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Una pastillita verde, explosiva, incomprendida, que tuvo malas películas… y que me ha salvado cada vez que quiero suicidarme. Stan Lee me regaló Hulk.

 

Tengo 10 minutos de descanso. Ahora vivo contando minutos. Soy la Social Media Lead de Cultura Colectiva Noticias, fuente inagotable de uno de las mejores herramientas para aprender a vivir con Síndrome de Ansiedad Mayor: no tienes tiempo de hacerle caso al demonio interno cuando cada 5 minutos el mundo tiene algo qué contar y tú eres responsable de uno de los engranes que hace que un par de millones de personas se enteren.

 

Reaccionando a una de esas historias, me enteré que murió Stan Lee. Inmediatamente dejé mis pendientes en hold, y me puse a hacer mi chamba. Para hacerlo subí y bajé unas 8 veces las escaleras de donde hace meses me caí y casi me mato, por accidente, no porque quisiera. Tres horas después me cayó el 20.

 

 

Fue lo más que pude hacer para mí, para darme mi chance de llorarlo. Y para ustedes, porque este sitio existe para que yo comparta cómo chingados le he hecho para sobrevivir…me. Porque el mal está en uno, como en cualquier super héroe. Por eso tenemos kriptonita (ya sé que no es Marvel, pero Superman también vive en mí… y Batman). Por eso tenemos a Wonder Woman que nos ha reinventado el feminismo. Por eso tenemos a Hulk… que me ha salvado tantas veces.

 

Tan pronto lo publiqué ustedes, que son la mar de generosidad, empezaron a comentar. Y me están compartiendo sus versiones de Hulk, y ese es el milagro del regalo de Stan Lee: nos sintetizó códigos complejísimos, para que todos encontremos en su personajes, alguien que nos de el poder de una imagen, que jamás será tan fuerte como el de las palabras.

 

No tengo chance de escribir más, pero no podía dejar de hacerlo. Desde mi Hulk, sepan que admiro, amo, y quiero al suyo, a su Spiderman, a su IronMan, a su Batman (si como yo viven divididos en el amor por DC y MArvel), a su Luke Skywalker, a su Darth Vader… a su Han Solo (personaje que siempre me recordará mi más reciente intento suicida). Les abrazo a todos. Desde mi Hulk, les abrazo a todos.

Por la misma razón por la que pudo gozar, por la que nos enseñó a todos que nuestro cuerpo no es un templo si no un parque de diversiones. Anthony Bourdain, como el ser extraordinario que es (porque deja un legado que lo mantendrá vivo por siempre), sentía todo lo que vivía, y por eso también decidió morir.

No, no lo sé de cierto, pero supongo que alguien que sabía gozar con esa capacidad de intimidad, sólo podía vivir siempre de esa manera. Jamás podré compararme con la sofisticación y cultura, capacidad de vivir sin miedo y entrega que tenía Bourdain, pero me identifico mucho. Vivir duele, vivir sabe, vivir calienta y enfría y cansa. Y te tumba al piso y quieres vivir ahí siempre o morir en un segundo sólo para revivir y luego no sentir nada. Cada texto suyo, cada entrevista, cada risa, cada expresión de extrañamiento, cada vez que cerraba los ojos y probaba algo lo hacía con tal compromiso que era imposible que el resto de su vida fuera menos intensa.

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A todos nos pega. Vemos una foto, un objeto y nos transporta a un momento importante en nuestro pasado. A la mayor parte de la gente le da por guardar objetos que les recuerdan momentos que les hacen sentir bien al verlos. Y si algún sentimiento incómodo se atraviesa, simplemente se lo sacuden. Ah… la felicidad de ser neurotípico.

Pero nosotros, «los locos, somos otro cosmos», diría mi maestro Oscar de la Borbolla, y los recuerdos son como el teletransportador que nos secuestra del presente y nos lleva al momento mismo donde nació ese recuerdo. «Beam me up, Scotty», y pronto estamos en el pasado, viviendo como si fuera por primera vez ese momento de mierda o de luz que nos llevó a un estado alterado de la consciencia. Porque no, nosotros no tenemos recuerdos, tenemos alientos de vida o de infierno.

Este retrato que ven, lo hizo Jaime Ávila, un gran, GRAN, gran fotógrafo a quien tengo el gusto de conocer hace un par de pares de años y que me ha hecho el favor de interesarse en este proyecto por lo que yo he hecho el esfuerzo de socializar y salir de mi cascarón a una cervecería en la Roma, donde convocó a quien quisiera participar en su serie «Deconstructed«.

¿Ya vieron qué chuladas de retratos? ¿Qué maravillosa capacidad tiene Jaime para capturar el momento más esencial de una persona? Bueno, pos porque la serendipia es como es, Jaime tomó esa foto mientras estaba ilusionada por un día que pintaba complicado, pero que valdría la pena el esfuerzo. ¿Se dan cuenta como mis ojos dudan? ¿Se fijan como en mi expresión hay un: «mejor ponte flojita, porque se avecina un madrazo»?

