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María, ¿cómo vas con el libro? ¿Ya avanzaste? ¿Qué tal van esos capítulos? ? Jijos mano… The pressure. La angustia. No ha estado fácil, porque más allá de querer complacer a los demás que se entusiasman por la idea de un libro sobre depresión (¿qué pedo con esa contradicción semántica?) está la idea, la enorme presión, de complacerme a mí misma.

Una cosa es que una tenga distimia, que es un pain in the ass y una carga pesadísima de vivir. Pero una es hija de workaholics, hermana de workaholics, y en mi familia hay pecados que se pueden perdonar, con todo y que nací en una familia uuuultra católica (algunos muy de domingos y superficiales, otros muy nomás en laculpa histórica y los más, en lo teológico, académico, estudiado pues. Mi familia es nerd del catolicismo y la filosofía).

En mi familia se pueden perdonar los divorcios, las infidelidades, el alcoholismo, la depresión, la pobreza, algunas adicciones, determinados gustos musicales o estéticos, la superficialidad emocional o intelectual SIEMPRE Y CUANDO te estés partiendo la madre por estar bien. Y ahí de ti donde se te ocurra medio tirar la toalla. Primero porque no mames, no la tires, estorba. Segundo porque no mames, cómo se te ocurre tirarla si absolutamente todo mundo la tiene más complicada que tú, para eso te dimos educación, para que supieras que afuera hay un mundo de gente más miserable que tú. Tercero, porque no mames, qué hueva la gente que no hace absolutamente todo, hasta morirse, por salir adelante.

La idea de escribir este libro sucedió una tarde mientras releía a Diario de una Oveja Financiera de Sonia Sanchez Escuer. Como ya es más costumbre que excepción en mi vida, estaba tratando de reinventarme fuentes de empleo, porque eso es algo que los que no estudiamos y tenemos crisis emocionales que nos impiden tener continuidad en cualquier entorno (profesional, escolar, familiar) tenemos que hacer cada tanto. Estaba, como casi siempre, sin chamba y sin poder encontrarla. Así que por supuesto, estaba escribiendo ese libro, el que empecé hace dos años, para intentar trabajar, y a ver si esa inercia me hacía conseguir trabajo. Y así ha sido, me pongo tantito bien, consigo chamba, la consigo mantener un tiempo, vale madre, la pierdo, y otra vez.

Entonces, llevo dos años, tratando como dice el slogan de este sitio, viviendo con depresión aunque quiero morir en el intento. Y pues a veces consigo avanzar el libro, a veces lo acabo de un jalón (pasó que en una semana escribí 7 capítulos y neta, con eso armábamos un libro) pero por supuesto ya leyéndolos no servían para nada y los arrumbé en algún lugar y ahora ya no sé ni dónde están ni cómo empezó ni nada.

A veces consigo escribir algo más formal, a veces le doy forma, a veces hago un mapa más real. A veces pido ayuda y a veces la consigo. A veces se me ocurre que ya está listo para pitcharse a una editorial y luego me acuerdo que eso no haría el libro que quiero…

Verán, hay gente con depresión que no puede salir a la calle, que no puede ni siquiera abrir el celular porque ahí está la fuente de muchos disparadores de nuestra enfermedad. Ahí están las críticas, los estándares imposibles de cumplir, las promesas de la vida feliz que jamás logramos conseguir. No podemos salir a la calle porque cuando lo hacemos nos sentimos observados, juzgados, ridiculizados y eso desgasta. Pero además no podemos salir a la calle porque el dinero, es un poquito más escaso que el de la gente sana, porque nosotros rara vez tenemos trabajos estables o porque el dinero que tenemos ya lo debemos, o porque el que tenemos lo necesitamos invertir en medicinas, terapias, asistencia de gente que nos ayuda a ser un poquito funcionales.

Entonces, no hay chance de que ese libro que yo podría hacer y venderle a una editorial, le llegue por cuenta propia a quienes están como yo. Así que me la he pasado escribiendo un libro que no estoy segura que valga la pena escribir.

Lo que sí vale la pena, es seguir haciéndolo, seguir comunicando las ideas del libro, porque eso ha ayudado. Los posts en Facebook (que tanto odio), los posts aquí que sí disfruto, le han servido a algunas personas. Y eso me sirve porque me hace sentir útil, que es mi hit de dopamina más cabrón en el universo. Y si me sirve a mí y le sirve a alguien más, hay que seguir haciéndolo.

Así que ahora, en lo que consigo ordenar qué carajos hacer, en lo que consigo sobrevivir al day by day, no habrá libro, habrá podcast. Y podrán escucharlo los jueves, en Spotify, en iTunes y en la página de Dixo, que es la plataforma que amabilísimamente, decidió producirlo.

Les aviso para que guarden su lunes AM, para que se pongan un recordatorio, porque neta creo que mi productora Verónica, hizo un trabajo increíble y me ayudó a darle coherencia a las miles de ideas que suceden en mi cabeza. Recordatorio o no, aquí les dejo el link del primer episodio, aquí en Spotify, aquí en iTunes, y aquí en la página de Dixo.

