¿Conocen su historia personal? ¿Vieron la película sobre su vida y la de su madre? Si creen que ser Skywalker tiene pedos… ser Fisher Reynolds siempre tuvo más.
Era tan buena escribiendo… tan buena.
No es de la única que aprendí, pero sí la uso constantemente cuando la gente me ha dicho cosas como: «Tú disfrutas estar loca»; «pareciera que añoras esa mentada crisis que parece maldición en tu familia»; «te refugias en las etiquetas que te dieron los psiquiatras». Carrie Fisher fue de las primeras celebridades en hablar sobre trastornos crónicos de personalidad (ella padecía TPB 2). No sólo lo decía sin las vergüenzas o las falsas prudencias de otros, no lo usaba como herramienta publicitaria, aclaraba sin pudor alguno (porque no hay que tenerlo) cómo es vivir así. Y usé muchas veces su ejemplo para seguirle.


Hace unos años, mi jefe inmediato buscó la manera de que su jefe autorizara que me corrieran. Fue en el año del terror. Yo creo que lo decidió el mismo día en que tuve una crisis maniaca en el trabajo, me dio una hemorragia nasal y mientras eso pasaba, no me pregunten cómo, conseguí darle reporte a cliente, en conferencia telefónica. Años después ese jefe dice de mí: «el problema de María es simple: es muy talentosa y buena trabajando, pero su vida personal es un desastre».
¿Saben cuál es el problema, el verdadero problema? Que las vidas personales complicadas, llenas de torbellinos emocionales, damos miedo. Sobre todo, cuando nos mantenemos vivos.
Así es vivir con un padecimiento de personalidad. Todos los días te despiertas de una pesadilla que no sabes si soñaste o si ya estás viviendo, y simplemente le sigues.

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