 

Minutos después de que Jaime tomara la foto, una persona a quien quiero profundamente, me lastimó muchísimo y en público. Horas después, otra persona a quien amo, olvidó que teníamos un compromiso importante porque estaba entrepiernado con una adolescente de trasero monumental; horas después, estaba sola en una sala de cine, en un ataque de ansiedad, viendo una película profundamente importante para mí y que de ahora en adelante será el recordatorio de uno de los días más dolorosos de mi vida.

Al día siguiente las cosas empeoraron, me quedé sin trabajo y entonces el suicidómetro se salió de control y me vi con el frasco de medicinas en la mano pensando: ¿Cuántas de estas serán necesarias para apagarme el CPU?

Estoy escribiendo esto, así que no me las tomé. En vez de eso le avisé a mi roomie que estaba suicida y que necesitaba que me monitoreara (a la distancia, porque no estaba en casa, pero en mi cabeza la idea de que lo supiera me ponía en mente que no estaba chido que me encontrara muerta en la casa y se sintiera por alguna razón responsable); le avisé a una amiga y le fui a un lugar de confianza a fingir que no pasaba nada. No funcionó así que me fui a refugiar a casa de mi amiga. Tampoco funcionó y en la noche me enteré de otra estocada…

Hoy veo la foto que Jaime tomó minutos antes de que sucediera la derrama de eventos desafortunados. Un neurotípico mentaría madres y diría: «puta madre Jaime, ahora estaré en una colección JUNTO A ELY GUERRA con mi cara de estúpida antes de que me diera cuenta de que todo valió madre». Por fortuna, yo estoy loca, soy neuroAtípica y estoy enferma de sobrevivir, de salir adelante. Así que veo en la foto lo que dijo mi querida Fátima: «…en tu foto hay una fuerza que precisamente se preparaba para lo que venía».

 

Vivir es mi deporte menos favorito, y yo odio los deportes. Sobrevivir es una consecuencia de la vida que tengo y me parece nefasta. Y a pesar de eso escribo, y he rescatado decenas ya incontables de animales y he podido ayudar incondicionalmente, dar clase (¿se imaginan? Soy capaz de enseñar algo a otras personas); de tejer, de cocinar, de servir una mesa, de atender y curar a quien amo. ¿Cómo sería si gozara vivir? ¿Cómo sería si sobrevivir fuera una idea lejana que sólo conociera por referencia?

 

Gracias Jaime. Tu foto revela quien soy. Este volcán activo que se cuida mucho de no hacer erupción para no lastimar a nadie, pero que siempre regala paisajes hermosos, dramáticos, pero hermosos.

 

 

Me he preguntado eso desde niña. Me lo pregunté primero porque era lo que todos decían: «Eres una niña chiquiada, consentida, malcriada». No quería ir a las fiestas de cumpleaños, no quería celebrar mi cumpleaños, no quería vestirme como todas las demás, no quería ruidos y alharacas.

Tengo recuerdos muy incómodos de momentos donde los adultos encargados de mi vida buscaron obligarme a convivir invitando gente de mi edad a la casa que ahora entiendo aceptaban por compromiso con sus familias o porque sentían lástima por mí. Las reuniones eran tan profundamente tediosas… yo me esforzaba tanto por convivir que terminaba siendo odiosa. Ellos se sentían tan atrapados que quedaban hastiados de mí. Yo lo único que quería era que el tiempo pasara rápido y se acabara la visita por compromiso.

El problema real venía después: sabía que mis esfuerzos no sólo me habían desgastado, también habían sido en vano, que los invitados se sentían fastidiados e incómodos; yo me sentía frustrada y culpable: ¿por qué me parecía tan aburrida la gente, tan insulsa? ¿Por qué trataba con tanta condescendencia a quien hacía un esfuerzo por ser amable conmigo?

Sigo sin saberlo…

«Dear, yo sé que soy intolerante, y el mundo tiene dos pedos si no le parece». Me dijo ayer mi Dear (que me conoce hace 12 años y quien me permite cosas como lavar platos en su casa para que yo no me sienta incómoda por no hacer nada. Yo no quiero ser intolerante, no quiero ser esa clase de persona que se considera mejor que otra por la razón que sea. Pero tampoco consigo interesarme por cualquier tipo de plática, o (no sé si la solución es peor) fingir que me importa.