Muchas gracias a todos los que durante dos años han seguido aquí, a los que lo acaban de descubrir y me escriben y lo recomiendan y lo usan. Hay gente que sobrevive a la depresión porque tiene hijos, porque ama a alguien y es correspondido, porque se ven en la sonrisa de otro. Yo sobrevivo a veces por mi nana, a veces por mis gatos, pero muchas porque sé que alguien aquí me lee y que de algo le sirve saber que yo también estoy aguantando.

Ojalá les sirva el podcast. Ojalá nos sirva.

Después de 16 años en medicinas psiquiátricas, un día me vi sin pastillero, sin alarmas, forjando un churro y confiando en que todo estuviera bien.

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Una pastillita verde, explosiva, incomprendida, que tuvo malas películas… y que me ha salvado cada vez que quiero suicidarme. Stan Lee me regaló Hulk.

 

Tengo 10 minutos de descanso. Ahora vivo contando minutos. Soy la Social Media Lead de Cultura Colectiva Noticias, fuente inagotable de uno de las mejores herramientas para aprender a vivir con Síndrome de Ansiedad Mayor: no tienes tiempo de hacerle caso al demonio interno cuando cada 5 minutos el mundo tiene algo qué contar y tú eres responsable de uno de los engranes que hace que un par de millones de personas se enteren.

 

Reaccionando a una de esas historias, me enteré que murió Stan Lee. Inmediatamente dejé mis pendientes en hold, y me puse a hacer mi chamba. Para hacerlo subí y bajé unas 8 veces las escaleras de donde hace meses me caí y casi me mato, por accidente, no porque quisiera. Tres horas después me cayó el 20.

 

 

Fue lo más que pude hacer para mí, para darme mi chance de llorarlo. Y para ustedes, porque este sitio existe para que yo comparta cómo chingados le he hecho para sobrevivir…me. Porque el mal está en uno, como en cualquier super héroe. Por eso tenemos kriptonita (ya sé que no es Marvel, pero Superman también vive en mí… y Batman). Por eso tenemos a Wonder Woman que nos ha reinventado el feminismo. Por eso tenemos a Hulk… que me ha salvado tantas veces.

 

Tan pronto lo publiqué ustedes, que son la mar de generosidad, empezaron a comentar. Y me están compartiendo sus versiones de Hulk, y ese es el milagro del regalo de Stan Lee: nos sintetizó códigos complejísimos, para que todos encontremos en su personajes, alguien que nos de el poder de una imagen, que jamás será tan fuerte como el de las palabras.

 

No tengo chance de escribir más, pero no podía dejar de hacerlo. Desde mi Hulk, sepan que admiro, amo, y quiero al suyo, a su Spiderman, a su IronMan, a su Batman (si como yo viven divididos en el amor por DC y MArvel), a su Luke Skywalker, a su Darth Vader… a su Han Solo (personaje que siempre me recordará mi más reciente intento suicida). Les abrazo a todos. Desde mi Hulk, les abrazo a todos.

Sucede que sí… pero no. Vaya, no es tan fácil. ¿Y qué podría serlo hablando de suicidio? Leer más

Ser feliz, cansa. Pero sienta bien.

¿Cuánto tiempo tienen sintiéndose mal? ¿Cuánto tiempo han vivido sin poder sacudirse el malestar emocional, la depresión, la frustración, la ansiedad? Yo tengo toda mi vida así, y aunque han habido periodos en que experimento una cierta paz, nunca en mi vida había sido feliz. Sí, lo dije en pasado. Y ahora soy feliz, tengo exactamente desde el 23 de abril de 2018 siendo feliz. Y no saben lo cansado que es.

 

¿Han oído cómo se quejan los papás porque dicen que nadie los prepara para serlo? ¿O se acuerdan de eso que decía el idiota de Salinas de Gortari, de que nos preparáramos para la administrar la abundancia? Bueno, pos así me siento. Ando como loquita para todos lados, trabajando como si tuviera 20, construyendo nuevos lazos emocionales en la chamba, en la escuela, entendiendo que sí tengo amigos y que está cool y que me los merezco. Eso, para mi cerebro distímico, incapaz de creer que la vida tiene propósito alguno, es como para alguien con 20 kilos de sobrepeso hacer unas 50 abdominales.

Yo supongo que así es como se iniciaron los primeros experimentos de la terapia Gestalt. ?Me acuerdo cuando mi madre andaba estudiando Gestalt un día me entintó los pies y me puso a caminar en un rollo de papel larguísimo. «Estoy analizando tus pisadas para entender cómo te sientes». Créanme, jamás volví a caminar con confianza frente a ella… pero aprendí mucho sobre Gestalt y sus principios y ahora entiendo cómo, modificando hábitos no sólo emocionales como lo propone la corriente alemana de terapia, sino hábitos alimenticios, de rutina, sociales y de convivencia. Ojo, no quiero decir que corran a cambiar toda su vida, sino que de verdad cada cambio, por pequeño que hagan, siempre y cuando sea constante, traerá otros cambios y muchas veces, aunque saquen por completo de lugar, son para bien.

