Por la misma razón por la que pudo gozar, por la que nos enseñó a todos que nuestro cuerpo no es un templo si no un parque de diversiones. Anthony Bourdain, como el ser extraordinario que es (porque deja un legado que lo mantendrá vivo por siempre), sentía todo lo que vivía, y por eso también decidió morir.

No, no lo sé de cierto, pero supongo que alguien que sabía gozar con esa capacidad de intimidad, sólo podía vivir siempre de esa manera. Jamás podré compararme con la sofisticación y cultura, capacidad de vivir sin miedo y entrega que tenía Bourdain, pero me identifico mucho. Vivir duele, vivir sabe, vivir calienta y enfría y cansa. Y te tumba al piso y quieres vivir ahí siempre o morir en un segundo sólo para revivir y luego no sentir nada. Cada texto suyo, cada entrevista, cada risa, cada expresión de extrañamiento, cada vez que cerraba los ojos y probaba algo lo hacía con tal compromiso que era imposible que el resto de su vida fuera menos intensa.

Nadie que disfrute la vida está desconectado de sí mismo, de los otros. Quien de verdad goza vive eternamente enredado, como si fuéramos sauces con enredaderas y con el viento nos enredáramos por momentos. Y vivir conectándose, vivir en empatía, es vivir muchas veces más, para bien y para mal.

El trabajo de Anthony Bourdain era vivir como sólo él sabía hacerlo: destrozando cada bocado en la boca para aprehender cada sabor; preguntando una cosita simple para que la voz del otro se soltara y creara una historia que a los ojos del receptor, se salpimentaba con la visión de Bourdain. La gente normal se droga para sentir estas cosas; Bourdain, estoy segura, se drogaba para no sentir tanto. Aprendió artes marciales para encontrar zen. Descubrió a su propio narrador y entendió que no podía contener tantas historias dentro de sí, que si no loas contaba y las compartía explotaría; por eso conocimos su mundo, para que no explotara… pero un día todas esas medidas son insuficientes.

Hay gente que tiene (tenemos) la vida demasiado llena, y un día se nos desborda.

 

¿Por qué se suicidó?

Primero, ¿qué chingados les importa? Neta, por qué tienen esta obsesión por conocer una razón que no van a entender jamás. La muerte es tan íntima que nadie puede contarla, lo que sabemos de ella son fantasías, cuentos, historias que imaginan escritores talentosos; datos duros que los científicos calculan porque TODOS están obsesionados con entender algo que invariablemente averiguarán. Paciencia mundo, un día sabrán por qué todo mundo muere, por mano propia o ajena o por «que ya la tocaba». La muerte llega siempre y da respuestas. Estoy segura.

Segundo: Si Anthony Bourdain tenía o no depresión, si compartió parte de su historia personal, si nos regaló tantas horas de su vida no es para que andemos cuestionando sus decisiones. Literal, déjenlo en paz.

Tercero: Dedíquense a vivir, dedíquense a gozar, dedíquense a encontrarse, a saber quiénes son, a verse en los otros, a conocer y entender y abrazar a los otros. Si lo consiguen por un día, valdrá la pena haber vivido, por lo tanto, morir sólo será un paso más.

 

No hay razones contundentes que expliquen el suicidio. Por más estadísticas que hagan, por más que nos agrupen en hombres y mujeres, pobres o ricos, amados o rotos, por más que nos cataloguen y nos estudien, cada caso es único, cada final de la historia es distinto. Tratar de entender por qué alguien decide dejar de vivir es tan absurdo como entender cómo disfruta las cosas y por qué.

Lo importante no es entender por qué sucede, por qué habemos personas que nos hemos acercado un montón a esa acción. Lo importante es interesarse por entender qué hacemos todos los días, por qué sentimos, por qué pensamos.

 

¿Y entonces qué hacemos? ¿Cómo ayudamos?

Mi consejo, de alguien que ha intentado suicidarse muchas veces y sólo se ha detenido porque me ha dado muchísima culpa dejar problemas, olvídense de decirnos que todo va a estar bien, que le echemos ganas, que podemos con esto, que somos más fuertes; por favor omitan todo lo bueno que nos vamos a perder si «acabamos con nuestra vida» porque lo que queremos detener es justo el dolor de saber que nada bueno nos ha pasado, o el cansancio de esperar años a que llegue.

No nos pregunten por qué hemos querido hacerlo, pregunten cómo estamos y esperen una respuesta honesta. Si decimos: «ahí la llevo» estamos haciendo un esfuerzo enorme por compartir, vaya, se salvaron de que les dijéramos: «todo bien», no les mentimos. Y si les contamos algo, escuchen, no juzguen. Cada uno de nosotros sufre por razones que tal vez para quien las oye no son lógicas, o válidas, o parecen tener una solución muy simple, pero es justo sentirnos incomprendidos constantemente una de las razones que llenan el vasito del suicidio. Y si logramos abrirnos, acompáñennos, sean pacientes al oírnos, muchas veces hablaremos sin hacer sentido, sin poner mucha atención en si están entendiendo o no, pero si no están ahí, si no los vemos oírnos, se nos va a cortar el discurso y no podremos sacarlo de nuestro sistema.

Por favor, recuerden siempre que nadie sufre más que el que quiere suicidarse; la familia se desespera, los amigos, la gente querida. Para todos los involucrados tengan sólo palabras de confort; decir: «aquí estoy», es mucho más amable, servicial y útil que: «¿Qué necesitas? ¿Qué hago para que no te sientas así? Mira, te traje este libro, esta idea, esta solución». Simplemente acompáñennos en silencio, en amoroso silencio.

 

El suicidio es querer morir por desesperación de seguir sufriendo. Morir, sea como sea, por accidente, por enfermedad, por mano propia, tendría que ser una actividad a la que lleguemos con la mente y el corazón, abrazándose, en paz, plenos. Así que también den el beneficio de la duda: querer morirse en paz, es posible, es viable y mucha gente lo hace. Nadie nos dice que Bourdain no estaba en paz. Y yo, que lo admiro, que aprendí tanto de él, quiero creer que en algún segundo sintió paz y ahora disfruta eternamente de ella.

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