Es muy difícil comprender la distimia. A mí misma me tomó años aceptarme. Cuando he tenido cuadros de depresión mayor noto la enorme diferencia que  hay entre sentirme fatal, sin ganas de nada, a lo que siento todos los días…. que es una especie de aceptación melancólica. Muchas veces la gente cree que porque soy amorosa, que porque puedo emocionarme con algo y pasar un rato cómoda y sonriente, si sigo haciendo esas cosas eventualmente «me curaré». No es así. Para empezar a diferencia de la mayor parte de nosotros los depresivos, yo no recuerdo una época en mi vida donde no me haya sentido así: melancólica, derrotada, desinteresada, desapasionada (y esos son los días buenos); la diferencia de ese estado llega cuando me deprimo clínicamente y una especie de desesperación me ronda. Esa crisis se salpimenta de manía (porque no sólo soy distímica, también tengo personalidad limítrofe). Tanto la desesperación como la manía me desgastan y me asustan. O tal vez porque me asustan me desgastan. Y esas emociones que me provocan esos estados alterados se parecen mucho a lo que siento cuando estoy en una situación social, digamos, convencional: reuniones, «vamos a vernos para pasarla tranquilo, sólo platicar y salirnos de la rutina».

Ay qué miedo me dan esas palabras: «Salir de la rutina». Con el trabajo que me ha costado encontrar una donde cada pieza me hace sentir mejor que la anterior hasta que finalmente el día termina o llega un momento en donde todo parece encajar.

 

¿Ustedes cómo lo llevan? ¿Disfrutan la convivencia? ¿Les gustan los grupos? ¿Prefieren la soledad? ¡Cuéntenme! Vamos a platicar, a pasarlo tranquilo… cada quien desde su computadora.

POST DATA: Gracias a sus comentarios me di cuenta que di por entendido, o que hice entender que la Distimia es la culpable de mi necesidad de soledad y mi incapacidad de disfrutar las fiestas y reuniones. No. La distimia es otro monstruo, un poquito oscuro, que nada tiene que ver con mi INTROVERSIÓN.

Nosotros los introvertidos no disfrutamos de estos compromisos de fin de año (o de cualquier otro compromiso social). Nada nos hace más felices al respecto que el hecho de que nos notifiquen que se cancela. Convivir en masa nos desgasta. Lo mismo pasa con platicar con gente con quien no tenemos nada en común. El paraíso para nosotros es el silencio cómodo que proporciona la persona adecuada.

Muchas gracias por sus comentarios. No me habría dado cuenta de este gravísimo error si no me escriben.

Fases de la luna Margarita Nava

– Pero vas a salir de esta, estoy segura. 

– Vaya, he vivido con esto toda mi vida, no es como si hubiera salida. Se acostumbra uno a vivir así.

– No, pero uno sale de la depresión, uno no se queda ahí. 

– Algunos sí, y otros no. Hay depresiones de las que se entra, se siente que no se puede vivir, y luego, con mucha ayuda, se sale. Yo he tenido tres de esas. Pero además de esas, que se llaman «depresiones clínicas»; tengo distimia, que es depresión crónica pero funcional. 

– ¿JUAT? No chingues, no sabía que había varios tipos de depresión. 

– Chuli, esto es como en la salchichonería: quieres jamón York, de pavo, de pollo, con especias, sin especias pero con nueces, sin sodio pero light pero que sepa a algo… Aquí hay de todo. Porque además, la depre como el perfume, reacciona diferente con cada persona.

 

CHA- LE

 

La verdad es que siempre asumo que quien ha padecido algún cuadro de depresión sabe estas cosas. Y pos no. Un día me voy a tatuar: ASUMIR ES ILEGAL.

 

Tengo amigos que han pasado por periodos jodidísimos de depresión clínica, los he visto romperse en pedacitos cuando salen de la cama luego de 5 o 6 días de no haberlo conseguido. Una de mis hermanas tuvo un episodio catatónico por 40 días… supongo que eso me preparó para acompañar a otras personas después.

Otra cosa que me ha enseñado vivir con enfermedades psicoemocionales y con gente que las padece o ha padecido es que es INDISPENSABLE:

 

  1. Nadie en ningún sitio de internet puede diagnosticarte. NADIE.
  2. Necesitas ayuda profesional. Alguien con cédula médica.

 

Aclarando el asunto, y recordando nomás que yo escribo desde mi experiencia de paciente diagnosticada hace más de una década…

 

La Clínica Mayo (fuente que me ha sido autorizada por médicos de mi confianza), dice de la depresión clínica:

 

La Depresión Clínica puede afectar a personas de cualquier edad, incluso a los niños. Sin embargo, los síntomas de la depresión clínica, si son graves, en general mejoran con asesoramiento psicológico, medicamentos antidepresivos o una combinación de ambas opciones.