Mi rutina pasó de despertar cuando el cuerpo y la mente me lo permitían, tratar de armar algun texto para este sitio, atender a los gatos, trabajar en mis clases para Mutant y volver a dormir. Ahora despierto a las 6AM, limpio la casa, preparo café y desayuno, me arreglo. Sí, leyeron bien, me quito la pijama y me visto con ropa de calle y me maquillo, y salgo a la calle oyendo música y normalmente voy de buenas. Hasta yo me tengo que pellizcar de vez en cuando.

Luego de esa mañana que ya de leerla me cansa, paso 8 horas en una redacción de noticias, trabajando los canales de social media, conviviendo, aprendiendo, dejándome llevar. Sí, leyeron bien: dejándome llevar.

Hay días en que saliendo voy al gym, otros a terapia, otros derecho a la escuela y otros a dar clase privada. En no sé qué tiempos que me invento consigo ir al super, traer la cena, hablar con mi familia por Whatsapp. Y entre más cosas hago, entre más pendientes saco más satisfecha me siento.

No, no me curé de distimia, sigo pensando que esto de vivir es un chiste muy mal contado, que incluso ahora que ya puedo disfrutar algunas emociones que me eran desconocidas, es una ojetada de quien haya planeado esta «experiencia» que uno tenga que pasarla mal junto con pasarla bien. Qué pésimo diseño de producto: tú jamás comprarías un refresco que dijera: te va a saber a gloria al mismo tiempo en que te tomas una taza entera de azúcar que tapará tus arterias, alentará tu metabolismo y te hará sentir necesidad compulsiva de otro refresco. ¿Verdad que no?

Pero la realidad es que la vida es así: engorda, tapa las arterias, cansa. Y si empiezas a entender que hay emociones que sí están a tu alcance, como ser feliz, como disfrutar lo que antes odiabas, te cansas. Lo disfrutas, pero te cansas, porque no estamos… al menos yo no estoy acostumbrada al consumo de energía que implica sentirte bien.

Cuando he estado deprimida, en crisis pues, más allá de mi distimia, más allá de mis muchos issues emocionales, cuando he estado por semanas o meses sin poder hacer contacto con nadie, metida en la cama, perdida en mi pantano de miedos, me canso igual, pero más denso. Si pudiera medirlo sería como si el cansancio de la depresión fuera constante y delgado pero sucio, como una mancha de aceite en un vidrio. El cansancio de la felicidad, del entusiasmo es como una mancha de agua, se va rápido, pero con la lluvia vienen un montón y no paras.

Me asusta, y mucho. No sé cómo no tener miedo de perder todo esto nuevo que me hace sentir bien, y a veces me da tanto miedo que entorpezco las pláticas, me tenso, me entra el pánico y me echo a perder el momento. Pero como siempre, algo hice bien en medio de todo, y a pesar de que la gente que me quiere se desespera (y es perfectamente natural que lo haga), siempre consiguen ayudarme a regresar a mi centro.

 

Yo no tengo manera de saber a qué le tienen miedo ustedes, o qué situaciones les han provocado gusto, felicidad. No sé si le tienen miedo, supongo que sí. No estamos acostumbrados a esto. Pero ya me está pasando, llevo varios meses así, y sin miedo a equivocarme les digo: vale la pena. Justo la pena. O la gloria. Lo que sea que venga. Pero jamás dejen de intentar algo por miedo.

Por la misma razón por la que pudo gozar, por la que nos enseñó a todos que nuestro cuerpo no es un templo si no un parque de diversiones. Anthony Bourdain, como el ser extraordinario que es (porque deja un legado que lo mantendrá vivo por siempre), sentía todo lo que vivía, y por eso también decidió morir.

No, no lo sé de cierto, pero supongo que alguien que sabía gozar con esa capacidad de intimidad, sólo podía vivir siempre de esa manera. Jamás podré compararme con la sofisticación y cultura, capacidad de vivir sin miedo y entrega que tenía Bourdain, pero me identifico mucho. Vivir duele, vivir sabe, vivir calienta y enfría y cansa. Y te tumba al piso y quieres vivir ahí siempre o morir en un segundo sólo para revivir y luego no sentir nada. Cada texto suyo, cada entrevista, cada risa, cada expresión de extrañamiento, cada vez que cerraba los ojos y probaba algo lo hacía con tal compromiso que era imposible que el resto de su vida fuera menos intensa.

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A todos nos pega. Vemos una foto, un objeto y nos transporta a un momento importante en nuestro pasado. A la mayor parte de la gente le da por guardar objetos que les recuerdan momentos que les hacen sentir bien al verlos. Y si algún sentimiento incómodo se atraviesa, simplemente se lo sacuden. Ah… la felicidad de ser neurotípico.

Pero nosotros, «los locos, somos otro cosmos», diría mi maestro Oscar de la Borbolla, y los recuerdos son como el teletransportador que nos secuestra del presente y nos lleva al momento mismo donde nació ese recuerdo. «Beam me up, Scotty», y pronto estamos en el pasado, viviendo como si fuera por primera vez ese momento de mierda o de luz que nos llevó a un estado alterado de la consciencia. Porque no, nosotros no tenemos recuerdos, tenemos alientos de vida o de infierno.

Este retrato que ven, lo hizo Jaime Ávila, un gran, GRAN, gran fotógrafo a quien tengo el gusto de conocer hace un par de pares de años y que me ha hecho el favor de interesarse en este proyecto por lo que yo he hecho el esfuerzo de socializar y salir de mi cascarón a una cervecería en la Roma, donde convocó a quien quisiera participar en su serie «Deconstructed«.

