Sucede que sí… pero no. Vaya, no es tan fácil. ¿Y qué podría serlo hablando de suicidio?

 

Yo he querido suicidarme desde que me acuerdo. Ya sé que todo mundo dice que es imposible… salvo por un par de psiquiatras y terapeutas que sí me han creído. Pero tengo clarito el recuerdo.

Debo tener al menos 5 años. Lo sé porque a esa edad llegué a ese edificio y no alcanzaba a ver por encima de la barda de la azotea desde donde quería aventarme. Tenía que subirme a uno de esos cubos de cemento que a veces quedan volando en las construcciones por culpa de los cables de luz.

Por supuesto que no pensé: “Me voy a suicidar”. Carajo, tenia 5. No creo que fuera un concepto que entendiera, pero sí entendía que cuando algo muere, se acaba. Aunque mis padres  eran muy religiosos y en casa siempre se habló del Cielo católico, por alguna razón siempre fui muy científica al respecto: para mí el cuerpo se apaga, y entonces hay silencio. El alma se va del cuerpo y se hace una con el Cosmos. Ahí sí les creo que no me crean que a los 5 años ya entendía el Cosmos, pero pos entendía el cielo, con sus estrellas y el aire, y las nubes. Para mí, al morir, el alma se hacía uno con eso. Sigo creyéndolo.

Me acuerdo apoyar el estómago en la barda y dejar que mis pies dejaran de tocar el piso. Me dio un poco de miedo la sensación de caída, pero me acuerdo que sentía mucha ilusión por que al caer, todo iba a estar en silencio, porque mi cuerpo se apagaría y mi alma sería parte del ruido que en ese momento me aturdía.

 

¿Neta te quisiste suicidar por ruido?

Yup. El mental por supuesto, pero a ese te acostumbras, al menos yo me acostumbro. Y les juro que a los 5 ya me había acostumbrado. Cuando a ese ruido interno se le suman los coches, los cláxons, los gritos, los llantos de los niños, alguien corriendo… Me asusta. Me abruma. Es como si el ruido fuera mar y yo estuviera a la mitad del océano picado.

La depresión puede ser un océano, pero en calma. Y sí, te asusta estar a la mitad, sin agua, sin protección, cansada de intentar flotar. Pero lo haces. Y así sobrevives cada día. La joda es que de repente el mar se pica, revuelve no sólo el cielo y el aire, se mueve todo abajo de ti, a los lados, te rozan plantas, peces, golpes de la misma agua que cambia de velocidad. Y pierdes la calma, entonces piensas en que termine todo el aire, el agua, los peces, todo, empezando por ti.

 

 

¿Ya viste Atypical? Sam me recuerda mucho a mí, y muchos médicos han puesto sobre la mesa el diagnóstico de Síndrome de Aspergers, que es la forma más leve de autismo, y pues sí, en muchas cosas me pasa como a él, pero además, hay que sumarle el Border, la Distimia, y la edad… JAJAJAJA. Así que a veces sí, solo por el ruido quisiera morirme.

 

¿Y sólo te da por suicidarte si hay ruido?

Hace 4 meses tuve una crisis suicida. El día había comenzado increíble. Tenía chamba, los compromisos estaban organizados, programados, sabía qué haría y dónde y con quién. Mi síndrome de ansiedad se alimenta de la falta de control en los detalles, así que saber qué plan con el día, es uno de los mejores momentos de mi vida. Fui a trabajar, vi a un amigo querido, conocí gente sin que eso significara que me pusiera mal. Todo hermoso.

Entonces dos personas importantes en mi vida me cambiaron la jugada: una olvidó que había quedado de acompañarme a un compromiso importante y además me dijo mentiras sobre la cancelación ? y la otra persona me humilló públicamente (en vivo, no en Facebook como pasa ahora siempre), horas después lo hizo en Twitter. Y sí, Twitter para mí es la vida real, porque de ahí como (trabajo como socialmediera/escritora/editora/maestradigital). Y que esa persona haya hecho esas dos exposiciones de elegancia pública y consideración por alguien a quien dijo querer (también muy públicamente) tenía una consecuencia brutal: me quedaría sin trabajo.

En ese momento saqué el frasco de medicinas. Pero no me detuve a ver qué había,  a ver si alcanzaba para de verdad matarme, no revisé si la combinación era adecuada para morir sin tanto dolor. No escribí una nota, no busqué la música perfecta para acompañar el momento. No. Estaba tan mal que simplemente abrí el primer frasco que encontré, lo vacié en mi mano y me la llevé a la boca. Entonces oí la voz de Pato: “Nunca en desesperación, mailob. Así no”. Y luego la de Nono: “¡Ya cállate!”, seguida de su risa. Y solté las pastillas. Y por fin pude respirar mientras lloraba.

Les escribí a ambos, les dije lo que pasaba y me fui a casa de Pato, luego llegó Nono.

 

A la derecha María en día perfecto. A la izquierda, María pensando en suicidarse. Sólo hay 12 horas de diferencia. ¿Se nota o no?

 

¿Qué me detuvo?

La experiencia. No, nunca he despertado en una sala de emergencias luego de que me laven el estómago o reparen las cortadas de las venas. Jamás he llegado hasta allá. Lo más cerca que he estado es al borde de muchísimas bardas y puentes, o carreteras donde lo único que importa es llegar al horizonte. Pero en cada vez que lo he intentado, he negociado conmigo qué clase de suicidio quiero para mí.