Si una persona tiene depresión clínica, debe presentar al menos cinco de los siguientes síntomas, durante un período de dos semanas, la mayor parte del día, casi todos los días. Al menos uno de estos síntomas debe ser ya sea un estado de ánimo depresivo o pérdida del interés o el placer. Los signos y síntomas pueden incluir los siguientes:

  • Estado de ánimo deprimido, como sentirse triste, vacío o con ganas de llorar (en niños y adolescentes, el estado de ánimo deprimido puede manifestarse como irritabilidad constante)
  • Interés considerablemente reducido o imposibilidad de sentir placer por ninguna actividad o por la mayoría de ellas
  • Pérdida de peso considerable cuando no se está a dieta, aumento de peso, disminución o aumento del apetito (en los niños, lo normal es que no puedan aumentar de peso)
  • Insomnio o más deseo de dormir
  • Desasosiego o conducta lenta observados por otros
  • Cansancio o falta de energía
  • Sentimientos de desprecio por uno mismo o culpa excesiva o inadecuada
  • Dificultad para tomar decisiones, para pensar o para concentrarse
  • Pensamientos recurrentes sobre la muerte o el suicidio, o intento de suicidio

Los síntomas deben ser tan intensos que provoquen problemas notables en las relaciones con los demás o en las actividades cotidianas, como el trabajo, la escuela o las actividades sociales. Los síntomas pueden basarse en tus propios sentimientos o en las observaciones de los demás.

 

Ora, saquen una libretita para que vean la diferencia con la Distimia (que es lo yo tengo).

El Trastorno Depresivo Persistente, también llamado Distimia, una forma de depresión continua y a largo plazo (crónica). Es posible que pierdas interés en las actividades normales de la vida cotidiana, que te sientas desesperanzado, que te vuelvas improductivo y que tengas baja autoestima y una sensación general de ineptitud. Estos sentimientos duran años y pueden afectar en gran medida tus relaciones y tu desempeño en la escuela, en el trabajo y en las actividades diarias.

Si tienes trastorno depresivo persistente, es posible que te resulte difícil sentirte optimista incluso en ocasiones felices. Puede que te describan como pesimista o negativo, que crean que te quejas todo el tiempo o que eres incapaz de divertirte. Aunque el trastorno depresivo persistente no es tan grave como la depresión mayor, tu estado de ánimo deprimido actual puede ser leve, moderado o grave.

Debido a la naturaleza crónica del trastorno depresivo persistente, sobrellevar los síntomas de la depresión puede resultar difícil, pero una combinación de sesiones de terapia comunicativa (psicoterapia) y medicamentos puede ser eficaz para tratar esta afección.

 

– Lo que a ti te pasó fue un periodo super horrible donde veías todo negro, un hoyo negro profundo de donde no parabas de caerte.

– Exacto

– Bueno, yo vivo en un palco desde donde lo único que veo es ese hoyo negro.

 

Por eso es menos «peligroso» que yo hable de suicidio, porque básicamente lo he pensado siempre, como una opción práctica para dejar de vivir en gris (en mi caso es una cuestión de ruido, el ruido general de la vida me fastidia a un punto en el que…); se vuelve peligroso si tengo más de una semana pensando en cómo suicidarme. Ahí ya hay que prender los foquitos de alerta porque seguro, ando en depre mayor. Por que sí a los que tenemos Distimia, nos puede dar depre doble. Bien bonito.

 

No puedo recalcar lo importante que es que busques ayuda. Ya sea que tienes alguno de los síntomas de Depresión Clínica o de Distimia o que llevas algún tiempo no sintiéndote completamente tú.

Yo tengo la enorme fortuna de no tener vergüenza (a veces eso es culpa de ser border, a veces es culpa de mi personalidad) y gracias a eso lo hablo y he conseguido ayuda. Por favor, si vas a perder la elegancia, que sea preguntando dónde está el hospital psiquiátrico más cercano, o si tus amigos conocen a algún psiquiatra, o googleando: psicólogos y psiquiatras cerca de mí.

 

Y si no sientes nada de esto, pero te recordó a alguien, por favor, pregúntale, trata de acercarte y entenderle. Insisto (sobre todo porque todo mundo me lo recuerda): yo tengo una facilidad enorme para explicarme pero no todos son como yo y a muchos les da vergüenza hablar de esto. Tu ayuda puede ser la diferencia entre vivir pleno (y sí, con depresión y distimia o cualquier otra cosa, pero aceptándote) a vivir a medias.

Si me dieran un peso por cada vez que alguien me ha dicho cosas como:

 

¿No será que dices que estás enferma porque te compraste la idea que alguien te dijo?

¿Y si en realidad lo que pasa es que te sientes cómoda diciendo que tienes todo eso que dices para no enfrentar que eres super fuerte y que puedes con eso y más?

La neta, no sé por qué dices que estás enferma, a veces hasta me asusta que lo digas tan fácilmente… es que no se te nota. Vaya, yo conozco gente que sí está enferma y pues tú no estás así.