¿Ya vieron qué chuladas de retratos? ¿Qué maravillosa capacidad tiene Jaime para capturar el momento más esencial de una persona? Bueno, pos porque la serendipia es como es, Jaime tomó esa foto mientras estaba ilusionada por un día que pintaba complicado, pero que valdría la pena el esfuerzo. ¿Se dan cuenta como mis ojos dudan? ¿Se fijan como en mi expresión hay un: «mejor ponte flojita, porque se avecina un madrazo»?

 

Minutos después de que Jaime tomara la foto, una persona a quien quiero profundamente, me lastimó muchísimo y en público. Horas después, otra persona a quien amo, olvidó que teníamos un compromiso importante porque estaba entrepiernado con una adolescente de trasero monumental; horas después, estaba sola en una sala de cine, en un ataque de ansiedad, viendo una película profundamente importante para mí y que de ahora en adelante será el recordatorio de uno de los días más dolorosos de mi vida.

Al día siguiente las cosas empeoraron, me quedé sin trabajo y entonces el suicidómetro se salió de control y me vi con el frasco de medicinas en la mano pensando: ¿Cuántas de estas serán necesarias para apagarme el CPU?

Estoy escribiendo esto, así que no me las tomé. En vez de eso le avisé a mi roomie que estaba suicida y que necesitaba que me monitoreara (a la distancia, porque no estaba en casa, pero en mi cabeza la idea de que lo supiera me ponía en mente que no estaba chido que me encontrara muerta en la casa y se sintiera por alguna razón responsable); le avisé a una amiga y le fui a un lugar de confianza a fingir que no pasaba nada. No funcionó así que me fui a refugiar a casa de mi amiga. Tampoco funcionó y en la noche me enteré de otra estocada…

Hoy veo la foto que Jaime tomó minutos antes de que sucediera la derrama de eventos desafortunados. Un neurotípico mentaría madres y diría: «puta madre Jaime, ahora estaré en una colección JUNTO A ELY GUERRA con mi cara de estúpida antes de que me diera cuenta de que todo valió madre». Por fortuna, yo estoy loca, soy neuroAtípica y estoy enferma de sobrevivir, de salir adelante. Así que veo en la foto lo que dijo mi querida Fátima: «…en tu foto hay una fuerza que precisamente se preparaba para lo que venía».

 

Vivir es mi deporte menos favorito, y yo odio los deportes. Sobrevivir es una consecuencia de la vida que tengo y me parece nefasta. Y a pesar de eso escribo, y he rescatado decenas ya incontables de animales y he podido ayudar incondicionalmente, dar clase (¿se imaginan? Soy capaz de enseñar algo a otras personas); de tejer, de cocinar, de servir una mesa, de atender y curar a quien amo. ¿Cómo sería si gozara vivir? ¿Cómo sería si sobrevivir fuera una idea lejana que sólo conociera por referencia?

 

Gracias Jaime. Tu foto revela quien soy. Este volcán activo que se cuida mucho de no hacer erupción para no lastimar a nadie, pero que siempre regala paisajes hermosos, dramáticos, pero hermosos.

 

 

Me he preguntado eso desde niña. Me lo pregunté primero porque era lo que todos decían: «Eres una niña chiquiada, consentida, malcriada». No quería ir a las fiestas de cumpleaños, no quería celebrar mi cumpleaños, no quería vestirme como todas las demás, no quería ruidos y alharacas.

Tengo recuerdos muy incómodos de momentos donde los adultos encargados de mi vida buscaron obligarme a convivir invitando gente de mi edad a la casa que ahora entiendo aceptaban por compromiso con sus familias o porque sentían lástima por mí. Las reuniones eran tan profundamente tediosas… yo me esforzaba tanto por convivir que terminaba siendo odiosa. Ellos se sentían tan atrapados que quedaban hastiados de mí. Yo lo único que quería era que el tiempo pasara rápido y se acabara la visita por compromiso.

El problema real venía después: sabía que mis esfuerzos no sólo me habían desgastado, también habían sido en vano, que los invitados se sentían fastidiados e incómodos; yo me sentía frustrada y culpable: ¿por qué me parecía tan aburrida la gente, tan insulsa? ¿Por qué trataba con tanta condescendencia a quien hacía un esfuerzo por ser amable conmigo?

Sigo sin saberlo…

«Dear, yo sé que soy intolerante, y el mundo tiene dos pedos si no le parece». Me dijo ayer mi Dear (que me conoce hace 12 años y quien me permite cosas como lavar platos en su casa para que yo no me sienta incómoda por no hacer nada. Yo no quiero ser intolerante, no quiero ser esa clase de persona que se considera mejor que otra por la razón que sea. Pero tampoco consigo interesarme por cualquier tipo de plática, o (no sé si la solución es peor) fingir que me importa.