Morir es lo único que tenemos seguro. No hay forma de escapar de tu destino, y el destino de todos los seres vivos de este planeta, es que el cuerpo que contiene la materia cósmica que somos, se rompa y deje de servir.

Mi padre repetía constantemente: “Tengo este cuerpo, pero no es mío. Yo no soy mi cuerpo. Mi cuerpo es un envase de quien soy”. Y yo me la tomé muy en serio.

Este cuerpo me ha jodido la vida siempre, SIEMPRE. Nació enfermo del cerebro, que es el órgano de pensar lo que sientes, lo que vives, de los recuerdos, de los planes. Ha tenido toda clase de enfermedades y sigue padeciendo muchas. Ha sido usado en mi contra, por otras personas, para lastimarme físicamente.

PERO un día me hará el favor de apagarse, y ya no me dolerá la cabeza nunca, y jamás volveré a sentirme perdida cuando la luz de una patrulla me pegue en los ojos, ni la espalda me mantendrá eternamente haciendo ejercicios de respiración para contener el dolor porque hace frío, o calor, o humedad, o porque me senté más de 3 minutos en la misma posición. Un día no seré miope, ni tendré astigmatismo ni se me romperán las uñas como si fueran de papel. Un día este cuerpo me liberará de todos sus achaques, y me dejará volar.

 

Mi alma, como creo que son todas, es absolutamente pura. Hay luz de miles de soles en ella. Como en cada uno de nosotros. Y pues ni modo, está atrapada en este cuerpo, y este cuerpo nació en una familia muy enferma que hizo lo que pudo para sobrevivir a sí misma. Y además, al conjunto de cuerpo y alma, les tocó vivir en México, donde a los cuerpos femeninos nos matan a razón de 7 por día; donde ser estudiante es prácticamente ilegal; donde el dinero jamás alcanzará más que para los corruptos (para los que les vale madre que todos somos uno con el Cosmos).

 

Y pues yo aprendí eso, como mucha gente la fe católica, con el preacher original, con Carl Sagan, traducido por mis papás que eran super teachers. Hice mi religión para mí misma y esa creencia, esa idea que tengo de no echar a perder el Cosmos con un “mal suicidio”, me ha detenido muchas veces.

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Vaya, tanto a mi cuerpo como a mi alma les fue mal. Como le ha ido mal a todos los que aunque sea una sola vez hemos pensado en suicidarnos… porque nos abruma todo, porque no tenemos silencio interno, o demasiado silencio. Y nos desespera.

Si no me he suicidado, es por experiencia. Porque sé que así de desesperada como he estado por hacerlo, han habido otros momentos en donde todo es lo opuesto y hay calma, y hay luz, y ese océano que podría asustar a cualquiera por su inmensidad, a mí me cobija.

Seguro también lo has sentido.

Momentos como este… via GIPHY

 

Y miren, he pensado en morirme muchísimas veces, pero si me voy a morir por mano propia, no me voy a hacer la fregadera de morirme en el momento de desesperación. Si un día no puedo con esto de vivir, sacaré fuerzas de donde nunca he sabido que hay pero siempre salen, y voy a tener un día espectacular, y me moriré en éxtasis, no en desesperación.

 

¿Y cómo le vas a hacer tú para no suicidarte?

¿Cuánto te falta por conocerte para dominar tus demonios? ¿Cuánto más necesitas saber de ti para que la próxima vez que aparezca la idea de bajarte el switch, seas tú, la persona que brilla como el sol, que es una con el Cosmos, que ha gozado tan intensamente como ha sufrido, le puedas decir: “ahorita no joven, estoy viviendo”?

Jamás le pediré a alguien que no se suicide. Si alguien te lo confiesa, no te pide que lo detengas, te pide que le escuches sin juicio alguno, que seas paciente, que te conectes y trates de sentir su dolor para que deje de estar solo. Eso busco yo cuando se lo digo a alguien, cuando se lo dije a Pato ese día y ella llamó a Nono.

Jamás trataré de convencer a alguien de vivir o de morir. Donde me he vuelto exigente, desde aquella vez que de niña no me aventé por la barda de la azotea, es con la intensidad. Si a ti también te falla el voltaje, si también se te pasan de cucharadas de Cosmos como a mí, si no puedes más que vivir todo intensamente, entonces encuentra reguladores de voltaje o estalle. Busca ayuda, sincérate, ama intensamente y aunque duela, disfruta intensamente. Ve a terapia. Disciplínate y has todas esas cosas que te cagan, pero te hacen sentir bien. Y siempre, siempre siempre negocia con tu momento de muerte. La tienes segura, así que si vas a tomarla en tus manos,  que sea en tus mejores términos.

2 comentarios
  1. MARÍA DEL CARMEN
    MARÍA DEL CARMEN Dice:

    Hola, soy Carmen, también pienso en el suicidio constantemente, es muy desgastante me cansa y hace que se desarrolle dentro de mi un sentimiento de culpa que nunca me deja…es difícil porque nadie entiende, dicen que no es verdad que lo invento, pero no es asi, mi cabeza como bien dices hace ruido, mucho ruido mis pensamientos pasan una y otra vez y no encuentro cómo sentirme mejor…a veces cuando tengo compañía, ese deseo desaparece, pero después me vuelvo a quedar sola y todo vuelve…en fin me resulta interesante saber que hay una o más personas que sienten lo mismo que yo…Gracias por escribir acerca de esto.

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