 

Este… miren… básicamente no necesito el permiso de nadie para decir qué soy, cómo soy, cómo me siento, qué tengo, cómo lo tengo, por qué lo sé. No tengo por qué justificarme con nadie sobre mis diagnósticos y cómo los encontré o porque me siento cómoda nombrándolos. Peeero… En vista de que ya me puse muy públicamente a escribir y hablar de esto, lo haré, porque ya entendí que no soy la única a la que ponen en duda y este espacio se trata de crear herramientas para que todos nos sintamos menos solos.

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Una de mis hermanas me dijo recientemente: «lo que más jode es que no te crean, que te digan que exageras para llamar la atención».

Nunca me voy a cansar de describirme con la misma tranquilidad y desaprensión con que diría la receta de las lentejas al Tequila: Soy María, soy mexicana, tengo 40 años. Soy morena, caderona, ojo de capulín. Soy talla 13, peso 85 kg, calzo del 6.5, no lleno un brassiere y tengo distimia, soy medio intolerante a la lactosa, ya me cae pesada la barbacoa y también soy border, me dan ataques de ansiedad y de pánico porque tengo agorafobia y ansiedad social. Ah, también tengo disritmia paroxística en el lóbulo parietal frontal izquierdo, soy Crazy Cat Lady y fan de Star Wars por culpa de Joseph Campbell. Creo que Carl Sagan decía puras cosas ciertas. Mi color favorito es el verdemoradonaranja y no me gustan las fiestas.

 

¿Saben qué son todas esas palabras? CARACTERÍSTICAS. Identificadores con los que los seres humanos hemos encontrado que nos comunicamos mejor. Si yo les digo verde, ustedes imaginan verde, pero si nos ponemos a compararlo, cada quién tiene un verde diferente en mente. Pero igual le decimos verde para no perdernos entre tantos detalles de percepción; ahora, si es necesario entrar en detalles, pos es porque te dedicas a los colores.

Cuando digo que tengo distimia, no me saqué de un diccionario de enfermedades la palabra (aunque muchos hacen eso con diccionarios de medicina alternativa y a ellos sí no les cuestionan sus enfermedades, porque son avant garde, porque están siendo holísticos…). Cuando digo que varios psiquiatras que han estudiado bastantes años para poder atenderme a mí y a otros y quien me escucha decirlo decide que son médicos pagados de sí mismos, ególatras que no tienen autoridad alguna para decirme nada, les recuerdo que están discutiendo con alguien que no tiene terminada la preparatoria, y que mi vocabulario es más extenso, mi capacidad de comprensión es mayor, y mi tolerancia, evidentemente, infinita.

 

Cuando alguien viene y me dice que prefirió no hacerle caso al psiquiatra, que las medicinas le hacían sentir peor, y que encontró en la ayahuasca y la meditación la forma de sentirse mejor, no tengo nada que decir más que: felicidades. Porque normalmente los que padecemos algo, lo que sea, compartimos lo que hemos pasado sin ánimo de estar convenciendo a nadie de que nuestro método es el bueno.

No hay método bueno. No hay receta inefable. No la hay porque cada persona es distinta, cada padecimiento tiene sus propias características y circunstancias. Y por eso cuando yo digo depre, ustedes imaginan una cosa que bien puede ser medio gris, medio triste, medio oscura, pero cada quien sabe qué tanto.

So, paren de mamar: si les digo que eso soy, es porque eso soy, porque me conozco, porque llevo años entendiéndome, haciendo la chamba, escuchando a muchos, leyendo más. Y por favor, si no tienen nada constructivo qué decir, recuerden que lo mejor que pueden hacer por un depresivo, o por cualquier persona con un dolor cualquiera, es ESCUCHAR.

Joder. Hay cosas fáciles de entender pero increíblemente complejas de explicar. Como por ejemplo el sabor del helado de menta con chocolate.

La depresión es una palabra que usamos como adjetivo, como sustantivo, como calificativo y todos tenemos imágenes en la cabeza de cómo se ve, y todos sabemos o creemos que sabemos cómo se siente.

Yo conozco algunas palabras para llamarle a la depresión:

LAS MIAS
– Misses Joy. Así la bauticé hace varios años. Le digo así porque vive conmigo, para darle nombre, porque se roba mi joyfullness.
– El monstruo. Acuñada recientemente por la psiquiatra que me atendió en el servicio de emergencias del Nacional de Psiquiatría. «Es un monstruo que has tenido bajo correa tres años, y como buen monstruo, a veces se fastidia».

LAS DE LOS QUE NO TIENEN DEPRESION
– Tristeza (Wrong!)
– Hueva (Wrong!)
– Ganas de llamar la atención (Wrong!)

LAS DE LOS QUE TIENEN DEPRESIÓN
– Miedo.

