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Desde el 19 de septiembre de 2017 tenemos insomnio con justificación. Eso, para los depresivos, para los enfermos de cualquier diagnóstico psicoemocional es normal; pero desde ese día todos estamos mareados, dolidos, preocupados, angustiados.

Quienes vivimos el 85 y lo recordamos, este «nuevo» desastre fue como volvernos a raspar la rodilla donde hacía años nos habíamos quebrado la rótula. Estamos todos sorprendidos y ansiosos.

Como todos, yo tuve un 19S17 especial. Y llegada la noche, tocar la cama más que un consuelo era una especie de amenaza: «ahí viene la réplica, mejor no me acuesto. Mejor me duermo vestida como en el 85. Mejor duermo un ratito en la sala». A ratos me venía la voz de la razón: «María, de todos modos no vas a salir del edificio, de todos modos decidiste quedarte dentro, así que no tiene razón alguna que te angusties. Duerme. No dormir te hace más daño porque temblor o no temblor, tienes TPL y NECESITAS dormir».

Al día siguiente muchos comentarios en las redes sociales del Depre Book indicaban que nadie había dormido y no pensaban hacerlo. Yo no sabía qué hacer. Quería ayudar pero soy agorafóbica, no podía salirme a la calle a levantar escombro o a voluntariar en las brigadas. Me puse a tejer porque mi amiga e ilustradora de este sitio, Magos Nava, se juntó con unas chicas a hacer cuadros para cobijas. Pero no podía hacer más. AH, ya sé. Juntar ropa, donar dinero, comprar todo lo que pueda comprar. Y así me pasé el día 20.

Dio la noche y seguíamos sin dormir. Seguíamos asustados. Sugerí en las redes sociales que me conectaría en la noche y leería en voz alta, porque en mi vida, que me lean algo, siempre ha sido relajante. Y eso hice, sin esperar que alguien se conectara, pensando en aliviarme a mí también, mientras me escuchaba leyendo en voz alta aunque no fuera para mis gatos.

Ustedes se conectaron y gracias a eso hemos podido aumentar la comunidad del Depre Book. No sólo leemos, comentamos lo que nos ha pasado en el día, entre nosotros han nacido amistades fuera de la página de Facebook o la cuenta de Twitter y poco a poco, todos nos vamos haciendo más cómplices y nos sentimos más acompañados.

La primera semana leí todos los días, pero la verdad también me canso, me desgasto. Así que decidimos que las lecturas sucederían los martes y jueves a las 9:30 de la noche. No sé cuánto tiempo más lo haremos, supongo que tanto como necesitemos reconstruirnos por dentro.

La semana pasada fue devastadora para todos, desde quienes murieron, quienes perdieron todo lo que tenían, hasta quienes perdimos aparentemente pequeñas cosas, como la rutina, el orden que establecimos para vivir con algo de tranquilidad dentro de esta mente enferma que no nos deja nunca en paz.

En El Depre Book encontramos una manera de ayudarnos: leer en las noches para tratar de tranquilizarnos y dormir bien. Lo hicimos toda la semana del sismo y lo retomaremos martes y jueves de 10:30 a 11:30 hasta que lo consideremos necesario.

En esas sesiones de lectura también platicamos de lo incómodos y frustrados que nos sentimos al ayudar. Nosotros, los terriblemente conscientes de sí mismos, los que no podemos salir del laberinto de nuestros pensamientos, nos sentimos culpables si ayudamos, si no ayudamos, si nos quedamos callados o si hablamos. Todo es un eterno caer hasta el fonde de nunca jamás.

Uno de nosotros quiso escribir al respecto. Les dejo el texto de nuestro amigo Diego, muestra de su enorme valor como ciudadano, como habitante de la Depre y como amigo nuestro.

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Compañeros nocturnos de las lecturas del DepreBook:

El jueves no pude salir de casa, me costó trabajo bañarme, pero lo hice, intenté salir otra vez para ver en qué podía ayudar en los Multifamiliares de Taxqueña (vivo cerca de ahí) no logré llegar a la esquina de la calle donde vivo, ya saben ese miedo que se va apoderando y que lo único que quieres es regresar a casa corriendo y no volver a salir y no volver a sentirlo, va pa’ dentro el ansiolítico.

Llego la noche y se tuvo la primera lectura, de entre los que «pocos» o «muchos» ¡Qué importa! somos, estamos, tenemos algo en común y nos entendemos, terminó la transmisión, tomé mis medicamentos y dormí, después de dos noches sin poder lograr más de dos horas de sueño, dormí y descansé.

Al otro día, viernes 22 de septiembre, estaba con mucho mejor ánimo y sin ese miedo de ¿Podré salir hoy? Me bañé, desayuné, hice algunas cosas en casa y le dije a mi madre y abuela si me acompañaban a ponerle gasolina al auto (si salgo acompañado me da menos miedo) todo muy bien de regreso, algo me movió a regresar a los multifamiliares, en el auto traía mi casco y chaleco, me lancé, estacioné el auto lo más cerca (mi auto también es un lugar «seguro» y me hace ser «funcional» y moverme un poquito más), agarré casco y chaleco, me los puse y llegué hasta donde el reten me lo permitía y pregunté qué se necesitaba:

-En esa cartulina está la lista.

Le tomé foto y la subí a mi Facebook. en menos de cinco minutos uno de mis contactos me mandaba mensaje de: Yo tengo algunas cosas de las qué se necesitan ¿A dónde te las llevo?, le di la ubicación. Minutos más tarde otro amigo de un amigo con mensaje de: Yo tengo polines, medicamento y el tanque de oxígeno, pero habría que venir por ellos a tal dirección, en mi mente: ¡Uf! es aquí en Coyoacán ¡Qué chido! El Google Maps me indicaba que era en Coyo, sí, pero del otro lado de Tlalpan, no del lado en el que vivo: ¡A huevo, sí! traigo el Tafil, traigo las gotas naturistas y traigo el cel con los números de varios contactos a los que les puedo mandar mensaje o llamar por si me empieza a dar «la’nsia» y me van acompañando, arranquémonos.

Llegué, se cargaron los polines y tanque en la camioneta del papá del amigo de mi amigo y en mi auto las medicinas, arneses, líneas de vida, cables, etc. Regresé al lugar, se entregaron las donaciones y ¿saben? esas donaciones fueron de todos de ellos, de ustedes de todos los que estamos ahí dándole ¿Por qué de ustedes? porque se que podía mandar un whats o una llamada a María, porque aunque no tengo el contacto directo con los que estuvimos conectados en la transmisión del DepreBook sabía que somos muches con un trastorno psiquiátrico, porque entre esos muches había un hombre, porque sí, para los hombres es, creo, más difícil expresarlo, salir del clóset, decir: «Hey, espera, tengo miedo, vamos a regresarnos» o sacar de la manera más disimulada el Tafil y tomarlo sin que se den cuenta…

¡Gracias a todes!