Soy remensa para soltar el cansancio, la tensión, el enojo afuera de mí. Hoy es uno de esos días en que estoy pagando las consecuencias de hacerme la valiente y exigirme de más.

No puedo dormir porque el estómago está completamente en guerra. Retortijones, ruidos, dolores. Todo el show.

El lunes hubo clase, estuvo más larga de lo esperado y me tomé tarde las medicinas. El martes, hecha un trapeador, salí a comprar ropa indispensable (calzones pues) y caminé un montón y estuve en la calle con gente.

El miércoles hubo clase: extra ruidosa, extra intensidad. Pero además antes de la clase, en plena manía, me topé con Amandititita y faneé durísimo.

El jueves era un trapo. Y aún así quise ir al Centro a conseguir equipo para las clases. Al Centro. Histórico. De la Ciudad de México. Seis gotas de Clonazepam permitieron el milagro.

El viernes fui al banco, al súper, al Hospital, a Cachito, a Casa Apolorama donde había mucha gente. Dejé Cachitos, Abracé al Apoloramo. Caminé a mi casa. A la mitad me quedé inmovilizada de entre cansancio y miedo. Llegué a casa hecha trapeador.

Tengo el estómago gritando: ¡Fue demasiado!

Le he hecho esto a mi cuerpo siempre. De niña dejaba de caminar, me privaba y no podía mover las piernas. A los 4 o 5 escuché por primera vez la palabra «somatización». Ahora en los ataques de ansiedad o pánico, lo primero que me pasa es que se me entumen los brazos.

Qué chingas le paro a mi cuerpo. Al pobre nomás le tocó la mala suerte de tenerme dentro a mí.

UPDATE:

Entiendo perfecto que este texto suena a queja, a «me tiro para que me levanten». Y ahora que lo entiendo corrijo: compartí cómo me siento físicamente porque sé que a muchos de nosotros nos pasa esto, nos agotamos físicamente por el esfuerzo emocional de mantenernos funcionales.

Quiero que puedan leerlo tanto quienes lo sentimos como quienes nos acompañan y no entienden que estamos como crudos, como golpeados por tan solo haber tenido un día de convivencia normal.

Efectivamente me duele todo. El estómago sigue dando lata. Pero pude dormir un cacho largo y ya estoy acomodada en el sillón, y me voy a poner a ver series de crimen que son mis favoritas y así me curaré «la cruda de convivencia social».

Esto no se trata de ánimo, o de echarle ganas, o de ponerte las pilas, o de quererte componer; se trata de darte tu tiempo, de entender que tu organismo necesita lo que te está pidiendo, en este caso, descansar, y que no tiene nada de malo hacerlo aunque no te hayas ido de borracho y estés en vivo, o hayas trabajado 20 horas, o hayas corrido un maratón.

Para quienes estamos enfermos del «regulador de emociones», cosa tan simples como salir al súper, tomar un café con un amigo, ir a consulta, subirte a un taxi, son tan cansadas como para otras hacer 4 horas de crossfit, con la diferencia de que ustedes suben fotos a Instagram y se felicitan por sus logros y nosotros escribimos y tratamos de buscar consuelo.

Son dos mecanismos con los mismos pasos y distintos procesos, porque todos somos distintos. Y todos tenemos chance de serlo

1 comentario
  1. Fernanda Oliveros Valdés
    Fernanda Oliveros Valdés Dice:

    ¡Gracias por abrir un blog así, considero que la otra gente juzga a las personas como nostras con un transtorno mental. A eso yo lo llamo ignorancia, es algo normal, todos tenemos problemas pero unos se les dispara más que a otros.

    Responder

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