LAS DE LOS DOCTORES
– Depresión clínica
– Depresión crónica
– Distimia

LAS DE LOS QUE NO TIENEN DEPRESIÓN, PERO LA CONOCEN A TRAVÉS DE TERCEROS Y QUIEREN SER EMPÁTICOS.
– Saudade
– Melancolía
– Sin ganas de vivir

Hay gente que necesita conocer las palabras y entender sus conceptos médicos para creer que existen y entonces creer que entienden la idea. Gripa por ejemplo. Hay gripa, resfriado, bronquitis, laringitis, influenza, infuenza H1N1, y aunque todos lo googlean y lo buscan en los diccionarios médicos algunos creen que es una infección, otros que es un asunto del clima, otros que es porque estás triste. Total que vale madre la información, porque la verdad es que las enfermedades son únicas y específicas en cada paciente. Claro que tienen cosas en común con otros pacientes, por eso los médicos pueden ayudarnos y a veces hasta curarnos, pero eso no quiere decir que estar triste sea estar deprimido.

Así que comencemos por ahí. Cuando digo que tengo depresión no me imaginen echada en mi cama, comiendo de un bote de helado con galletas de chocolate, con la mirada perdida y llorando incontrolablemente. Eso lo hago cuando la película lo amerita.

Después de años de padecer depresión, de vivir rodeada de gente deprimida, de enterrar a un par que vivieron y me educaron así… creo que la depresión es la incapacidad de no cuestionar a la vida y simplemente vivirla.

¿Me siguen?

Yo me sirvo un café, y no saben… no alcanzan a imaginar el placer que siento cuando saco los granos molidos y todo el olor se mete por mi nariz. Inhalo y siento claramente cómo todo mi planeta se detiene y mi columna vertebral se acomoda y todo es perfecto. Eso me pasa también cuando canto sin que me jodan. Cuando mi marido me saca a pasear en coche. Cuando me abraza de cucharita.

En esos momentos, en esos escasos y contados momentos mi cuerpo, mi mente y las miles de voces que hablan dentro de mi cabeza (eso lo explicaré en la parte 2) están todas en el mismo lugar y no nos preocupa nada. El resto del tiempo…

Una vez que sirvo el café me angustia que se caiga una gota, ensuciar la mesa de doña Geno en la oficina, perder demasiado tiempo en lavar la prensa, que no haya ofrecido café a alguien más que a Beto pero también por qué carajos voy a ofrecerlo ¿Ya te diste cuenta de la hora? No es normal, no es normal. No te acuerdes. El status de la cuenta. El perro… ahhhhh el olor…

Y yo sé que ustedes me van a decir que a todos nos pasa, que a ustedes les pasa, que muchas veces no consiguen detener las ideas en su cabeza, que tome clases de meditación y que respire.

Lo hago. Lo hago. Lo hago.

Gracias a eso aprendí a los 33 a subirme a un camión y no llorar. (Me rompí una muela en el ataque de ansiedad mientras apretaba la quijada, pero no lloré). Gracias a eso el 7 de marzo cumpliré un año completito de ir a una oficina, donde hay gente extraña, y contesto el teléfono y nadie se entera que soy como soy.

Pero mientras a ustedes el discurso interno les sigue y luego se duermen o van con los cuates y se ríen y se relajan yo sigo igual todo el maldito tiempo. Mientras sueño, cuando me baño, cuando le doy un sorbo al café y a veces esas voces, esas ideas se vuelven emociones tan intensas que acabo llorando de la nada, inmovilizada donde esté parada, temblando. A veces empiezo a hablar como si de eso dependiera que respirara.

Y para evitar que esas cosas pasen (que son los síntomas particulares de MI depresión que médicamente se llama Distimia), me dan medicinas. Y como todas las medicinas, a veces dejan de servir y hay que ajustarlas.

Y ahorita estoy en eso…

Y me senté a escribir esto porque en el camino de la distimia he aprendido una cosa: Si el sexo es tabú, la depresión más. Todos le tienen más miedo. Y ya estuvo bueno.

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Desperté para escuchar que un amigo está desesperado porque no llegan las noticias que espera. Me preocupé. Hablé con otro amigo a ver si sabía algo de esas noticias. Abrí el periódico, me sentí Mafalda. Ayer renté películas y entre ellas: It’s fine (pensé mucho en mis papás y en cómo aunque ya no están siempre estuvieron y yo siempre estuve para ellos), Infierno (que no ayudó a que mi síndrome de Mafalda desapareciera), Cinco días sin Nora (que me hizo recordar que de haber nacido de madre judía pesaría 10 kilos más de los que peso).

