pongo entre comillas porque las siglas de donde tomo esta frase no se refieren al amor, si no a la enfatuación) es real y es parte de muchos trastornos emocionales. Neta, ya estamos metidos en muchos problemas, no hace falta que le metamos más.
  4. Nada de automedicarse o autodiagnosticarse – Mi nana tiene tiene 35 años limpiando casas. Yo tengo 20 escribiendo. Mi hermana tiene 25 años como educadora. Si cualquiera viene a decirnos cómo hacer nuestra chamba sólo es justificable por una razón: Sabe más que nosotras.
    Recordando que mis únicas dos credenciales para hacer este espacio son: llevo 15 años de diagnóstico formal y 20 escribiendo, les voy a contar una cosita horrible que no saben de internet. Los artículos que leen googleando palabras como «depresión», «efectos de la fluoxetina», «enfermedades provocadas por los medicamentos psiquiátricos» o son escritos por gente a la que le pagan .80 centavos de dólar por escribir o traducir notas a tasajo, o son textos pagados por las mismas farmacéuticas para provocar más miedo del que ya provocan.
    TODAS las medicinas tienen efectos secundarios. TODAS las enfermedades tienen distintas etapas y evoluciones y no hay manera de escribir todos los matices y combinaciones que pueden haber en un sólo libro, ni en el DSM (en ninguna de sus ediciones).
    Cuando entras a una computadora y googleas tu enfermedad o tus síntomas, es como si te pararas a la mitad de una avenida a gritar esos nombres y cualquier persona te contestara. En cambio, si vas a un consultorio, de alguien que estudió para entender esas palabras y sus variantes y le informas cómo te sientes, esa persona tendrá las habilidades de combinar su experiencia, con la información actualizada, más la experiencia que conoce de otros pacientes.
    La mente es terreno con poca exploración, y no hay tantos exploradores buenos, bien preparados como quisiéramos. Por favor, no le concedas a Google la posibilidad de diagnosticarte o medicarte. Mejor googlea: «Psiquiatras en mi zona».
  5. No llevar registro de mis emociones. – Suena bien raro, pero así como la gente que está a dieta a veces tiene que contar las calorías o las cantidades de comida que ingirieron, es muy útil para los pacientes emocionales QUE NO TIENEN OBSESO COMPULSIÓN llevar un registro de cómo nos sentimos. Desde un diaro que cuente todo lo que hacemos y cómo nos afecta; hasta una app con emoticones que resuma en un dibujo el estado general de tu día.
    La última crisis que tuve consistió en varios ataques de pánico muy fuertes. Había estado estable durante dos años, no tenía crisis graves de depresión ni ansiedad, tampoco las ideas suicidas eran más recurrentes o persistentes. Pero entonces tuve un ataque de pánico, llevaba más de 6 años sin ninguno. Fui al Nacional de Psiquiatría y al hablarlo descubrimos que estaba francamente agorafóbica. Un mes después me dio otro ataque. Tuve mi primer cita en el Consultorio A y otro ataque más. Eran ya 3, ciertamente cada vez menores, pero ahí estaban, casi periódicos. Mientras tanto yo seguía tomando mis medicinas y apuntando mis emociones. Entonces me di cuenta: los ataques de pánico coincidían con los días en que mi calendario marcaba Síndrome Pre-Menstrual. ¡AJÁ!
    Dos meses antes del primer ataque había ido a visita regular al ginecólogo. Tras hacerme análisis notó que tenía altísima la prolactina (sí, de lácteo, justo es la hormona que sirve para producir leche). Le aclaré a mi ginecólogo todas las medicinas que tomo y, pues resulta que coincidentemente, ALGUNAS MUJERES que tomamos antidepresivos, solemos tener altos los niveles de prolactina. Cómo era lo único que encontró, me mandó una medicina para controlarlo. La tomé. Ya saben, soy la más obediente. Un mes después me cambió los anticonceptivos. Y nomás llegó la primera semana de SPM y adiós estabilidad.
    Descubrí eso gracias a mis anotaciones. Gracias a mi necesidad de entenderme. Eso no significa que yo tomara decisiones médicas al respecto. Lo platiqué con mi psiquiatra y me explicó que es muy probable que la medicina que me mandaron, junto con los eventos que viví en esos meses, provocaran la recaída. Suspendimos los anticonceptivos y dejamos descansar a mi cuerpo unos meses. Ahora apenas voy a volver con mis anticonceptivos anteriores…- Pero a ver, espérate María, si tú dices que no hay que tener sexo casual y eres biiiien solterísima.
    – ? Pero tengo 40 años. Y mis hormonas están quejándose muchito porque no me reproduje, y hacen de mí SPM una guerra sin cuartel contra mí.

    Hay anticonceptivos que no afectan el trabajo de los antidepresivos (CONSULTA A TU PSIQUIATRA Y A TU GINECÓLOGO, no a mí, yo no soy médico), pero que ayudan a eliminar los síntomas horrorosos del síndrome premenstrual.

    Toda esta maravilla de la investigación sucedió porque llevo un diario de emociones. Sirve. La información sirve. Echarle humildad y recordar que tus médicos son profesionales que dedicaron añísimos para estudiar (en los cuales se perdieron varios eventos familiares y pasaron muchas noches sin dormir) y luego dedicaron otros muchísimos años dando consulta (y muchas veces poniéndote a ti como prioridad antes que a ellos mismos o a sus familias), así que puedes confiar en ellos… siempre y cuando les ayudes a haciendo tu chamba

    Mucha gente me ha dicho que debería drogarme (recreativamente), tomar, ir a fiestas (no me gustan), tener sexo casual y dejar de estar trabajando/pensando en mi diagnóstico. Que no tengo vida. Que debería relajarme, dejar que la vida fluya, meditar y darme a la ayahuasca. A veces agradezco la buena intención, porque a veces lo dicen con buena intención; la mayor parte de las veces no saben de qué hablan y escupen lo que se les ocurre porque mi vida confronta sus propios hábitos, padezcan o no alguna enfermedad psicoemocional. Por fortuna tengo gente más importante en mi vida a quién escuchar: mi nana, que me cuida cuando estoy mal y me disfruta cuando estoy bien. Steph, que es mi cómplice de enfermedad. Mi Comadre, que me ha enseñado a disfrutar la vida sin caer en los lugares comunes. Mis amigos de Syrup Collective que llevan nomás 5 años confiando en que loca y todo, soy muy capaz de trabajar. Mis colegas de animales, que no me han levantado semáforo rojo por la cantidad de animales con la que vivo y que cuando me paso de idiota me lo recuerdan.

    Busca a esa gente en tu vida. No, no está en el buscador de Google. Ni en el alcohol. Ni en la fiesta. Ni en un churro. Ni en el sexo casual. Te juro que si cierras los ojos y te das chance de revisar tu vida tan objetivamente como te sea posible, descubrirás que lo que necesitas está entre tus manos.

Publicado por Mariaisabel Mota

Soy María. Soy escritora de oficio. Llevo unos 25 años escribiendo y unos 35 entendiendo que padezco depresión. Decidí juntar ambas cosas y comenzar a escribir un libro. Este sitio alberga el proyecto.

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