Es muy difícil comprender la distimia. A mí misma me tomó años aceptarme. Cuando he tenido cuadros de depresión mayor noto la enorme diferencia que  hay entre sentirme fatal, sin ganas de nada, a lo que siento todos los días…. que es una especie de aceptación melancólica. Muchas veces la gente cree que porque soy amorosa, que porque puedo emocionarme con algo y pasar un rato cómoda y sonriente, si sigo haciendo esas cosas eventualmente «me curaré». No es así. Para empezar a diferencia de la mayor parte de nosotros los depresivos, yo no recuerdo una época en mi vida donde no me haya sentido así: melancólica, derrotada, desinteresada, desapasionada (y esos son los días buenos); la diferencia de ese estado llega cuando me deprimo clínicamente y una especie de desesperación me ronda. Esa crisis se salpimenta de manía (porque no sólo soy distímica, también tengo personalidad limítrofe). Tanto la desesperación como la manía me desgastan y me asustan. O tal vez porque me asustan me desgastan. Y esas emociones que me provocan esos estados alterados se parecen mucho a lo que siento cuando estoy en una situación social, digamos, convencional: reuniones, «vamos a vernos para pasarla tranquilo, sólo platicar y salirnos de la rutina».

Ay qué miedo me dan esas palabras: «Salir de la rutina». Con el trabajo que me ha costado encontrar una donde cada pieza me hace sentir mejor que la anterior hasta que finalmente el día termina o llega un momento en donde todo parece encajar.

 

¿Ustedes cómo lo llevan? ¿Disfrutan la convivencia? ¿Les gustan los grupos? ¿Prefieren la soledad? ¡Cuéntenme! Vamos a platicar, a pasarlo tranquilo… cada quien desde su computadora.

POST DATA: Gracias a sus comentarios me di cuenta que di por entendido, o que hice entender que la Distimia es la culpable de mi necesidad de soledad y mi incapacidad de disfrutar las fiestas y reuniones. No. La distimia es otro monstruo, un poquito oscuro, que nada tiene que ver con mi INTROVERSIÓN.

Nosotros los introvertidos no disfrutamos de estos compromisos de fin de año (o de cualquier otro compromiso social). Nada nos hace más felices al respecto que el hecho de que nos notifiquen que se cancela. Convivir en masa nos desgasta. Lo mismo pasa con platicar con gente con quien no tenemos nada en común. El paraíso para nosotros es el silencio cómodo que proporciona la persona adecuada.

Muchas gracias por sus comentarios. No me habría dado cuenta de este gravísimo error si no me escriben.

Yo sé que todos tenemos tentaciones y que eso de vivir básicamente se trata de sentir, de aprovechar el tiempo, de tener experiencias inolvidables, de sentirnos mejor. Nomás que en el ánimo de hacerlo, también nos contradecimos, también nos hacemos daño, también terminamos dañando a los demás.

Les dejo aquí una brevísima, pero muy detallada, lista de 5 actividades que conscientemente he eliminado de mi vida para evitar lastimarme más, dañar a otros, abandonar la incongruencia y beneficiar mi tratamiento.