El día no mejoraba. Ayer leí que los salarios mínimos en este país son comparables con los de Nigeria. Suena alarmante, pero si lo pienso bien, no sé nada de Nigeria. San Wikipedia dice: 
«La República Federal de Nigeria es un país en el Oeste de África. Es el más poblado del continenteafricano. Limita al Oeste con Benín, al Este con Chad y Camerún, el lago Chad en el noreste, Níger en el Norte y el golfo de Guinea en el Sur.»

Con las palabras «más poblado» me siento en más confianza de creer que están pasándola igual de difícil o peor que nosotros.  Hoy me quedé sin trabajo fijo. Creo que considerando cómo están las cosas, me tardé en la carrera del desempleo, pero recuperé terreno porque mi habilidad para tirarme al vacío es grande. Soy la depresiva de carrera más rápida al precipicio. Sin embargo, mi freno de mano (una combinación de herramientas de uso como las plantas, los hijos canes, los amigos, y de herramientas de indispensable necesidad, como mi marido y mis medicinas) me permiten ir abriendo paracaídas en la carrera hasta que alguna respuesta finalmente me da impulso para salir del barranco. 
Una vez que me sacudí un poco la angustia -un poco, de verdad sólo un poco- me acordé lo que decía mi padre: «En este país, se es millonario si se tiene qué comer todos los días». Eso se supone, era un consuelo para las épocas de pobreza, pero más que hacerme sentir mejor, me hacía sentir culpable por estar triste o preocupada por nuestro destino económico. Efectivamente tenía qué comer, es más, había suficiente comida para hoy y mañana. Pero no había para la luz, o los impuestos, o el teléfono… «No importa, tienes qué comer, la mayor parte de la gente no tiene». Chingadamadre, es verdad. 
Salí al super, porque sí, sí tengo qué comer, es más, tengo dinero para pagar el agua y a eso fui. De camino al Superama me encontré a uno de mis limosneros favoritos. La palabra limosnero es fea porque es como la frase de mi papá: te hace sentir culpable, pero la verdad es que si mi limosnero favorito se dedica a limosnear es porque como yo, que me dedico a escribir, no ha conseguido trabajo. El es deportista, atleta paraolímpico de alto rendimiento. Entré al super, compré dos cafés de maquinita y chocolate para marido. 
Cuando salí le compartí café a mi atleta: «Mano, tienes una habilidad para venir los días en que más necesito que me recuerdes lo chingones que podemos ser…» 
Mi atleta se aparece pocas veces, y las limosnas que
pide no son sólo para él, si no para el centro que ayuda con ellas, donde a su vez, le ayudan a él. Cadena infinita de favores, asistencia pública que lejos de la institucionalidad siempre está llena de voluntarios que andamos taloneando la vida persiguiendo a la chuleta, que como mi atleta, es olímpica. 
Hoy funcionó la receta de mi papá que en resumidas cuentas se reduce en: siempre hay alguien en peor situación que tú. Pero como ya estoy grandecita y ya le puedo enmendar la plana, agrego: y el hecho de que esté peor que tú y pueda con la vida, quiere decir que tú también puedes. 
Los días malos caen con todos los avisos posibles. Incluso cuando hay accidentes. Para aquellos que hemos vivido en depresión es fácil sentir un ligero cambio en lo que de por sí siempre es cuesta pa’rriba. Mi solución siempre ha sido ocuparme, distraerme, ir en contra de lo que me pide el cuerpo (que por lo general es dormir). 
Hay que estar en vigilia, prevenidos, con nuestras mejores herramientas a la mano y nomás para espantar un poco más a esos que están por venir, hay que chiflar quedito alguna canción tonta… 

Me gusta cuando llueve y se refresca el aire.
Me gusta que el intruso árbol de mi ventana parece descansar con el agua y que los pájaros, tras la lluvia, buscan un charco y chapotean
Me gusta el café.
Me gusta más cuando está preparado en una prensa y al empujar la coladera se sube el aroma y entra por la nariz.
Me gusta cuando el domingo se alarga y no importa si dormiste todo el día, parecen 24 horas bien invertidas.
Me gusta descubrir que tras mi monitor sigue habiendo vida que jamás pierde la fuerza para obligarme a salir a la calle.
Me gusta el olor de cigarro.
Me gusta fumarme uno de vez en vez.
Me gusta cada día que pasa y no prendo uno.
Me gust ver a mi vecina caminar contra el viento como si de verdad un tifón estuviera en su contra.
Me gusta cuando se detiene y toma aire, de ese mismo tifón, para seguir su camino.
Me gustan los ruidos de mi cuadra cuando se enredan con los ladridos de los perros.
Me gusta la gente que pasa por mi ventana y le ladra a Aacini para provocarla.
Me gusta cuando Aacini los asusta saliendo por una ventana inesperada.
Me gusta quedarme dormida porque el calor es demasiado… y despertar por que Dagobah decidió lamer mi pie.
Me gusta tener antojos de café a las 8 de la noche y saber que no debo porque por fin me hace efecto la cafeína.
Me gusta que el calor es tan fuerte, tan fuerte, que un poquito de aire se siente como brisa de mar entre el pelo.

