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Llevo tres años escribiendo aquí. Llevo tres años curando mis heridas personales usando la única herramienta que sé utilizar bien: escribir. Soy escritora, soy mujer y fui abusada sexualmente muchos años, por mucha gente y NADIE hizo nada. No me cuidan, me violan.

En los años que me ha tomado entender el abuso al que fui sometida he tenido además, que sopesar el daño que la causará a la gente que me quiere y sí me ha cuidado, o mínimo se ha preocupado por mi bienestar sin hacer algo para procurarlo. A esa gente la quiero, a esa gente cuido. Pero también, tengo esta ira contenida, este Hulk que tiene ganas de romper absolutamente todo a su paso porque así estoy por dentro: rota, desde hace mucho tiempo. Porque hubo quienes (no, no fue una sola persona, no pasó una sola vez, y no fueron solo personas conocidas que abusaron, también fueron desconocidos) hubo quienes me rompieron porque se les antojó sentir placer sexual a partir del abuso del poder.

Si yo pudiera enseñarles cómo se ve mi psique, cómo estoy por dentro, cómo es mi decoración de interiores de mi alma, se vería así:

Por sí mismo, cualquier ser humano al nacer es un monumento, es el resumen del trabajo de meses de otro ser humano esforzándose al máximo para producir un ser vivo que no tiene más defectos que aquellos que sean propios de esa fabricación, pero sus emociones están blancas, están inmaculadas, como ese mármol del Ángel de la Independencia estuvo, cuando Don Porfirio lo mandó hacer.

Es la historia la que va manchando ese mármol, y por duro que sea, lo rompe, lo hace poroso, lo agrieta. Cuando alguien más decide que quiere usarlo de banca, cuando le toma fotos, cuando fumas y dejas tu colilla, cuando comes y dejas tus plásticos en él, lo ensucias. También, lo usas y dejas en él historia, como cuando asistes ahí a celebrar tu equipo de futbol masculino anotó goles.

DATO: en una de esas celebraciones, antes de que desarrollara definitivamente mi agorafobia, acompañé a mi novio de la adolescencia. Cargábamos una bandera de México en la multitud. Yo llevaba una falta a las rodillas, tennis, chamarra. Atrás de mí habían muchos hombres, no se sentía cuántas personas eran, pero sí sentí más de 6 manos metiéndose en todos los rincones de mi ropa y de mi cuerpo. No supe qué hacer, me dio vergüenza, me dio culpa ir con falda, me dio angustia gritar que no me tocaran porque todos celebraban. Cuando le dije al novio de la adolescencia se rió. Cuando le dije a mi madre me regañó. Dejé de decirlo. Al salir de aquella celebración, un tipo se acercó y me dijo al oído: “Debe sentirse horrible estar entre tantos hombres que pueden hacer lo que se les de la gana contigo, ¿no? Pinche puta”. Ese tipo tendría no más de 16 años, yo tenía 14. Era 1990.

Esa angel -es mujer, tiene los pechos al aire-, ha visto violaciones, asesinatos, accidentes fatales, se ha caído por los temblores y ha atestiguado cómo se rompe la ciudad varias veces. Puede porque no está vivo, puede por que es un objeto. Puede porque en realidad, NO HA VISTO NADA.

A menos de 5 km a la redonda de esa Victoria Alada fui abusada sexualmente de manera metódica y sistemática durante años. Es decir, fui usada como objeto del placer de otros.

Ser violada puede o no implicar penetración con objetos extraños o con el pene de un hombre o con la mano de una mujer. Puede o no implicar golpes, ser o no amarrada o inmovilizada. Puede o no incluir insultos verbales o escupitajos. La mayor parte de las veces implica simplemente la imposición de alguien a quien la abusada considera autoridad y por ello se inmoviliza. Si fuiste abusada desde niña entonces es mucho más fácil porque cualquier persona con 3 minutos más de vida, sabe más que tú y es autoridad. Y si eres abusada entonces te vuelves blanco de abusadores porque el abuso te condiciona a sentirte siempre vulnerable.

Si estuviera en mi poder, los cuerpos y las mentes de quienes abusaron de mí, estarían pintarrajeados, rotos, quemados, inutilizables pues. Y no puedo hacerlo. Porque ahora que soy más fuerte, esos “monumentos” no existen, o no los recuerdo todos.

Así que gracias a todas. GRACIAS por romper monumentos, por quemar oficinas, por romper vidrios, por arriesgarse al ejercer violencia para ejemplificar lo violentadas que estamos. Gracias por llenarme de glitter el himno nacional, gracias por gritar por mí, gracias por gritar por todas. Gracias, infinitas gracias. Y que le pese a quienes crean que las formas son más importantes que nuestra seguridad, que la blancura de nuestro mármol, que la negrura de nuestro barro, que la pureza de nuestro ser.

Gracias por romperlo todo, porque por mí nadie lo hizo. Porque abusaron de mí y nadie hizo nada. Porque me tuve que cuidar solita desde niña y porque aprendí a hacerlo tanto, que ahora no sé cómo dejarme cuidar porque no confío en nadie para que lo haga, porque no me cuidan, me violan.