  1. Nada de drogas recreativas. – La neta, eso lo hacía incluso antes del diagnóstico. La única vez que me ofrecieron marihuana fingí darle un jalón para salir de la bronca. Pasa que aquí su amistad, es un poquito reaccionaria y este tema de «la guerra contra el narco» no me parece que sea una moda, ni creo que haya sucedido solamente en los últimos 20 años. Ha sucedido siempre. Y me parece ultra irresponsable quejarse del país y consumir drogas ilegales.
    Pero más allá de eso: siempre supe que había algo raro conmigo, siempre pensé que la realidad que vivía ya estaba suficientemente alterada. Tenía 8 años la primera vez que me enfrenté a lo que en mi familia se llama locura: un brote psicótico esquizoide. Sé cómo se ven y sé que no necesitan que les agregues nada.
    Hoy hay una lucha importante por legalizar la marihuana y recuperar sus usos medicinales, y tengo cero bronca con ello, nomás que sin receta, no hay mota. Literal.
  2. Nada de alcohol.  – En la adolescencia sí tomé mucho. Me podía acabar dos botellas de tinto solita en mi cama, sin que nadie supiera. Pero antes, en la infancia, ya había recibido entrenamiento para aguantar. Mi padre era alcohólico, una de mis hermanas aceptó serlo y se fue a AA. Entendí que las adicciones corrían en mi familia y que no era un territorio que yo debía recorrer: no había nada por averiguar. Si lo intentaba, iba a salir mal.
    Aquellos años de adolescente tomando sola en mi cama, se fueron como vinieron, por fortuna, sin lastimar a nadie. En mis 20s confiada por la estabilidad de mi matrimonio me animé a probar por primera vez el Bacardí. El resultado fue poco más que vergonzoso. Me puse una borrachera tal que llegué vomitando a mi casa. Mi entonces marido me dijo: «Mira, yo ya me pasé toda la adolescencia cuidando a los borrachos de mis amigos, no lo quiero en mi vida de casado». Santo remedio, no volví a hacerlo.
    Luego vino el diagnóstico, y con él la prohibición específica de parte de los doctores de no tomar alcohol mientras estuviera en tratamiento. Soy estúpidamente obediente ante esta petición. No sólo le tengo mucho respeto a alguien que ha estudiado más de una década para servir a otro ser humano, también soy estúpidamente rígida: si acepté el tratamiento es porque me rendía ante la enfermedad, así que debía seguir todas las instrucciones.
    Eventualmente tuve una época de estabilidad suficientemente larga como para que mi psiquiatra me diera permiso, si así lo quería, de tomar pero sólo 1 a 2 mezcales, tequilas o vodkas, con comida, y acompañada por alguien de confianza y sin mezclarlo con mis medicinas. Y lo hice. Gracias a ello tengo dos noches de recuerdos muy lindos con eso. Volví a tener crisis y no hizo falta que nadie me dijera que no tomara.
    El efecto relajante que tiene el alcohol nos confunde, igual que el de cualquier otra droga recreativa o incluso que las que nos recetan. La cosa es que las recetadas vienen con un plan, están medidas y estudiadas; y el alcohol está estudiado también, por sus malos efectos.
  3. Nada de sexo casual – Ya sé, esto suena a prohibición total de la vida. Y casi, es. Pero les juro que vale la pena. Sobre todo si tienes diagnóstico de Bipolaridad o Personalidad Limítrofe. Es la limitación que más trabajo cuesta, porque el sexo casual es una trampa para sentirnos queridos.
    Una amiga con Hipomanía tuvo varias experiencias sexuales, luego de divorciarse, completamente fuera del contexto de su personalidad y su carácter; cuando lo platicamos me dijo: «yo sólo estaba buscando que me abrazaran».
    El sexo es necesario y es sano. CIERTO. El sexo forma parte de la vida natural de cualquier persona. CIERTO. El sexo es liberador de endorfinas y nos pone de buenas. CIERTO… Siempre y cuando suceda en el contexto de la salud mental, esto es: dos adultos con capacidad de consentimiento, que busquen un momento de placer sexual, sin motivos ulteriores; que tengan buena autoestima y que no estén buscando llenar un vacío emocional con el sexo y las emociones que provoca. La adicción al sexo y al «amor» (lo pongo entre comillas porque las siglas de donde tomo esta frase no se refieren al amor, si no a la enfatuación) es real y es parte de muchos trastornos emocionales. Neta, ya estamos metidos en muchos problemas, no hace falta que le metamos más.
  4. Nada de automedicarse o autodiagnosticarse – Mi nana tiene tiene 35 años limpiando casas. Yo tengo 20 escribiendo. Mi hermana tiene 25 años como educadora. Si cualquiera viene a decirnos cómo hacer nuestra chamba sólo es justificable por una razón: Sabe más que nosotras.
    Recordando que mis únicas dos credenciales para hacer este espacio son: llevo 15 años de diagnóstico formal y 20 escribiendo, les voy a contar una cosita horrible que no saben de internet. Los artículos que leen googleando palabras como «depresión», «efectos de la fluoxetina», «enfermedades provocadas por los medicamentos psiquiátricos» o son escritos por gente a la que le pagan .80 centavos de dólar por escribir o traducir notas a tasajo, o son textos pagados por las mismas farmacéuticas para provocar más miedo del que ya provocan.
    TODAS las medicinas tienen efectos secundarios. TODAS las enfermedades tienen distintas etapas y evoluciones y no hay manera de escribir todos los matices y combinaciones que pueden haber en un sólo libro, ni en el DSM (en ninguna de sus ediciones).
    Cuando entras a una computadora y googleas tu enfermedad o tus síntomas, es como si te pararas a la mitad de una avenida a gritar esos nombres y cualquier persona te contestara. En cambio, si vas a un consultorio, de alguien que estudió para entender esas palabras y sus variantes y le informas cómo te sientes, esa persona tendrá las habilidades de combinar su experiencia, con la información actualizada, más la experiencia que conoce de otros pacientes.
    La mente es terreno con poca exploración, y no hay tantos exploradores buenos, bien preparados como quisiéramos. Por favor, no le concedas a Google la posibilidad de diagnosticarte o medicarte. Mejor googlea: «Psiquiatras en mi zona».
  5. No llevar registro de mis emociones. – Suena bien raro, pero así como la gente que está a dieta a veces tiene que contar las calorías o las cantidades de comida que ingirieron, es muy útil para los pacientes emocionales QUE NO TIENEN OBSESO COMPULSIÓN llevar un registro de cómo nos sentimos. Desde un diaro que cuente todo lo que hacemos y cómo nos afecta; hasta una app con emoticones que resuma en un dibujo el estado general de tu día.
    La última crisis que tuve consistió en varios ataques de pánico muy fuertes. Había estado estable durante dos años, no tenía crisis graves de depresión ni ansiedad, tampoco las ideas suicidas eran más recurrentes o persistentes. Pero entonces tuve un ataque de pánico, llevaba más de 6 años sin ninguno. Fui al Nacional de Psiquiatría y al hablarlo descubrimos que estaba francamente agorafóbica. Un mes después me dio otro ataque. Tuve mi primer cita en el Consultorio A y otro ataque más. Eran ya 3, ciertamente cada vez menores, pero ahí estaban, casi periódicos. Mientras tanto yo seguía tomando mis medicinas y apuntando mis emociones. Entonces me di cuenta: los ataques de pánico coincidían con los días en que mi calendario marcaba Síndrome Pre-Menstrual. ¡AJÁ!
    Dos meses antes del primer ataque había ido a visita regular al ginecólogo. Tras hacerme análisis notó que tenía altísima la prolactina (sí, de lácteo, justo es la hormona que sirve para producir leche). Le aclaré a mi ginecólogo todas las medicinas que tomo y, pues resulta que coincidentemente, ALGUNAS MUJERES que tomamos antidepresivos, solemos tener altos los niveles de prolactina. Cómo era lo único que encontró, me mandó una medicina para controlarlo. La tomé. Ya saben, soy la más obediente. Un mes después me cambió los anticonceptivos. Y nomás llegó la primera semana de SPM y adiós estabilidad.
    Descubrí eso gracias a mis anotaciones. Gracias a mi necesidad de entenderme. Eso no significa que yo tomara decisiones médicas al respecto. Lo platiqué con mi psiquiatra y me explicó que es muy probable que la medicina que me mandaron, junto con los eventos que viví en esos meses, provocaran la recaída. Suspendimos los anticonceptivos y dejamos descansar a mi cuerpo unos meses. Ahora apenas voy a volver con mis anticonceptivos anteriores…- Pero a ver, espérate María, si tú dices que no hay que tener sexo casual y eres biiiien solterísima.
    – ? Pero tengo 40 años. Y mis hormonas están quejándose muchito porque no me reproduje, y hacen de mí SPM una guerra sin cuartel contra mí.