Voy a derretirme a la sala y a oir el viento pasar por las ventanas.

 

Encontré una nota que habla de personas que físicamente son hermosas y padecían depresión y se suicidaron. Y me acordé de todas las veces que he tratado de explicar la depresión, la cantidad de respuestas que he dado cuando alguien me dice: es que es cosa nomás de echarle ganas, el pasado ya pasó, no te claves en lo que no puedes resolver, y varias frases que acumulan etcéteras miles.

Como creo que jamás, jamás se entenderá con claridad qué es la depresión, y los medios nunca ayudarán a que así sea, aquí voy de nuevo, en un intento más contestándole a esta escueta publicación.

 

Lina Marulanda

El pasado 22 de abril, la modelo y conductora colombiana, Lina Marulanda, de 29 años, murió al caer de su apartamento ubicado en el sexto piso de la Calle 86 con Carrera 16, en el barrio Antiguo Country, de Bogotá, Colombia.

Una amiga cercana a Marulanda afirmó que la conductora se encontraba triste por el trámite de divorcio con Carlos Oñate y atravesaba por un mal momento, otras personas cercanas a Lina dijeron que estaba tomando antidepresivos.

 

Es verdad que hay antidepresivos, que al ser administrados sin tomar en cuenta la posibilidad de bipolaridad o esquizofrenia, resulten en una propensión al suicidio. Es verdad también que las viejas nos sentimos muy perdidas cuando nos divorciamos. Y el conjunto puede ser fatal, pero no es tan simplista.
Uno no se deprime sólo por una razón. Mucha gente, como decía mi mamá, nacimos deprimidas.

 

Kurt Cobain

Hiperactivo y heredero de los genes depresivos por parte de su familia paterna, Kurt Cabain padecía bronquitis crónica y escariosis (una desviación de la espina dorsal, que se le acentúo con los años debido al peso de la guitarra).

El famoso vocalista de Nirvana comenzó a ingerir drogas, en especial heroína, a principios de los 90s para aminorar molestias de salud.

El 4 de marzo de 1994, Cobain ingresó al hospital en estado de coma después de un fallido intento de suicidio al tomar un cóctel de medicamentos. Finalmente, el 5 de abril de 1994, de acuerdo al reporte policial, Cobain de 27 años de edad, puso una escopeta en su boca y jaló el gatillo. Cerca de él se encontró una nota suicida

 

¿Se acuerdan del Unplugged de MTV? Quien no se diera cuenta en ese preciso momento que Cobain estaba a dos de jalar el gatillo era ciego, sordo e imbécil. Cobain, como dice la nota, heredó los genes depresivos (aunque no se ha comprobado científicamente que las enfermedades psiquiátricas sean heredables, no se puede negar que hay conexión. Mi conclusión es que si vives con un loco, te vuelves loco).
Los suicidios violentos implican una serie de sintomatologías muy distintas. Aquellos suicidas que buscan lastimarse lo menos posible en el intento, quieren decirle menos cosas a sus supervivientes. Lastimar tu cuerpo es un mensaje muy claro de ira y represión contra quienes te sobreviven.

 

Virginia Woolf

Tras escribir dos cartas, una para su hermana Vanessa Bell y otra para su marido Leonard Woolf, la escritora Virginia Woolf de 59 años de edad decidió suicidarse; así, se ahogó en el río Ouse,cerca de su casa de Sussex el 28 de marzo de 1941.

Antes lo había intentado, días antes regresó a casa con la ropa empapada, fue un intento fallido. La segunda ocasión pensó que era conveniente meter piedras pesadas en las bolsas de su abrigo.

Se dice que tal vez el motivo de su depresión y el origen de su suicidio pudiera ser el abuso sexual por parte de sus hermanos.

El simplismo de esta conclusión me abruma. Si te violaron, eres depresivo. Si te violó un sacerdito serás pedófilo. Si creciste con un político ¿serás mentiroso? El abuso sexual es una marca indeleble que toma millones de síntomas al crecer la víctima. Que en la televisión sean más explotadas aquellas que generen mejores guiones, es un tema muy aparte que tiene que ver con vender jabón, y pasta de dientes, y ropa.
¿Por qué estoy deprimida?
En mi caso, la depresión es un estado, no un momento, no una época. Es una traza de mi carácter que me impide darme cuenta quién soy. Es un disfraz que le pongo a Doña M para protegerla de lo que la asusta. Y cada que consigo quitármelo, hay resultados diferentes: a veces le concedo razón a Misses Joy en protegerme, a veces quisiera matarla. ¿Eso es suicidio?
¿Cuántos de los que se suicidaron querían matar sólo esa parte de ellos?