    Hay anticonceptivos que no afectan el trabajo de los antidepresivos (CONSULTA A TU PSIQUIATRA Y A TU GINECÓLOGO, no a mí, yo no soy médico), pero que ayudan a eliminar los síntomas horrorosos del síndrome premenstrual.

    Toda esta maravilla de la investigación sucedió porque llevo un diario de emociones. Sirve. La información sirve. Echarle humildad y recordar que tus médicos son profesionales que dedicaron añísimos para estudiar (en los cuales se perdieron varios eventos familiares y pasaron muchas noches sin dormir) y luego dedicaron otros muchísimos años dando consulta (y muchas veces poniéndote a ti como prioridad antes que a ellos mismos o a sus familias), así que puedes confiar en ellos… siempre y cuando les ayudes a haciendo tu chamba

    Mucha gente me ha dicho que debería drogarme (recreativamente), tomar, ir a fiestas (no me gustan), tener sexo casual y dejar de estar trabajando/pensando en mi diagnóstico. Que no tengo vida. Que debería relajarme, dejar que la vida fluya, meditar y darme a la ayahuasca. A veces agradezco la buena intención, porque a veces lo dicen con buena intención; la mayor parte de las veces no saben de qué hablan y escupen lo que se les ocurre porque mi vida confronta sus propios hábitos, padezcan o no alguna enfermedad psicoemocional. Por fortuna tengo gente más importante en mi vida a quién escuchar: mi nana, que me cuida cuando estoy mal y me disfruta cuando estoy bien. Steph, que es mi cómplice de enfermedad. Mi Comadre, que me ha enseñado a disfrutar la vida sin caer en los lugares comunes. Mis amigos de Syrup Collective que llevan nomás 5 años confiando en que loca y todo, soy muy capaz de trabajar. Mis colegas de animales, que no me han levantado semáforo rojo por la cantidad de animales con la que vivo y que cuando me paso de idiota me lo recuerdan.

    Busca a esa gente en tu vida. No, no está en el buscador de Google. Ni en el alcohol. Ni en la fiesta. Ni en un churro. Ni en el sexo casual. Te juro que si cierras los ojos y te das chance de revisar tu vida tan objetivamente como te sea posible, descubrirás que lo que necesitas está entre tus manos.

Fases de la luna Margarita Nava

– Pero vas a salir de esta, estoy segura. 

– Vaya, he vivido con esto toda mi vida, no es como si hubiera salida. Se acostumbra uno a vivir así.

– No, pero uno sale de la depresión, uno no se queda ahí. 

– Algunos sí, y otros no. Hay depresiones de las que se entra, se siente que no se puede vivir, y luego, con mucha ayuda, se sale. Yo he tenido tres de esas. Pero además de esas, que se llaman «depresiones clínicas»; tengo distimia, que es depresión crónica pero funcional. 

– ¿JUAT? No chingues, no sabía que había varios tipos de depresión. 

– Chuli, esto es como en la salchichonería: quieres jamón York, de pavo, de pollo, con especias, sin especias pero con nueces, sin sodio pero light pero que sepa a algo… Aquí hay de todo. Porque además, la depre como el perfume, reacciona diferente con cada persona.

 

CHA- LE

 

La verdad es que siempre asumo que quien ha padecido algún cuadro de depresión sabe estas cosas. Y pos no. Un día me voy a tatuar: ASUMIR ES ILEGAL.

 

Tengo amigos que han pasado por periodos jodidísimos de depresión clínica, los he visto romperse en pedacitos cuando salen de la cama luego de 5 o 6 días de no haberlo conseguido. Una de mis hermanas tuvo un episodio catatónico por 40 días… supongo que eso me preparó para acompañar a otras personas después.

Otra cosa que me ha enseñado vivir con enfermedades psicoemocionales y con gente que las padece o ha padecido es que es INDISPENSABLE:

 

  1. Nadie en ningún sitio de internet puede diagnosticarte. NADIE.
  2. Necesitas ayuda profesional. Alguien con cédula médica.

 

Aclarando el asunto, y recordando nomás que yo escribo desde mi experiencia de paciente diagnosticada hace más de una década…

 

La Clínica Mayo (fuente que me ha sido autorizada por médicos de mi confianza), dice de la depresión clínica:

 

La Depresión Clínica puede afectar a personas de cualquier edad, incluso a los niños. Sin embargo, los síntomas de la depresión clínica, si son graves, en general mejoran con asesoramiento psicológico, medicamentos antidepresivos o una combinación de ambas opciones.

Si una persona tiene depresión clínica, debe presentar al menos cinco de los siguientes síntomas, durante un período de dos semanas, la mayor parte del día, casi todos los días. Al menos uno de estos síntomas debe ser ya sea un estado de ánimo depresivo o pérdida del interés o el placer. Los signos y síntomas pueden incluir los siguientes:

  • Estado de ánimo deprimido, como sentirse triste, vacío o con ganas de llorar (en niños y adolescentes, el estado de ánimo deprimido puede manifestarse como irritabilidad constante)
  • Interés considerablemente reducido o imposibilidad de sentir placer por ninguna actividad o por la mayoría de ellas
  • Pérdida de peso considerable cuando no se está a dieta, aumento de peso, disminución o aumento del apetito (en los niños, lo normal es que no puedan aumentar de peso)
  • Insomnio o más deseo de dormir
  • Desasosiego o conducta lenta observados por otros
  • Cansancio o falta de energía
  • Sentimientos de desprecio por uno mismo o culpa excesiva o inadecuada
  • Dificultad para tomar decisiones, para pensar o para concentrarse
  • Pensamientos recurrentes sobre la muerte o el suicidio, o intento de suicidio

Los síntomas deben ser tan intensos que provoquen problemas notables en las relaciones con los demás o en las actividades cotidianas, como el trabajo, la escuela o las actividades sociales. Los síntomas pueden basarse en tus propios sentimientos o en las observaciones de los demás.

 

Ora, saquen una libretita para que vean la diferencia con la Distimia (que es lo yo tengo).

El Trastorno Depresivo Persistente, también llamado Distimia, una forma de depresión continua y a largo plazo (crónica). Es posible que pierdas interés en las actividades normales de la vida cotidiana, que te sientas desesperanzado, que te vuelvas improductivo y que tengas baja autoestima y una sensación general de ineptitud. Estos sentimientos duran años y pueden afectar en gran medida tus relaciones y tu desempeño en la escuela, en el trabajo y en las actividades diarias.

Si tienes trastorno depresivo persistente, es posible que te resulte difícil sentirte optimista incluso en ocasiones felices. Puede que te describan como pesimista o negativo, que crean que te quejas todo el tiempo o que eres incapaz de divertirte. Aunque el trastorno depresivo persistente no es tan grave como la depresión mayor, tu estado de ánimo deprimido actual puede ser leve, moderado o grave.

Debido a la naturaleza crónica del trastorno depresivo persistente, sobrellevar los síntomas de la depresión puede resultar difícil, pero una combinación de sesiones de terapia comunicativa (psicoterapia) y medicamentos puede ser eficaz para tratar esta afección.

 

– Lo que a ti te pasó fue un periodo super horrible donde veías todo negro, un hoyo negro profundo de donde no parabas de caerte.

– Exacto

– Bueno, yo vivo en un palco desde donde lo único que veo es ese hoyo negro.

 

Por eso es menos «peligroso» que yo hable de suicidio, porque básicamente lo he pensado siempre, como una opción práctica para dejar de vivir en gris (en mi caso es una cuestión de ruido, el ruido general de la vida me fastidia a un punto en el que…); se vuelve peligroso si tengo más de una semana pensando en cómo suicidarme. Ahí ya hay que prender los foquitos de alerta porque seguro, ando en depre mayor. Por que sí a los que tenemos Distimia, nos puede dar depre doble. Bien bonito.

 

No puedo recalcar lo importante que es que busques ayuda. Ya sea que tienes alguno de los síntomas de Depresión Clínica o de Distimia o que llevas algún tiempo no sintiéndote completamente tú.

Yo tengo la enorme fortuna de no tener vergüenza (a veces eso es culpa de ser border, a veces es culpa de mi personalidad) y gracias a eso lo hablo y he conseguido ayuda. Por favor, si vas a perder la elegancia, que sea preguntando dónde está el hospital psiquiátrico más cercano, o si tus amigos conocen a algún psiquiatra, o googleando: psicólogos y psiquiatras cerca de mí.

 

Y si no sientes nada de esto, pero te recordó a alguien, por favor, pregúntale, trata de acercarte y entenderle. Insisto (sobre todo porque todo mundo me lo recuerda): yo tengo una facilidad enorme para explicarme pero no todos son como yo y a muchos les da vergüenza hablar de esto. Tu ayuda puede ser la diferencia entre vivir pleno (y sí, con depresión y distimia o cualquier otra cosa, pero aceptándote) a vivir a medias.